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Nostradamus en español

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El mayor pecador de todos los tiempos

Una novela histórica, espiritual y fácil de leer sobre la vida de Nostradamus, famoso vidente del siglo 16.

Después de una infancia feliz, Michel de Nostredame, siendo un joven médico, lucha victoriosamente contra la plaga durante la última etapa de la oscura Edad Media en Francia. Pero luego, una gran tragedia cae sobre su propia familia y destruye su vida totalmente...

Una novela de Eric Mellema



Portado del libro

Translator English Spanish: Silvana Mellino



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© 2006 Eric Mellema
Todos los derechos reservados
Novela no publicada





Agradecimiento a:

Silvana Mellino
Maria-Bonita Kapitany
Jack van Mildert
Liesbeth Gijsbers
Moene Seuntjens
Marleen van Haeren
Ria Adriaensen
Els Pellis
Guus Janssens
Ronald Mengerink
Arthur Hendriks

Un especial agradecimiento a: Trudi Koning



Capítulo 8/12



Capítulo 1



- Brr, ¡qué frío hace aquí!
- Deja de quejarte, Mercurio; sólo treinta y un días hasta que des la vuelta.
- ¿Quién está allí?
- Soy Hermes, tu yo sublime.
- Hermes tu visita es oportuna puesto que esos giros aburridos alrededor de mi órbita me están enloqueciendo.
- Bueno, te informaré, Zeus ha decidido que tu tarea está casi terminada. Sólo debes hacerte carne por un tiempo antes de que vuelvas a brillar.
- ¿Y cómo sabes todo esto?
- Soy el más rápido de la Vía Láctea y me mantengo al tanto de todo, por así decirlo. Además, mi trabajo es transmitir mensajes.
- ¿Cuánto tiempo más tengo?
- Hasta que te alineas con el Sol y la Tierra, así que no por mucho tiempo más.
- Um, por lo menos es un cambio de ser un planeta muerto. Mi única distracción es causar ondas de choque y baños de sol.
- Puede que llegues a extrañar esta simple existencia, mi hermano material, pero por favor ten paciencia sólo un poco más.

Un mes después, un extraordinario nacimiento tuvo lugar en el planeta Tierra. Nació una persona con talentos proféticos sin precedentes. El nacimiento del astrólogo en el pueblo, sucedió a comienzos del Renacimiento, en el pueblo francés de Saint Rémy de Provenza. Las contracciones habían comenzado en una mansión solariega detrás de los puestos del mercado en donde los mercaderes habían estado pregonando sus mercancías durante algún tiempo. Reynière de Nostredame había calculado cuidadosamente la fecha de nacimiento, pero el comienzo del trabajo de parto llegó inesperadamente. Probablemente el pequeño tenía en mente un nacimiento un poco prematuro con el fin de cumplir con la posición óptima de los planetas. Era evidente que el gran tapón mucoso, que cierra el cuello del útero durante el embarazo, se había desprendido. Era la señal que determinaba que el final del embarazo se estaba acercando. Reynière perdió algo de sangre y pidió a su padre, Jean de Saint Rémy que viniera; su padre era el médico de la corte del Buen Rey René, el anterior conde de Provenza. Yacía en la cama, transpiraba y su marido Jacques, quien había ascendido a la categoría de escribano público, entró apresuradamente junto con el padre de ella. Ahora las contracciones se sucedían con frecuencia y eran más dolorosas, hasta, que en un punto crítico, de pronto cesaban. Su padre se veía preocupado y auscultaba el vientre de su hija con un toque profesional. Aliviado, el doctor estableció que el bebé aún sin nacer se estaba moviendo y que Reynière estaba perdiendo líquido amniótico a un ritmo normal. Las contracciones frecuentes regresaron y la membrana se rompió; el trabajo de parto ahora estaba comenzando. Sin prisa pero sin pausa, el cuerpo de Reynière logró una abertura para que el bebé pudiera salir. El cuello del útero, que durante el embarazo se cierra fuertemente, ahora se estaba abriendo en forma gradual. La nueva personita en particular luchaba como si su vida dependiera de eso y la etapa de expulsión fue agotadora. El trabajo de parto tomaría tanto como diez horas. Finalmente, su pequeña cabecita asomó, los ojos críticos bien abiertos captaban el mundo. Jean y Jacques estaban asombrados y se miraron con gran alegría. Luego seguían los hombros, y después el resto del cuerpecito se deslizaba hacia afuera, sin problema alguno.
- ¡Michel! -recibió orgullosamente su madre al pequeñito cascabel húmedo. Jean recogió cuidadosamente al bebé que estaba con un poco de sangre y aún ligado al cordón umbilical, y lo colocó sobre el vientre de su madre. El bebé nació con un casco membranoso*. Michel de Nostredame vino a la vida exactamente el mediodía del 14 de diciembre del año 1503, con las campanas de la iglesia de Saint Rémy fuertemente repicando de fondo. Sus padres rebosaban de alegría con su primer hijo, quien tendría un futuro seguro como católico. Jacques y Reynière eran descendientes de antiguas familias judías, pero varios años antes, todos los judíos habían sido forzados, bajo pena de muerte, a convertirse al Catolicismo. Pero aún se encontraba sobre la mesa un menorah, que simbolizaba la festividad judía de las luces, Hanukah, que se estaba celebrando ese mes. Para estas vacaciones especiales, la tradición era honrada secretamente y Jacques siempre leía del Talmud. Esta vez se dirigía ceremoniosamente a su hijo recién nacido, rodeado de toda su familia, y le contaba que el Talmud relata sobre la maravilla del Hanukah. Michel, seguramente envuelto en pañales de tela, sólo oía algunos sonidos paternales.
Cuando el pequeño, que gateaba y que más tarde caminaba, comenzó a descubrir el mundo, demostró que era un niño muy curioso. Quería investigar todo lo que estaba a la vista y examinar cada objeto. Con entusiasmo se abalanzaba sobre las visitas y a veces jugaba con el cabello de ellas. Con rapidez expandió sus límites hacia el exterior, en donde ignoraba a los otros niños de su edad. Pensaba que jugaban dando vueltas y vueltas sin rumbo. Una vez, apagó el fuego en la chimenea con agua y se sentó allí a mirar las nubes de vapor con gran fascinación. Durante su primera visita al mercado, su talento salió a la luz. La familia pasaba por los puestos que mostraban mercancías. Por su corta estatura, Michel se entretenía con lo que sucedía por debajo de las mesas de madera: restos de pescado, fruta podrida, residuos de sangre, sacos de yute rotos, una rata ocasional masticando cosas y un sin número de pies que se arrastran. Su madre lo vigilaba muy de cerca. La familia De Nostredame se detuvo en un puesto con mercancía de vidrio y quería comprar algo bonito para las vacaciones. En el siglo anterior, sólo se veían vasos de vidrio para beber en la elite social, pero hoy en día el vaso de vidrio se está produciendo en mayor escala, lo cual se hace más accesible económicamente. El entusiasta mercader rápidamente tomó el tazón más delicado entre sus dientes, tratando de impresionar a la joven madre.
- Usted sabe, Señora, los platos de cerámica, madera y lata son funcionales, pero muy feos. Los platos de vidrio son ahora el último grito de la moda. Reynière lo escuchaba alegremente mientras mantenía a su hijo cerca.
- Hay varias clases de copas de vidrio disponibles -continuaba el mercader -. Mire: copas hermosas con pies huecos en forma de embudo y los vasos bajos tipo cáliz con pies altos y elegantes. Detrás de ellos están las copas con forma de cilindro, decoradas con lunares.
- ¿Y qué modelo es este? -ella preguntó.
- Aquellos son Berkenmeiers, Señora, los vasos de vidrio con la copa en forma de embudo y un aro en el pie finamente ribeteado.
El mercader sacó todo de la vitrina porque la familia parecía que tenía dinero para gastar. Jacques pensaba que el ribeteado era bastante lindo.
- Los ribeteados son muy populares -el mercader reiteró inmediatamente -, además de los tazones bajos para beber, los cálamos de coles y los Berkenmeiers, por supuesto.
- ¿Para qué son esos ribetes? -indagó Reynière.
- Los ribetes aseguran un mejor agarre sobre el vidrio.
- ¿Y cuál de ellos se vende más? -preguntó el marido.
- Los de vidrio se venden particularmente bien. Los aparatos para servir, como por ejemplo, las botellas, son muy caras.
Era evidente que el especialista era la única persona en la zona que poseía una gran colección de mercancías de vidrio y con mucho orgullo mostró su botella más hermosa. La familia estaba completamente embelesada por sus productos y Jacques le preguntó al hombre si podía ver la botella mucho más de cerca. El pequeño Michel se había estado comportando de la forma más ejemplar todo este tiempo y estaba pacíficamente mirando las cajas medio llenas debajo de la mesa. Por encima, Jacques tomó la joya de vidrio con torpeza e inmediatamente se le resbaló de las manos. El sonido que se esperaba, sin embargo, no llegó y todos se asustaron y enfocaron su atención por debajo. Allí, su hijo sin esfuerzo había atrapado la tan cara botella. Puso su selló don celestial, luego rápidamente el dueño se la arrebató de sus pequeñas manos. Después de muchas disculpas, la desilusionada familia volvió a casa sin comprar nada. Cuando llegaron allí, el padre, quién se libró de la situación con sólo un susto, estaba lleno de orgullo por su hijo.
El padre posó la educación de su hijo al abuelo. Junto al erudito Jean, el niño estaba en buenas manos. El antiguo astrólogo y medico de la corte, enseñó a su nieto no sólo matemáticas sino también Griego antiguo latín y hebreo además de los preámbulos de astrología. A veces Jean se lo llevaba fuera del pueblo en la noche para poder recostarse sobre el campo y ver las estrellas. Allí, le dijo que se puede ver el cielo del norte mejor en el invierno y el cielo del sur en el verano y que las constelaciones del invierno, como el Can Mayor y el Can Menor, se pueden encontrar fácilmente usando como guía la estrella Orión.
- Cuando sea grande, quiero ser una estrella también -expresó su nieto.
- Es curioso que lo menciones. Estaba pensando en la historia de alguien cuyo castigo es ser puesto en el cielo como una estrella. Se trata de Orión, que estaba persiguiendo a sus siete hermanas, las Pléyades. Las hermanas se sintieron amenazadas por la persecución y oraron por ayuda, lo cual provocó que la diosa de la caza acudiera a su auxilio y matara al hermano con una de las flechas. Luego Orión fue ubicado en el cielo como una estrella. Pero no sé si es posible para la gente que está hecha de carne y hueso también, Michel. Aunque acabo de recordar que algo de eso se menciona en las antiguas escrituras. Así que, ¿quién sabe? A propósito, las Pléyades son visibles a simple vista. Mira, están justo allí-, y Jean estiró su brazo hacia el cielo oscuro.
- Esas estrellas parece que se están tocando entre sí -comentó el niño.
- Sí, se ven de esa manera, pero en realidad están muy lejos una de la otra.
Cuando la primavera llegó, el abuelo le mostró a Michel las estrellas Arcturus, Regulus y la centelleante Spica, las estrellas más brillantes bajo el cielo de primavera, que juntas forman el Triángulo de Primavera. Aquel verano, las estrellas no estaban muy claramente visibles y fue en otoño cuando el abuelo le mostró el caballo alado, Pegasus, el cual es difícil de encontrar a veces, porque está dado vuelta. A través de estas pequeñas excursiones, Michel llegó a conocer las constelaciones y sus padres seguían refunfuñando al ver que su hijo y el abuelo llegaban muy tarde en la noche.
Una noche clara, cuando Jean había llevado a pasear una vez más a su nieto, el tiempo cambió de repente y se tornó sombrío. No podía verse ningún cuerpo celestial y Michel maldijo a las nubes oscuras que se estaban juntando. Es noche el pequeño granuja daba vueltas en la cama, la cual largas cortinas la separaban de otros ambientes para dormir, y no podía dormir. Estaba enojado y decepcionado, cuando de repente, los postigos se abrieron de golpe y un furioso tornado lo tiró de la cama. Logró sostenerse de la repisa de la ventana, con su cuerpo que pendía del lado de afuera. El instinto maternal despertó a Reynière en ese mismo momento, despertó de un sacudón a su marido y juntos corrieron hacia el niño que estaba en peligro de muerte. Juntos los dos jalaron al niño hacia dentro de la habitación y cerraron la ventana fuertemente. Sin darse cuenta realmente de lo que había sucedido, volvieron a dormirse y en poco tiempo después, la ventana se abrió de golpe una vez más. Nuevamente el remolino dirigió su energía hacia el niño superdotado, con una furia envolvente, pero sus padres estaban allí a un paso y vencieron a la catástrofe antes de que lo succionara y se lo llevara. Aseguraron las persianas con clavos y las cerraron permanentemente. Esta fue una lección que su hijo jamás olvidaría. Resolvió no maldecir más a nada ni a nadie.
Un día llegó un mensaje de Pierre de Nostredame, el abuelo paterno de Michel. Pierre y su esposa vivían en Grasse e invitaron a toda la familia a quedarse con ellos por unas semanas. Pierre había sido también médico de la corte, al servicio del hijo del Buen Rey René. Después de que asesinaran a su paciente en Barcelona, Pierre se estableció en la metrópoli de la fragancia, aún en desarrollo. Jacques y Reynière decidieron aceptar la invitación. Debían realizarse muchos preparativos para el viaje, porque Grasse no estaba exactamente a la vuelta de la esquina y habían tenido cuatro hijos más a lo largo de los años: todos varones. Un ama de casa muy ocupada. Semanas después, estaban listos y todos subieron al carruaje alquilado y jalado por un conjunto de caballos. Papá, mamá y los tres hijos. Jean se quedó en casa con los dos más chicos. Después de unos días, llegaron a Cannes y desde allí un camino los condujo tierra adentro hacia Grasse. El paisaje estaba rodeado de todos lados por colinas cubiertas de árboles exuberantes que los invitaba a tomar un descanso. Habría sido mejor si no lo hubieran hecho, porque el pequeño Héctor desapareció inmediatamente y les llevó tres horas encontrarlo en una grieta en las rocas. ¿Y adivinen quién lo encontró? Por supuesto: ¡Michel! Héctor recibió un bofetón y continuaron su camino. Detrás de ellas, aún podían vislumbrar esporádicamente el Mar Mediterráneo. No había muchas flores floreciendo en la región perfume. El verano estaba llegando a su fin y las abejas estaban buscando la última miel. Finalmente, vieron Grasse, situado contra la ladera de la montaña, rodeado de campos que sólo despliegan sus flores nuevamente en la primavera. Cuando entraron al acaudalado pueblo comerciante, los niños estaban entusiasmados por toda la vista. Había toda clase de curtiduría, la cual, su padre les contó, solía esparcir un olor nauseabundo no hace mucho tiempo. Con el fin de hacer desvanecer el olor penetrante del cuero, a la gente de Grasse se le ocurrió saturar el cuero con una mezcla de grasas animales y flores. La necesidad aguza el ingenio y de esta manera, los bolsos, los guantes y los cinturones perfumados se convirtieron en un verdadero grito de la moda.
El carruaje se movía laboriosamente dando tumbos, pasó por muchos negocios con exposición de mercancías de cuero, pero finalmente llegaron a Place aux Aires, en donde vivían los abuelos. Bertrand abrió apasionadamente las puertas del carruaje de un golpe para salir lo más pronto posible y comenzar a hacer barullo, pero su padre lo detuvo.
- Primero saludarás a los abuelos, jovencito -dijo. Mientras tanto, Pierre venía caminando, bamboleándose e inmediatamente comenzó a arrastrar las maletas. A pesar de su avanzada edad era muy vigoroso y aún trabajaba para la agrupación de médicos. Después de darle un beso al abuelo, los tres hermanos salieron corriendo hacia la ciudad perfectamente desconocida pero tan atrayente con gran éxtasis.
- Sólo déjalos jugar por un rato -expresó Reynière, cansada, a su marido- eso nos dará un momento para desempacar en paz-. Los niños, entretanto, iban de un lado a otro y pasaron por muchos perfumistas, calderas de jabón, destiladores y otros mercaderes. Grasse era un pueblo deslumbrante pero también muy sucio y las cloacas abiertas apenas podían con las montañas de desperdicios. Sin embargo, el aroma de las calles era maravilloso. Por todos lados había cajas, bolsos y globos llenos de flores de agua, aceites, vino, jabón de lavanda, hierbas y cuero aromatizado. Michel de once años se encontró a sí mismo en un paraíso virtual para los sentidos y pronto quedó encantado con un aroma específico que lo arrastró hacia el callejón.
- ¿A dónde vas ahora? -Bertrand y Héctor preguntaron sorprendidos. Pero Michel no respondió y siguió por el camino angosto hacia una arcada que conducía a las afueras del pueblo. Por debajo del arco de piedra se detuvo por un momento, cerró sus ojos y sintió el aroma. Aquí, el aroma era más fuerte. Profundamente inhaló el olor peculiar, el cual era dulce y oscuro a la vez. Luego de unos pocos minutos regresó, satisfecho y encontró a sus hermanos jugando en la plaza.
Los días se pasaron volando en este pueblo fantástico y mañana tendría una emoción extra: iban a visitar una perfumería muy conocida. El abuelo Pierre era amigo de Amalfi, el propietario de la fábrica. Ella le había prometido a él que su familia podía hacer una visita.
Esa mañana, fueron entre los compradores potenciales quienes habían venido de todas partes y Amalfi personalmente les ofreció una visita guiada. Toda la gente distinguida vio que Héctor se hurgaba la nariz ampulosamente y que el padre lo reprendía. Entretanto, Amalfi les contaba a todos sobre la famosa línea de fragancias.
- Esos frascos azul celestes contienen varios tipos de agua de colonia y Soliflores para las mujeres-. Luego de la presentación, el grupo se dirigió hacia la próxima mesa, mientras que el otro hijo comenzaba a causar problemas. Bertrand trataba de abrir los frascos a escondidas
- No toques esos, Bertrand, -le advirtió su padre. La señora afortunadamente no se dio cuenta y continuó.
- Las Soliflores son fragancias hechas de un sólo tipo de flor, planta o fruta-. Después de una lista de detalles de la colección, los invitados la siguieron al otro recinto, en donde se encontraban los aparatos ingeniosos.
- Estas son nuestros alambiques de destilación. Los árabes desarrollaron la destilación-. Mientras escuchaban atentamente, Michel y su abuelo oían que Héctor se quejaba con su madre por la necesidad de ira a hacer pis. Distrajo a la propietaria de la fábrica de su historia y tosió agitadamente.
- Está bien, ve afuera rápidamente, pero ¡en silencio! -Reynière le encomendó a su hijo.
- El jazmín viene originariamente de la India y los marineros españoles introdujeron la flor en Grasse por el norte de África no hace mucho tiempo. Maître Gantier logró conseguir un monopolio sobre eso, -continuó la señora.
- Esta es una buena oportunidad para comprar un perfume, -le susurró Reynière a su marido. Jacques aceptó sin darse cuenta porque estaba completamente absorto en el cuidado de los pequeños. Afortunadamente, estaban dando vueltas alrededor de Pierre y por el momento se estaban comportando bien. Papá incluso pudo captar la última parte de la historia.
- Cuando lo comparo con el jazmín del extranjero, siempre me doy cuenta de que el jazmín en Grasse tiene más profundidad y volumen. Ah, podría contarles mucho más sobre nuestra perfumería, pero llegó el momento de terminar la visita. ¿Alguna pregunta o comentario?
Inesperadamente, Michel se acercó con gallardía y preguntó si podía decir unas palabras. El padre comenzaba a tener dolor de cabeza por la conducta imprevisible de los chicos, en tanto que la señora Amalfi fue muy encantadora con la solicitud infantil y aceptó. El corazón de Michel comenzó a latir más rápido. El pequeño profeta cuadró sus hombros y con gran fuerza pronunció su primera profecía.
- Algún día, esta perfumería será muy famosa. Esto se deberá a un estudiante concón un olfato excepcionalmente bueno. Su nombre es Montesquieu y producirá tres fragancias sorprendentes. En la cúspide de su carrera, creará un perfume bizarro para el mismo con el aroma de los cadáveres de jovencitas recientemente asesinadas. Después de su muerte, el éxito decaerá.
Con esto, el preadolescente finalizó su alocución y regresó junto a sus padres con dignidad. Todos se quedaron mudos de asombro e incluso Amalfi no sabía cómo responder. Jacques decidió no reprender a su hijo porque el muchacho había seguido todas las reglas de conducta apropiada. Nadie volvió a mencionar la oscura profecía otra vez; no lograron entenderlo. Un poco avergonzado por el comportamiento de su extraño nieto, Pierre agradeció a la propietaria por el paseo fascinante y la familia regresó a casa. Las vacaciones pronto llegaron a su fin.
El abuelo Jean estaba muy feliz con su regreso, en particular por Michel, con quién había desarrollado un lazo especial. Cuando el carruaje entró en la calle, la Rue des Remparts, los dos inmediatamente se miraron a los ojos. Héctor y Bertrand estaban muertos de cansancio por el largo viaje y se fueron directo a la cama, pero Michel aún estaba emocionado por su actuación. Impacientemente, habló sobre su singular profecía y sus ganas de comentarlo con su abuelo. El extraño aroma en Grasse había despertado algo en él, informó el pre adolescente. Jean lo tomó muy en serio y le sugirió compartir todos sus conocimientos de astrología con él, pero ahora debía irse a la cama. Llevó horas antes de que la chispa de su mente disminuyera y finalmente se durmió.
Unos meses después, el abuelo encontró un momento apropiado para ampliar la educación de su nieto mayor en astrología. Decidió contarle todos los pormenores de eso y lo llevó al ático. Este era su dominio personal y nadie tenía permitido merodear allí si no era invitado. En particular los chicos, porque tenía miedo de que sus delicados instrumentos se dañasen o que sus papeles se perdieran. Desde su sillón el abuelo le contaba a Michel que había logrado recoger una pieza de equipamiento ingeniosa en parís hace un tiempo atrás. Consistía de dos lentes lustrados en un caño, a través del cual se podía ver muy lejos.
- Gracias a este invento, un mundo todo nuevo se abrió para mí -comentaba- y en mi opinión, ahora tienes la edad suficiente para entrar en este mundo. Preveo un gran futuro para ti. Tienes capacidades mentales excepcionales y es por eso que ahora yo voy a contarte todo lo que sé sobre astrología. Hasta ahora jamás he permitido que alguien estuviera en esta habitación sin supervisión, pero para ti hago una excepción. Por la presente te concedo permiso para usar todos mis instrumentos y libros en cualquier momento que desees -. Su abuelo sacó un objeto grande debajo de una manta polvorienta.
- Usando este catalejo, jovencito, puedes ver los planetas tan cerca que parece que estuvieras justo allí. Pero primero, te daré algo de teoría antes de que exploremos los cielos -. Su nieto miraba el aparato fascinante con ojos como platos.
- La astrología busca la relación entre los acontecimientos en el cosmos, en la tierra y en los humanos. ¿Pero no hemos hablado de esto antes?
- No -respondió Michel moviendo su cabeza.
- Mi memoria no es lo que solía ser, mi muchacho. A través de esta investigación podemos usar información sobre un momento para trazar una serie de sucesos que lo siguen. En otras palabras: podemos predecir el futuro a partir de esto. Esto es mucho más difícil de lo que parece. Desde tiempos inmemoriales se ha aceptado que el Sol, la Luna y los planetas influyen en nuestras vidas aquí en la Tierra-. El abuelo se levantó nuevamente, abrió la persiana del ático y ubicó el catalejo sobre una base.
- Ven y párate aquí. El sol se acaba de ocultar y probablemente podremos ver varios planetas. Permíteme ver si… ¡Allí está! Mira Michel, aproximadamente una mano por encima de los últimos rayos del sol: Mercurio, el planeta del intelecto y las capacidades mentales -. Su nieto miró por el aparato y descubrió un planeta rosa que centelleaba.
Jean continuó -. Como sabes, la Tierra rota alrededor del Sol en un año y no al revés como reclama la Iglesia. También insisten aún en que la Tierra es plana y en que te puedes caer de ella. ¡Tonterías! Es que prefieren mantener a sus seguidores ignorantes.
- ¿Pero el Sol también no hace un círculo cada año?
- Sí, pero no alrededor de la Tierra, sino a lo largo de varios grupos de estrellas. Esos grupos todos juntos se denominan el Zodíaco. Por ejemplo, se encuentra Géminis, Aries, Tauro, etcétera.
- Yo soy Sagitario.
- Es innegable, mi muchacho, pero llevará algún tiempo antes de que el Sol pase por allí, porque actualmente no estamos viviendo en el era de Sagitario-. El abuelo miró por el catalejo nuevamente y continuó su relato.
- Mercurio siempre está cerca del Sol y por esa razón no siempre se puede ver claramente, pero esta noche tenemos suerte -, le pasó el aparato al niño.
- Aquel planeta no es fascinante -comentó Michel, mientras miraba a través de las lentes.
- Bueno, deberías ver la Luna -. Y Jean serenamente miró hacia el cuerpo celestial en la bóveda celeste sin una nube. El amor entre el abuelo y su nieto era genuino. Quizás porque se parecían muchísimo. Los dos tenían los mismos intereses y los dos eran de complexión delgada. Sólo que el más jovencito aún tenía una vida entera por delante y era obvio que el abuelo no.
- Esto es lo que tú quieres ver -dijo Jean y dio un paso al costado.
- ¡Ah! -exclamó Michel y miraba con asombro a la gigantesca Luna, llena de cráteres, montañas y grietas.
- Alguien está caminando por allí, abuelo.
- Ja, ja, qué gracioso. Aún cuando fuera posible, está demasiado lejos para poder ver tales detalles.
- En verdad lo veo -insistió el muchacho -. Está poniendo una bandera con rayas rojas y blancas y estrellas-. Jean hizo un gesto de incredulidad y tomó el catalejo. Estaba su Luna familiar, demasiado lejos para poder ver a un a persona.
- No veo lo que tú ves, Michel.
- ¿Quizá sea algo que pasará en el futuro?
- Todo es posible, mi muchacho, pero yo sólo puedo hablar de temas que conozco. Aún quería explicarte cómo preparar un horóscopo-. Dejaron en paz a los cielos y se sentaron en la cama.
- Para calcular un horóscopo, necesitas una cantidad de datos, concretamente fecha, tiempo y lugar de tu nacimiento, pero lo más importante es la fecha de tu nacimiento. Permíteme mostrarte tu propio horóscopo como ejemplo -. El abuelo miró el cajón de su escritorio y sacó un pedazo de papel cubierto con símbolos extraños.
- ¿Es eso mío?
- Déjame ver, nacido en Saint Remy el 12 de diciembre de 1503. Sí, es tuyo.
- En realidad es el 14.
- ¿El 14? Debo haberlo escrito mal en la parte de arriba, porque siempre verifico todas tres veces. Debe ser la vejez -. El abuelo se disculpó.
- En cualquiera de los casos, tienes un horóscopo fuertemente cargado con tres planetas exteriores: Marte, Júpiter y Saturno. Por esta configuración feroz, necesitarás disciplina de hierro para controlar tu poder creativo. Si no tienes éxito en esto, el poder se tronará destructivo.
- ¿Quieres decir, como Sansón, que provocó el colapso de un templo completo?
- Um, esa no es una buena comparación. En todo caso, tendrás que aprender a canalizar tu energía. Y siempre recuerda, que en cada persona existe tanto la bondad como al maldad-. Luego Jean volvió la atención del niño hacia el horóscopo.
- Esta imagen aquí muestra las doce casas y… Pero su voz de repente se quebró.
- Estoy cansado -respiró con dificultad-, pero si tú quieres aprender más, todo está descripto en ese enorme volumen allí -y señaló hacia la biblioteca. El abuelo no estaba más disponible.
A medida que pasaba el tiempo, Jean y Michel estaban cada vez más unidos. A menudo pasaban el día entero en un viejo convento* que se encontraba oculto a unos kilómetros al sur de Saint Rémy. Pasaban horas leyendo las biblias originales. Michel aprendió, por encima de todo, a orar al Dios Cristiano y sin esfuerzo siguió las Escrituras Católicas, a pesar de su ascendencia judía. Después de todo, es el mismo Dios del Viejo Testamento, pensó. Jean siempre tarareaba mientras oraba, por lo menos cuando nadie estaba alrededor. Desde el priorato, cuando el tiempo era lindo, hurgaban en los campos de lavando de alrededor, en donde había encontrado una estructura misteriosa tipo pirámide medio hundida. Su instruido abuelo no pudo expresar comentario alguno sobre nada de eso.
- Desde la época de la antigua Grecia -comentaba sobre la estructura mientras que al mismo tiempo era una excusa para descansar. Michel, por el contrario, estaba lleno de energía y se fue a explorar la zona mientras Jean tomaba su acostumbrada siesta. Un día, el niño regresó con mucha emoción.
- En un caminito por allí, hay todo tipo de agujeros cortados a tajos de los acantilados, abuelo. ¡Ven a verlo! -. Pero Jean se quedó tranquilamente en donde estaba y con serenidad le explicó que hace mucho tiempo, los pastores de cabras habían hecho esos agujeros para sus cabras con el fin de protegerlas de los predadores. Evidentemente, el los había descubierto antes. Una vez, apenas pudo levantarse y Michel tuvo que literalmente arrastrarlo hasta la casa.
Durante la adolescencia, el jovencito comenzó a salir con chicas y esta fue una buena oportunidad que tuvo su mentor para hablar del matrimonio de dos almas. Explicó cómo las almas masculinas y femeninas pueden unirse y cómo el principio masculino/femenino está representado por todas partes en el universo.
- ¿Quieres decir que también hay planetas masculinos y femeninos? -inquirió Michel.
- Los planetas son, en principio, todos femeninos. Es por eso que a nuestro planeta se lo denomina Madre Tierra, -respondió Jean.
- ¿Y tenemos nosotros los hombres algo qué decir, en el cosmos?
- Bueno, las estrellas son masculinas, en contraste con el polvo y la oscuridad, las cuales son femeninas. Dichas polaridades eternas son también la esencia de la alquimia.
El muchacho pasó la mayor parte de su infancia al aire libre junto con su abuelo y su padres no vieron mucho a su hijo que crecía rápidamente. Sólo se reunían en las comidas. No fue solo culpa de Michel y Jean el que se vieran poco; Jacques trabajaba todo el día en el estudio contable y Reynière, además de su trabajo de ama de casa, estaba muy ocupada con los más pequeños. Antoine de siete años era un caso particularmente desafiante porque siempre demostraba u un comportamiento recalcitrante. En cuanto al resto, Michel se llevaba bien con todos sus hermanitos, pero ¿jugar con ellos? No, no hubo mucha oportunidad de eso.
Las estaciones pasaron volando muy placenteramente, hasta a aquel triste día. Encontraron al querido abuelo en su habitación. Había muerto de vejez. Michel lo había estado observando deteriorarse por un tiempo y sabía que el final estaba cerca. Sin embargo, fue un hecho devastador.
Lloviznaba el día del funeral de Jean de Saint Rémy. Se turnaban para mantener la vigilia junto al cuerpo en la casa, hasta que lo sacaron para los servicios funerarios. Todos los miembros de la familia estaban allí. El viejo Pierre y su esposa habían venido hasta aquí desde Grasse, al igual que las tres hermanas de Jean y lo primos desde Marsella. El servicio de oración católico tuvo lugar en la iglesia de Selongey. Las familias caminaron hasta la iglesia en donde habían ubicado el ataúd. Los abuelos de Michel fueron caminando tan lentamente que tuvieron mucho tiempo para cuidadosamente observar las lindas casa con torrecillas en el Place des Halles. Finalmente llegaron a la iglesia en donde muchos amigos y conocidos se habían reunido. En la entrada, un hombre grandote con cabello rojizo accidentalmente chocó con Michel. Sus zapatos estaban cubiertos de pintura. Evidentemente no era una persona invitada, pero quería entrar. Michel no le prestó atención alguna y la procesión del funeral lentamente se movía a través de la puerta con el imponente arco redondeado. Jacques y Reynière fueron los primeros en pasar por una hilera de columnas en la iglesia y los siguieron Michel y sus cuatro hermanos en orden cronológico. La emoción invadió a Reynière y derramaba una lágrima por su padre de vez en cuando. El público estaba sentado en bancos de madera en la capilla principal en donde el ataúd fue ubicado en el centro. La iglesia de Selongey tenía varas capillas, las cuales estaban todas iluminadas por ventanas con divisiones de color rojo sangre. Muy en lo alto había una pintura de un apóstol. La última visita había encontrado un lugar y el Cura Bergé, que tenía puesto algo rojo desteñido que le cubría los hombros, empezó el sermón. El servicio funerario, como todos sabían, apuntaba a la purificación y el descanso eterno del alma del difunto.
- Cuando alguien fallece, esto significa que irrevocablemente ha tomado la decisión de partir de este mundo. Esta persona estará entonces con Dios. Este no es un final, sino un nuevo comienzo. Aquellos quienes han vivido bien su vida irán al cielo y aquellos quienes han pecado en sus vidas irán al infierno. La transición de la vida a la muerte a veces no es un pasaje armonioso. Pero el Señor nos protege a todos nosotros porque comprende las vidas complicadas de los humanos y acepta a todos tal cual son -. El Cura entonces torpemente hojeó su biblia desde su lugar detrás del atril y comenzó a leer un párrafo largo en interminable en latín. Michel miró alrededor y reconoció la fuente de metal con agua bendita, una torre de iglesia dada vuelta, en la cual uno de sus amigos una vez casi se había ahogado. Las velas se encendían por todas partes; había tantas que hasta estaba iluminada la tumba del fundador de la iglesia en la capilla del frente. Su imagen grabada se veía en la entrada. Hace tiempo que Jean había logrado interesar a su nieto en arte y cultura y juntos habían visitado la iglesia de Selongey varias veces. Michel conocía bien el interior y hubiera preferido examinar los murales antes que tener que escuchar el zumbido de la voz de Bergé. ¡O la cripta blindada en la sacristía! Por supuesto, no pudo. Aunque sabía que estaría perfectamente bien para su abuelo. "La vida antes de la muerte", siempre había dicho. Finalmente, el sirviente de Dios elogió al difunto por su caridad, en francés común y las visitas se sentaron derechos nuevamente. Michel vio al que toca las campanas, que tenía dificultad para oír, levantarse. Se moría por llegar a sus cuarenta y ocho camparas de la iglesia y hacerlas repicar y comenzó a subir las escaleras en la torrecilla. Entre tanto, el cura rociaba sobre el difunto agua bendita y lo perfumaba con incienso. Esto era para indicar que el cuerpo del difunto estaba en un estado de santidad ante Dios. El acólito pronunció algunas oraciones más pidiendo por el perdón de los pecados de Jean. Después de los himnos, el cura y sus ayudantes salieron de la iglesia y los portadores del féretro lo siguieron con el ataúd. Todos se unieron y caminaron detrás de él. Las campanas de la iglesia repicaban y todos se acercaban al cementerio en silencio. Familia, amigos y las otras personas interesadas que se habían unido, se reunieron alrededor de la tumba que había sido preparada y los portadores del féretro lentamente bajaron el ataúd allí dentro. Reynière rápidamente puso algunas flores sobre la tapa del ataúd antes que el cura, quien estaba parado a la cabeza, silenciosamente bendijo la tumba y rezó un "Padre Nuestro". Después de que terminara la oración, arrojó una pequeña cantidad de tierra por sobre el ataúd, con estas palabras: "Tierra a la tierra; cenizas a las cenizas, polvo al polvo". Luego todos se despidieron del jovial Jean y le agregaban su propia porción de tierra por sobre el ataúd y Michel observaba desaparecer lentamente a su difunto amigo. Finalmente, Jacques agradeció a todos los presentes por sus condolencias y la familia tristemente regresó a casa.
Después del período de luto, Michel y su madre visitaron el lugar sagrado del abuelo en el ático. Aún con tristeza, Reynière abrió las persianas para dejara que la luz entre a la habitación y luego tomó un inventario de la propiedad. Las memorias se amontonaban y su hijo miraba fijo, como si no estuviera viendo, por la ventana del ático un rato, con depresión.
"El ático está tan sin vida y desolado ahora", rezongaba, cuando uno de los hijos llamó inesperadamente a su madre escaleras abajo.
- Regreso enseguida, Michel -, y lo dejó allí, sólo. Desde la ventana del ático tenía una hermosa vista del pueblo. Vislumbró una nueva casa a medio kilómetro aproximadamente que había sido construida sin que él lo notara. Una de sus ventanas se abrió; era de vidrio. Inaudito, pero estaba demasiado lejos para verlo muy bien.
"Ya sé, puedo usar el catalejo del abuelo", de repente se dio cuenta y pronto pudo ver cada rincón de la casa. Luego el joven no pudo resistir a la tentación de espiar. Vio a un hombre alto con cabello corto y oscuro, que estaba trabajando apasionadamente en una pintura.
"¿Por qué alguien imitaría a los girasoles?" Michel se preguntaba sorprendido. La persona desconocida estaba parada en frente de una lona y repetidamente sumergía el pincel en al pintura. En un punto, tomó otro pincel que usaba para pintar detalles más finos y nuevamente observo detenidamente a los girasoles verdaderos, que tenían un arreglo descuidado sobre una mesa detrás. De repente, el artista se sintió como si lo estuviesen observando y se dio vuelta con un sobresalto. El mirón se asustó muchísimo, se sintió atrapado, aunque pensó que no podía ser visto. Sin embargo, parecía como si el extraño lo estuviera observando a él, aunque con una mirada amistosa. Sólo fue en ese momento en que Michel se dio cuenta de que esto era otra mirada del futuro. El otro mundo se disolvió casi instantáneamente después de esto. También la casa desapareció por completo.
"Qué mal; no tengo a nadie con quien compartir mi soñar despierto", pensó con tristeza.




Capítulo 2



Unos meses después, Michel, quien ya tenía dieciséis, fue a Aviñón para estudiar astrología. Sus padres le habían dado permiso para emprender esta elección inusual para sus estudios universitarios a regañadientes. Aviñón estaba sólo a treinta y dos kilómetros de Saint Rémy, así que fácilmente podía visitar a sus padres y hermanos. Aviñón era una ciudad muy importante porque allí se encontraba situado el Palacio Papal. Desde 1304 en adelante, hubo una serie de papas franceses y estos líderes religiosos se fueron todos a vivir a Aviñón porque su oportunidad de supervivencia en Roma no era fantástica. La ciudad francesa y sus alrededores habían sido propiedad papal desde entonces. Jacques se había enterado de un cliente que la Sra. Plombier, cuyo marido había muerto de la plaga en los seis meses anteriores, se mudaba a Aviñón con sus hijas para vivir con sus parientes. Michel podría aprovechar el transporte, siempre y cuando ayudara a la viuda con el mobiliario. Eso no era problema alguno para él y establecieron una fecha. La Sra. Plombier había estado limpiando la casa esa última semana y todas sus posesiones estaban empacadas y esperando por el joven amigo viajero. Michel golpeó a su puerta el día de la partida y comenzó a cargar el viejo y destartalado carromato de acuerdo con las instrucciones. Con la ayuda de los vecinos que inesperadamente también se arremangaron, el mobiliario completo se cargó rápidamente. La señora luego tomó su lugar en el asiento del conductor y, con las dos niñas, partieron hacia Rue des Remparts, para que sus compañero pudiera despedirse de su familia. Todos estaban esperando ansiosamente, mientras la viuda, quien no tenía mucha experiencia, detuvo a los caballos. Michel saltó del carromato y abrazó a su padre y a su madre. Su madre se veía muy triste.
- Parece como si despedirse se tornara algo habitual.
Reynière lloraba una vez más y sus lágrimas caían por su hermoso rostro.
- Vendré a visitarlos pronto -prometió su hijo.
- Más te vale -expresó su padre, quien le dio un abrazo. Cuando el nuevo estudiante se había despedido de sus hermanos también, era tiempo de partir. Todos saludaron hasta que el caballo y el carromato habían desaparecido de la vista. No muy lejos de Saint Rémy comenzó a llover. La lluvia estaba cayendo a cántaros y oscureció tan rápidamente que daba miedo. La conductora femenina, afortunadamente, estaba preparada para la lluvia y con la ayuda de Michel extendieron una lona por encima de la carreta. Cuando el rayo cayó, el caballo se puso inquieto y la viuda mantuvo el control del caballo con gran dificultad. Sus hijas, de cinco y siete, estaban agachadas bien debajo de la lona. Pronto el camino se tornó apenas accesible al paso por la abundante cantidad de lluvia y parecía que estarían en problemas. A la mitad del viaje pudieron ver fuegos aterrorizantes en ambos lados del camino. Cuerpos estaban siendo quemados. La plaga, el mayor desastre en al historia de la humanidad había hecho pagar su precio una vez más y la horrible enfermedad se extendió por toda Europa. La Señora ya sabía, como ningún otro, para qué eran esos fuegos. No hace mucho su marido había sido incinerado para evitar la propagación de la plaga. Pero ella se mantuvo con valentía y siguió conduciendo la carreta. De pronto, oyeron gritar en la distancia, parecía que alguien estaba pidiendo ayuda. Decidieron ignorarlo y seguir adelante. Seguía lloviendo implacablemente, lo cual es raro, y para colmo de males, un viento feroz comenzó a bramar. El caballo apenas podía lograr que la carreta se moviera hacia adelante y continuamente se resbalaba en el barro. Se estaba cansando y cada metro era una victoria. Gradualmente, comenzó una tormenta violenta y había ramas y matas volando por el camino.
- Infierno y maldición -rara vez se la podía oír decirlo a sí misma. Tuvieron que parar muchas veces y luego Michel quitaba los escombros del camino. Después de muchas horas de tiempo horroroso, llegaron a la región papal. Estaban agotados y completamente empapados. Se debía enfrentar un obstáculo más: cruzar el río Rhône. Con un fuerte viento en contra, llegaron al famoso puente de Aviñón. Hasta aquí, la Sra. Plombier y su compañero de viaje se habían turnado para conducir, pero una vez que llegaron al puente, en donde el viento era peligrosamente poderoso, la viuda prefirió mantener el control de las riendas ella misma. Estaba a punto de animar al caballo para cruzar las aguas embravecidas, cuando de pronto Michel gritó: "¡Deténgase!" Inmediatamente jaló fuerte de las riendas lo cual provocó que el caballo relinchara y la carreta se detuviera abruptamente. La niña más jovencita comenzó a llorar y su hermana trató de consolarla.
- ¿Qué diablos es lo que pasa? -la madre de las niñas preguntó con estupefacción. De Nostredame no dijo palabra alguna, saltó de la carreta y aterrizó en el lodo. Luego caminó lenta y pesadamente sin miedo por la tormenta hacia el puente, con su larga capa que se agitaba con el viento. Cuando llegó a la piedra conectora, se detuvo por un momento, sus ojos en el camino. Sintió cómo el río enormemente crecido corría por los pilotes y regresó otra vez.
- ¿Qué se trae entre manos? -preguntó Plombier.
- Tenemos que descargar todas las cosas de la carreta -respondió, apenas se oía a través del viento volátil.
- ¿Está loco? -Michel se subió al asiento del conductor y él mismo explicó.
- ¡El puente está por colapsarse!
- Idiota, las carretas lo han cruzado durante años -dijo con indignación. El estudiante salto del la carreta en protesta y se sentó en el lodo con sus brazos cruzados. Tras una breve deliberación, ella decidió que valía la pena obedecer.
- Está bien, siempre y cuando este dispuesto a hacer el trabajo -ella le exigió, e inmediatamente el jovencito comenzó a arrastrar las maletas hacia el otro lado. Entretanto la madre retiró a sus niños de debajo de la lona y sujetadas fuertemente siguieron al extraño compañero de viaje. Del otro lado del río la pequeña familia buscaba refugio al lado de un acantilado, mientras Michel regresaba al caballo y la carreta. Cuando, luego de mucho caminar lenta y pesadamente, había traído todas las pertenencias, ató una larga soga al caballo y caminó hacia el puente con el. Por encima de ellos, nubes amenazadoras pasaban rápidamente y el caballo se negaba a seguir. Michel lo estimulaba con jalones firmes. Vacilante, el caballo asustado dio un paso hacia adelante y la carreta lentamente comenzó a moverse. Se acercaron al viejo puente, el cual se veía totalmente sólido y no mostraba ninguna señal de defecto, y el estudiante logró que el caballo y la carreta cruzaran el puente. Tras el muy suave cruce, la señora puso cara de pocos amigos y se negó a dirigirle otra palabra a él. Después de volver a cargar la carreta, el viaje continuó. Finalmente, se estaban acercando a la gran ciudad. Llegaron antes de la puesta de sol y no mucho tiempo después estaban sentados calentitos y seguros frente al chisporroteo del fuego con la familia Plombier. Luego de una buena comida y un buen sueño, sus caminos se dividirían. El joven expresó su agradecimiento por la hospitalidad y cargando sus cosas, comenzó a caminar hacia la universidad. En el centro de la ciudad, el alcalde estaba anunciando las últimas novedades y el estudiante se unió a la multitud reunida que se estaba acercando. El orador desenrolló en forma teatral un pergamino.
Comenzó: "El puente de Aviñón ha colapsado. Siete personas murieron esta noche. El puente fue una vez destruido, en 1226. Como pueden ver, el Señor no desea que el puente esté aquí. El constructor de nuestro puente, Bénézet, de antaño ha sido erróneamente declarado un santo". Ahora estaba completamente lleno de gente y muchas de ellas bloquearon la visión de Michel, pero había oído suficiente y se alejó.
Una atmósfera cruda invadió Aviñón, cuya historia comenzó en el acantilado al lado del río. La ciudad, una vez el centro de una tribu celta, odiaba a los visitantes. Su abuelo solía hablar de la inclemencia de los aviñonenses, hace mucho tiempo. -En París discuten, en Aviñón te clavan un cuchillo -había dicho. Aviñón se encontraba situada en la muy conocida Via Agrippa, el camino principal entre Cologne, Lyon y Arles. En el Parc des Papes Michel se sentó en un banco del parque para tranquilizar a su mente. Se concentró en los viejos robles en frente de la universidad, antes de su iniciación allí dentro. El estudiante de primer año había estado teniendo muchos sueños últimamente y a veces no podía diferenciar más los sueños de la vida real. Debería encontrar alguna cética para crear claridad en esto. Quizá su estudio de astrología le daría la ayuda que buscaba. Después de su pequeña autocomplacencia y de mucho pensar en sus problemas, fue a conocer a sus profesores y bajo su asesoramiento se mudó a una pequeña habitación en la Rue St-Agricol, una callecita no muy lejana. Desde ese día en adelante, caminaba hacia el edificio de la universidad todos los días por la zona pobre, caracterizada por problemas sociales. Desde Rocher des Doms él había podido planear la ciudad bastante bien. El Rocher des Doms era el acantilado que sobresalía por encima de todo y desde el cual la ciudad era fácil de explorar. Michel generalmente prefería pasearse por las grandes avenidas porque allí él podía cavilar mejor sobre sus estudios. Se llevaba bien con una cantidad de estudiantes, aunque rápidamente estaban celosos del joven extremadamente inteligente. En la universidad esotérica acumuló conocimiento útil durante los primeros meses. Aprendió que el hombre posee varios cuerpos, un total de siete: el cuerpo físico, el cuerpo vital, el cuerpo astral y el cuerpo mental y, en un nivel superior, el cuerpo causal, el cuerpo Búdhico y el cuerpo Atman. Le enseñaron que estos representan a los siete niveles de conciencia y que los planetas y las estrellas también están compuestos de ellos. Y todos estos cuerpos están conectados uno al otro ay están presentes en cada persona, en por lo menos un forma latente. El cuerpo material visible es el más crudo de todos. El cuerpo vital sostiene a la materia y provee la energía necesaria. El cuerpo astral está conectado con las emociones y el mismo se devela principalmente en el mundo del sueño. El cuerpo mental representa al pensamiento y el cuerpo causal sólo se desarrolla cuando el pensamiento ha dilucidado completamente las profundidades de causa y efecto. El cuerpo Búdhico está implícito en el estado donde una persona verdaderamente se despierta y el Atman es el aliento de vida, una condición que se logra cuando una persona se torna Una con el Todo Lo Es y el aspecto individual se disuelve. Fue una teoría emocionante, pero no hubo ejemplos prácticos alguno.
Un día el aplicado estudiante de primera año fue al Place de L'Horloge aproximadamente a las cinco en punto en la mañana para hacer sus ejercicios. La plaza estaba aún inmaculadamente limpia en ese momento del día y no había persona alguna allí para molestarlo. Después de finalizar sus ejercicios, caminaba por las calles muy animadamente y había llegado fuera del muro de la ciudad, cuando varios carruajes con guardias sorpresivamente vinieron. Una misteriosa escala tuvo lugar, porque varios hombres robustos rápidamente comenzaron a intercambiar caballos agotados por caballos frescos. Además dentro de una de los carruajes aparcados estaba sentado un hombre pequeño y gordo decorado con muchas insignias, quien estaba bien apretujado entre dos guardias de apariencia robusta.
"Aquel tipo debe de haber cometido algún tipo de crimen", el estudiante razonó. Era obvio que el convoy había llegado más temprano para no atraer ninguna atención no deseada. El cambio de los caballos y el abastecimiento de provisiones llevaron algún tiempo. Mientras tanto, Michel miraba fascinado al prisionero. Aquel hombre debía de tener delirios de grandeza: rezumaba aires de emperador. De pronto, hubo una gran conmoción. Una multitud de aviñonenses corrieron desde la Porte St. Lazare hacia los carruajes, en busca de venganza contra "El Pequeño Cabo de Córcega". La guardia de la ciudad trató de controlar el disturbio, pero no pudieron detener a los ciudadanos furiosos y rodearon el carruaje en el centro. Insultaron al prisionero decorado de arriba abajo. Otros insurgentes le arrojaban piedras o lo amenazaban con sus espadas. Minutos después, varias personas se abalanzaron en cima del carruaje, se metieron dentro y comenzaron a arrancarle las medallas de honor. Un oficial que llego apresurado logró calmar los ánimos candentes, después de eso los últimos caballos fueron rápidamente enganchados. El rodeado carruaje con "el pequeño corporal" logró escapar, luego de que un guardia pudo con éxito quitar a unos fanáticos de las ruedas. El resto de los carruajes había quedado solo y pudieron seguir el curso ininterrumpidamente. Después, el estudiante reflexionó sobre el acontecimiento.
- Oye, tonto, ¿estás echando raíces allí?, o ¡qué! -gritó de repente un trabajador.
- ¿No acabas de ver ese disturbio? -preguntó Michel.
- Sólo veo a un extranjero y no lo queremos aquí -, y continuó su camino, rodando su barril. Era la vieja mentalidad de Aviñón. Y los raros disturbios* resultaron ser nada más que alucinaciones.
Después del primer trimestre, los profesores estaban llenos de orgullo por el joven De Nostredame. Eso era muy lindo, pero el estudiante con talento no estaba aprendiendo mucho de ellos. Su abuelo ya le había enseñado tanto sobre astrología que para sus profesores era imposible agregarle más a eso. El decepcionado Michel sin embargo no esperaba que ellos ampliaran mucho su conocimiento. Afortunadamente, había una biblioteca de tres pisos que era la más hermosa que jamás pudo imaginar. Le gustaba pasar el tiempo allí y examinar los textos antiguos. Los profesores alentaron al genio para que investigara las aéreas relacionadas. Le ordenaron al Sr. Grimbert, el bibliotecario quien, debido a una enfermedad, siempre estaba temblando, que reuniera una lista de libros para el estudiante. Grimbert preparó la literatura en un apartado sector de la biblioteca en donde el joven pudiera ocuparse de sus cosas sin ser molestado. Michel devoró el montón de documentos en corto tiempo. Aparte de algunas obras del abuelo, el único libro que había estudiado en profundidad era la Biblia, y el cambio fue muy bien recibido. Finalmente, hubo realmente un solo manuscrito que en verdad apeló a sus sentimientos. Era un ensayo sobre alquimia. Parecía un cliché, pero quién no ve imágenes de un viejo y barbudo mago realizando experimentos extraños cuando se oye la palabra alquimia. El libro contradecía sus nociones preconcebidas y quería entrar más profundamente en la materia. En el manuscrito en cuestión, se decía que la alquimia fue introducida en España por los árabes después de las cruzadas, y así que inspeccionó el departamento español durante días y días. Durante su investigación encontró un artículo llamativo, escrito por Artephius en el siglo doce, intitulado: "El arte de incrementar la vida útil del hombre". El artículo español estaba escrito en latín, el cual le era conocido. Curios, comenzó a leerlo.
"Yo, Artephius, he aprendido todas las artes en el libro de magia de Hermes. Durante mi larga vida, he visto personas que querían perfeccionar la alquimia. Sin embargo, yo no quería escribir nada que hiciera a las leyes más accesibles para extender la audiencia porque sólo pueden ser develadas por Dios o un maestro. Por consiguiente es útil leer mi libro sólo si se posee amplio conocimiento y es una persona a quien no le preocupa los convencionalismos. Una vez fui como los demás: celoso. He vivido durante mil años aproximadamente, últimamente sólo por la gracia de Dios."
"¡Aquel hombre es tan viejo como Matusalén!" pensó Michel, con emoción. Estaba decidido a leer esos dos libros, pero incansable como lo era en su investigación, no los encontró. Aquel de Hermes probablemente ni siquiera existía, pensó, y se consoló a si mismo al leer toda la literatura de alquimia que pudo encontrar. En una de las obras, leyó que el metal puede transmutarse en oro, usando un objeto místico, la tan llamada "Piedra Filosofal". Durante siglos habían buscado la piedra, pero jamás fue encontrada y en el siglo trece, la mayoría de los alquimistas habían abandonado la búsquda. En otro manuscrito se relataba que la alquimia puede tener un efecto médico. Si uno ingiriera las proporciones exactas de sal, sulfuro y mercurio, podría tener un efecto positivo en la salud de uno. Los filósofos griegos Tales y Aristóteles creían que la tierra, el agua, el aire y el fuego eran los elementos básicos de los cuales toda cosa materia podía ser creada. En otro ensayo se comentaba sobre un quinto elemento básico: la esencia. Pero por ahora él había leído suficiente y ordenó los libros.
- Gracias por su ayuda, Sr. Grimbert, hasta mañana -. Otro día se había pasado volando y el cansado estudiante regresó a su austera habitación en Rue St. Agricol. Después de cocinar y comer algo de pasta caliente, meditó sobre el libro de Hermes, sin efecto alguno, y luego intentó con "la piedra filosofal", pero inesperadamente se quedó dormido. Aquella noche se cumplieron sus deseos. El alma inquisitiva fue tocada por algo magnífico y poderoso y con un escalofrío se sentó en su cama.
- Michel de Nostredame, yo soy aquel que tú estás buscando, soy Hermes, el hijo de Zeus y Maia, la hija de Atlas, una de los Titanes -. Ante él estaba sentado un ser atlético poderoso y radiante que usaba un sombreo alado y que sostenía un bastón de oro con serpientes enroscadas alrededor. - Soy -Hermes continuó-, el líder de los tres mundos. Nací en una cueva en Arcadia. Soy el más rápido de todos los dioses y el dios de los ladrones. Los egipcios me llaman Tot. Los romanos me llaman Mercurio. Soy Hermes Trimegisto del Génesis. Soy "El Deseo de las Piedras", "La Piedra Filosofal" y "La Tabla de Esmeralda". Mi hermano material, tu destino ha sido determinado. Jugarás un papel en el drama cósmico que se desplegará sobre la tierra durante el siguiente milenio. Pero por ahora, hasta que la Luna madure, irás en otra dirección con el fin de permitir que tus conocimientos en el sueño se despierten por la "Muerte Negra". Hermes desapareció tan rápido como había aparecido y dejó por detrás un enorme vacío. Michel no pudo sobrellevar la confrontación sobrenatural y poderosa y se desmayó. No se despertó hasta la tarde siguiente. Sintiéndose horrible, se levantó y, tambaleándose, recogió el bolso de la universidad para poder volver a sus estudios. Pero era demasiado tarde para ir a la universidad y con una sensación de confusión se sentó devuelta en su cama.
- Me siento tan mal -se quejó. Con gran dificultad, reconstruyó el mensaje de Hermes, pero no pudo absorberlo todo. Mientras tanto, su padre, impulsado por poderes superiores, estaba en Saint Rémy, preocupado por la educación menos que práctica de su hijo. Aunque la astrología se había convertido en una ciencia reconocida, no había mucho que se pudiera hacer con ella. Lo habló con Reynière, quien al principio apoyaba la elección de Michel. Pero Jacques seguía insistiendo en el hecho de que no había futuro en eso y finalmente tuvo que admitir que las desventajas pesaban más que las ventajas. Escribieron una carta a su hijo, en la cual expresaban su preocupación y sugirieron que considerara un estudio en el campo de la medicina, después de todo, los dos abuelos habían sido médicos. Michel recibió su carta al día siguiente y leyó su sugerencia para cambiar de carrera. Estaba placenteramente sorprendido y pensó en Hermes, quien había hablado de un cambio de dirección.
"Entonces la medicina es mi destinó", concluyó. Al día siguiente cuidadosamente se acercó a sus profesores, porque no quería desacreditarlos de ninguna manera. Durante la discusión de despedida resultó que comprendieron las razones de sus padres y dejó sus estudios en Aviñón con buenas relaciones.
Luego de una corta estadio con su familia, partió para la siguiente universidad en Montpellier.
- Bienvenido, Sr. De Nostredame -el director lo saludó de un modo encantador cuando entró-. Me encargaré de llevarlo hasta la sala de conferencias ahora mismo porque eres el último en llegar -, y la mujer robusta se levantó del taburete con alguna dificultad y le indicó el camino, Caminaron por el pasillo y doblaron en un rincón al final.
- La conferencia comenzará de un momento a otro y la dará el Dr. Hache -le notificó a él. La dama lo llevó a la parte de atrás de la sala, en donde le indicó un lugar en una mesa al lado de un joven con ojos extraordinariamente alegres. El Profesor Hache, a diferencia del director, no se molestó en darles la bienvenida a sus estudiantes y comenzó la conferencia sin demora.
- Hace miles de años, los primeros doctores intentaron curar a sus pacientes haciéndoles un agujero en las cabezas -comentaba. François, la persona sentada al lado de Michel, señaló a su frente con condescendencia.
- Precisamente, eso es en donde ese gesto se origina -expresó Hache, quien lo notó -, pero no fue una idea tan loca en realidad porque de esta manera querían permitir que los malos espíritus, los que se creían eran la causa de la enfermedad, se escaparan del cuerpo. A esto también se lo denominaba trepanar -. Un estudiante de Toulouse levantó la mano.
- Se podrán hacer preguntas al final de la conferencia -el profesor aclaró.
- Más tarde, en la época de la antigua Grecia, una persona enferma solía ir a un templo y hacían sacrificios de animales a Aesculapius, el dios de la curación. Después, el paciente bebía agua sanadora además de bañarse en ella, y luego seguía una dieta estricta -. El mismo estudiante levantó la mano.
- ¿Qué acabo de decirle? -indagó el maestro.
- Sólo trato de dejar escapar a un espíritu malo de mi brazo -aclaró el estudiante, tratando de ser gracioso.
- ¡Por favor retírese! -Hache le ordenó con una exigencia inesperada. El estudiante se levantó, alicaído, y salió de la sala.
- No se toleran bromas estúpidas aquí -y el profesor continuó con su discurso -. En el cuatrocientos AC, el médico griego Hipócrates echa los cimientos para nuestra ciencia médica científica. Expresa que la enfermedad no es causada por hechicería, pero sí por la naturaleza, y sólo ella puede curarla. Sus alumnos ahora se mantenían unidos y solidarios y nadie se atrevió a hacer un solo ruido. Alrededor del doscientos DC, Galeno, también un médico griego, nos enseñó que el cuerpo contiene cuatro tipos de fluidos o humores: la sangre, la flema, la bilis amarilla y la bilis negra que deben estar en equilibrio. Eso es todo para la parte introductoria de la historia. Ahora es el momento de formular preguntas, pero brevemente -. Los estudiantes vacilaron por unos momentos.
- ¿Tienen las mujeres la misma cantidad de sangre, flema y bilis que los hombres? -alguien preguntó.
- No estamos completamente seguro de eso, pero cuando estos humores están desequilibrados, tanto los hombres como las mujeres se enferman -respondió.
- Mi madre vomita mucha bilis de todos modos -comentó un compañero de Basque.
- Debe de estar enferma -supuso Hache.
- En realidad no, rebosa de salud.
- En cualquier caso, no puede dar un diagnóstico desde la distancia. Afortunadamente, hemos llegado mucho más allá de Galeno y dirigimos estudios científicos al cortar cuerpos humanos, entre otras cosas. Así que si su madre se encuentra cerca… La sangre drenó en el rostro de Basque en cuanto oyó la sugerencia tan seria de su profesor.
- ¿Quiere decir que también cortan y abren a la gente viva? -preguntó.
- Ciertamente, pero eso solo sucede pocas veces. Ante todo estudiamos cadáveres y realizamos dibujos elaborados de ellos. Debido a estos estudios hemos llegado a comprender muchísimo más y mucha gente se puede curar de las enfermedades de hoy en día.
- ¿Qué métodos existen actualmente para curar enfermedades? -ahora inquirió Michel.
- Por ejemplo, con medicamentos, que son procesados en líquidos, polvos o tabletas -el conferencista respondió -. Desafortunadamente, hay muchos curanderos, herboristas y brujos que se hacen llamar farmacéuticos. Otro método muy efectivo es la flebotomía o la sangría, la cual permite que la enfermedad drene fuera del cuerpo; ésta es mi especialidad.
El período de las preguntas llegó a su fin y en la tarde hubo un descanso. Luego de esto, Hache dio la conferencia ininterrumpidamente hasta el anochecer. En la noche, después de una comida barata en la cafetería, Michel y sus compañeros salieron del edificio de la universidad para sus casas.
- ¿Tienes ganas de caminar por la ciudad? -lo llamó alguien quien lo alcanzó en la iglesia de Notre-Dame-des-Tables. Era François Rabelais, el estudiante con ojos alegres que estaba sentado al lado de él en clase. A Michel le gustó la idea y caminaron por la ciudad y rápidamente se hicieron amigos. François resultó ser un narrador magistral que demostraba sus sentimientos. A todos los lugares que íbamos nombraba a cada cosa de una manera tan franca y poco común que muchos se habrían ruborizado de sólo escucharlo. El rebelde literalmente no tenía escrúpulos en hablar de nada: hablaba de temas heréticos, de emociones dolorosas o de pares del cuerpo que en general la gente evitaba mencionar. Y cuando descubrió que Michel respondía demasiado serio a algo, de pronto actuó como un niño pequeño o se tornaba sorprendentemente obsceno. François, por su parte, estaba profundamente impresionado por la enorme cantidad de conocimiento de Michel. El estudiante de Saint Rémy parecía una enciclopedia andante. En un bar, Michel contó sobre su pasado judío, la educación que recibió de su abuelo y, finalmente, sobre los estudios interrumpidos en Aviñón.
- Entonces los dos estamos en el mismo bote -dijo François.
- ¿Qué bote? -le preguntó su compañero, sorprendido.
- Bueno, tanto los judíos como los cátaros eran considerados una amenaza a la religión Católica. Tú eres judío y yo soy cátaro.
- ¿Cómo puedes ser un cátaro? Los cátaros fueron los últimos gnósticos.
- Por supuesto, Su Señoría lo sabe -sonrió burlonamente -. Nosotros, como verdaderos cristianos, no practicamos más nuestra religión en público sino clandestinamente. En Montepellier hay en realidad bastantes amigos creyentes. Mi padre dirige un restorán por allí, en donde las reuniones tienen lugar una vez cada tanto, en secreto por supuesto. Te llevaré allí alguna vez si tú quieres.
- Me parece interesante. Tengo curiosidad por saber qué predican. Los gnósticos siempre tuvieron una razón muy bien fundada por su estudio profundo de la Biblia latina, entre otras cosas.
- Correcto y es por eso que los líderes católicos nos odian tanto -agregó el cátaro -. No, nosotros somos individualistas y nuestros Libros Sagrados han sido traducidos directamente del Evangelio. La fundación de la Iglesia, por otro lado, se basa sobre el poder y su mensaje se trata del pecado original.
- Ah bueno, papas, obispos y curas interpretan la Biblia a su conveniencia, pero en principio, todos creemos en lo mismo -opinó Michel. Rabelais puso en duda sus conclusiones.
- Tenemos nuestras propias leyes y no creemos que un único ser haya creado todo lo bueno y lo malo, como creen los católicos. Además, estamos a favor de la libertad del individuo, la igualdad de las mujeres y en contra de cualquier forma de violencia. ¡Ellos no!
- Yo estaba hablando de la Biblia griega original -aclaró Michel -. Allí, algunos puntos de vista no son rebatidos.
- Mmm, eso tal vez. No soy tan instruido como tú.
Después del curso introductorio en la universidad de medicina, los dos amigos sin esfuerzo alguno aprobaron y promocionaron al siguiente nivel. La clase se había reducido a treinta estudiantes para entonces y hoy iban a tener su primera práctica. El Profesor hache estaba parado en su plataforma y se retorcía las manos con expectativa.
- Caballeros, siempre comenzamos el segundo año con una demostración práctica de sangría. Yo personalmente realizaré esto en una persona que se le ha diagnosticado una enfermedad incurable. No se preocupen, la Muerte Negra no está involucrada en esto.
- ¿Qué es la Muerte Negra? -Michel preguntó lanzándole una clara indirecta.
- Es un sobrenombre para la plaga mi estimado amigo, pero no siga interrumpiéndome. Espero que todos ustedes no se desmayen, ya que es un asunto sangriento. Yo me he acostumbrado a esto -. Sus colegas trajeron a una mujer con una complexión seriamente amarilla, quien estaba atada a una silla; estaba demasiado débil para mantenerse sentada. La paciente no podía mirar más hacia adelante y sus ojos miraban en toda dirección. Para el resto no había mucho para ella y estaba emitiendo sonidos incontrolables. Era un caso doloroso y una conmoción comenzó en el salón.
- Comprendo que sientan compasión por ella y no cabe duda de que piensan que estoy siendo de algún modo cruel -comentaba el profesor -, pero este experimento está al servicio de la ciencia y el fin justifica los medios. Además, les aseguro de que esta dama recibirá una compensación económica -. El matón se acercó al conejillo de Indias y retomó donde había dejado.
- Existen dos formas de realizar la sangría. La primera es cortar un vaso sanguíneo -y señaló un lugar apropiado en el antebrazo de la paciente -. El segundo método es la colocación de sanguijuelas -. Sacó una cantidad de potes de vidrio de los bolsillos y mostró varios especímenes.
- Hoy, demostraré sólo el primer método; estas criaturas ya están saciadas de todos modos. Para el primer método, la paciente necesita presionar una vara en su puño. Esto produce que las venas se hinchen y acelere el proceso de la flebotomía. Desafortunadamente, esta dama está demasiado débil para esto y tendremos que cortar más profundo -y sacó la lanceta de su maletín.
- ¿Hay algún voluntario que intente esto conmigo? -preguntó. Nadie se atrevió a decir que sí, así que señaló a alguien.
- Sr. De Nostredame, ¿sería tan amable? El estudiante obedientemente se levantó y caminó hacia él.
- Haga un corte justo aquí, longitudinalmente -le ordenó su maestro mientras le entregaba las cuchillas.
- ¿No debería lavar mis manos primero? -preguntó Michel.
- Lavarse las manos. ¿Para qué? Si tiene miedo de hacerlo, yo mismo lo haré.
- Señor -François interrumpió valientemente -, lo que mi compañero de estudio quiere decir es que si el monje, del tipo fofo, no trabaja la tierra, el granjero no la vigilará. Como doctor él no enseña ni predica a la gente, entonces el guerrero no cura la enfermedad. ¿Comprende?
Hache no entendió una palabra de eso.
- Este, bien -mintió y él mismo brutalmente hizo un corte profundo en el antebrazo. Como era de esperarse, salió poca sangre y muy hábilmente la juntó en una fuente de vidrio. Michel sólo lo dejó u regresó a su lugar. Después de contener la herida, la mujer aún servía de perspectiva general para las arterias, lo cual debía ser siempre evitado. Después de esto, la sacaron. Cuando la práctica terminó, el profesor miró alrededor con satisfacción y preguntó si sus estudiantes tenían alguna especulación con respecto al futuro de la medicina. Michel fue el primero en levantar la mano.
- Ah, el estudiante curioso pero asustado, adelante -bromeó Hache.
- Pude ver a personas que usaban pares de cuerpos en el futuro -propuso su estudiante.
- Pensé que era una persona seria.
- Sí, lo soy.
- Es obvio que no -el maestro negó.
- Sí que intento serlo -Michel insistió.
- Nadie está interesado en cuentos absurdos no fundamentados.
- Es obvio que no puedo darle un fundamento científico, señor, pero usted estaba preguntando por las especulaciones, ¿no es verdad?
- Está bien, eso es suficiente. De aquí en más no mencione esa basura en clase -expresó el maestro, insultado. Después de de la clase, Michel le preguntó a François qué quiso decir cuando habló del monje del tipo fofo.
- Ah, en realidad, nada, sólo estaba poniendo a prueba la capacidad intelectual de aquel ogro -respondió de manera despreocupada.
- Oye, ¡qué miserable puedes ser!
- Claro que sí puedo -Rabelais se rió, sin siquiera sentirse un poquito avergonzado y en el camino a casa hablaron de la importancia de la higiene.
Una noche el padre de François los invitó a comer un plato de mejillones en su restorán. El lugar estaba lleno de creyentes que charlaban con mucho fervor entre ellos. Más tarde habría oraciones en la parte de atrás de la sala y habían invitado a acompañarlos al estudiante judío. François mientras tanto confesaba que ha estado ocupado traduciendo cartas médicas italianas.
- Eso es ambicioso -dijo Michel.
- Y eso no es todo. También estoy escribiendo mi novela la que será mi debut: Les Horribles et Espouvoantables Faict et Prouesses du très renommé Pantagruel.
- Un título impresionante. Aunque quizás un poco largo -opinó su amigo.
- Tal vez sólo le pondré Pantagruel entonces. Pero, cambiando de tema, ¿eres una persona que se satisface a sí mismo?
- ¿Perdón?
- ¿Te masturbas? - De Nostredame echó una mirada furtiva alrededor para ver si alguien estaba escuchando.
- Ahora si estás has ido demasiado lejos, François. Eso no es de tu incumbencia -le respondió enojado.
- Oye, sólo quería prepararte para la lección mística que estás por oír.
- ¿De qué estás hablando? -preguntó Michel confundido.
- Bueno, no sólo habrá plegarias, sino que también se develará la gnosis o conocimiento sagrado y ésta vez se trata de la sexualidad -. Fueron interrumpidos por el ruido de la compañía mezclado que se estaba moviendo hacia la parte de atrás del salón. Evidentemente era el momento para la reunión y los dos jóvenes pasaron al salón privado, en donde cada uno tomaba su lugar sobre alfombras gruesas. Luego de una corta plegaria, un voluntario se paró para dar la conferencia y sacó un montón de papeles.
- Esta noche hablaré de la Copa de Hermes -anunció.
"¡Rayos y centellas!", pensó Michel, "el hijo de Zeus y de Maia, el mensajero de los dioses". El hombre mostraba una imagen mística del cuerpo humano para aclarar sobre lo que estaba hablando. En la cabeza había dos copas desbordantes simbólicas y del sacro un par de serpientes se arrastraban alrededor de la espina hacia las alas abiertas a la altura del corazón.
- Como todos saben, las antiguas escrituras nos enseñan a tratar nuestros poderes sexuales con sumo cuidado. ¿Pero por qué durante años nos han enseñado a comportarnos de manera casta? La respuesta es diferente de aquello con lo que la Iglesia nos engaña. Creced y multiplicaos, se predica. Es fácil obtener nuevos reclutas entre nuestros propios hijos. Ansiosos de poder, los líderes de la iglesia han oscurecido y retorcido el Evangelio para mantener oculta la verdadera razón. Las viejas escrituras sólo dicen "No pierdan semilla alguna". En otras palabras, "jamás permitan que se pierda, ni siquiera durante el acto de amor". Michel miró a François sorprendido. Así que eso era a lo que el tipo extraño se había estado refiriendo.
- El objetivo sagrado de la gnosis es la aclaración del individuo -continuó el místico- y la vuelta a casa del alma hacia la naturaleza divina. Este dibujo muestra la transmutación sexual del Ens Seminis*. Este delicado conocimiento sólo se enseña en las escuelas místicas de inauguración, como la que está en Montpellier. Los faraones del antiguo Egipto fueron algunas de las personas a las que se les enseñó esto. La técnica requiere del mayor auto control de los poderes sexuales durante el acto de amor entre el hombre y la mujer. En especial para el hombre. Al retener el semen durante la fusión de las dos almas, una chispa divina puede ser creada, a la cual se la puede comparar con una ignición real. "Ignatius" en latín, que es de donde la palabra "gnosis" se origina. La chispa es creada por la inducción entre los órgano sexuales masculinos y femeninos y produce un poder sobrenatural, el cual se eleva a lo largo de la espina dorsal. He aquí las dos serpientes enroscadas. La energía que renace llega hasta la cima del tan llamado caduceo de Mercurio a través de estos canales y allí abre las alas del espíritu. La energía, o Kundalini, puede elevarse más allá, hasta las Copas de Hermes, pero sólo si existe el verdadero amor. Si este está presente, las copas se llenan en forma gradual. Cuando están llenas, se desbordan y la energía lentamente fluye desde el frente hacia el corazón. Después de repetir este proceso siete veces, el hombre está completamente desarrollado -. El místico guarda el dibujo.
- Ahora les pido que se levanten -. Todos los creyentes se pararon y comenzaron a recitar las plegarias. François acompañó el canto con completa convicción. Finalmente, después de que quince misterios religiosos habían sido contemplados, el servicio estaba completo y sirvieron té. Al final de la noche los dos estudiantes evaluaron el material en el salón ahora vacío.
- Pensé que te habías rebajado a la obscenidad otra vez antes del servicio -Michel se disculpó-, pero estaba verdaderamente fascinado con lo que estaban diciendo.
- Sabía que lo encontrarías interesante -respondió François.
- Seguro que lo fue, pero hace que la vida se vea como castigo.
- Bueno, los frutos se pueden recoger durante la vida de una, y si tú aplicas esta técnica apropiadamente, puedes cultivar poderes especiales. La naturaleza te escuchará.
- ¿Quieres decir que podría hablarle a un caballo? -el invitado preguntó frívolo.
- Por ejemplo.
- ¿Lo dices en serio o estás jugando conmigo?
- No, en serio; el Mar Rojo se abrió para Moisés, ¿verdad? -Rabelais indicó.
- Entonces todos deberían aplicar esa técnica tan pronto como sea posible.
- Sería mejor que no; casi nadie es lo suficientemente puro y tú puedes armar un lío tremendo con malas intenciones. Esos son los Hermanos de la Oscuridad. ¡Ojo con ellos! -. Michel dejó que todo se acomodara por un rato.
- ¿Aún se conciben niños entre los que practican esta técnica? -preguntó luego.
- Todavía los trae la cigüeña.
- Ah, estupendo, volvieron las bromas estúpidas -, y con cara larga, Michel se levantó y se fue.
- Lo siento, lo siento, responderé a tu pregunta seriamente. Los mortales comunes tienes suficientes bebés para preservar nuestra población. Además, los niños muy adelantados son a veces los nacidos de iniciados.
- Supongo que la transcendencia de la lujuria es la base de esto -especuló el invitado.
- De hecho, había una vez una mujer llamada Eva que comió de la fruta prohibida y desde entonces el hombre ha sido desterrado del paraíso. Ahora tenemos que mover montañas para reparar su error.
- ¿La fruta prohibida?
- La fruta prohibida es el símbolo para el esperma masculino -explicó François, mientras bebía una última taza de té -. Pero, ¿te masturbas o no? Su amigo negó con la cabeza tristemente y salió del salón. ¡Incorregible, este Rabelais!
Después de varios años de prepararse intensivamente, Michel obtuvo el permiso para establecerse como médico. Aún no completó sus estudios, pero no cabe duda de que quería ir a ayudar a las víctimas de la plaga en el país. En su memoria siempre sostuvo la idea de la Muerte Negra despertaría su comprensión aletargada, de acuerdo con el mensaje de Hermes. El médico de diecinueve años le comentó a François sobre su intención, quien lo lamentó, pero aceptó la idea de que su amigo estaba listo para el trabajo de verdad.
- ¿Y cómo te llamarás? -preguntó François.
- Simplemente Doctor De Nostredame.
- Sabes que los científicos adornan sus nombres con un sufijo en latín, ¿cierto?
- Sí, pero… -Michel vaciló, no quería sonar presumido.
- Es importante dar una impresión, lo sabes. ¿Qué te parece Nostradamus?
- ¡Suena genial! -su amigo se rio y cedió ante la idea.
Unos días después, los dos amigos se despidieron y prometieron mantenerse en contacto. Michel regresó a la casa de sus padres, así desde Saint Rémy podía ofrecer su conocimiento en los alrededores. Estaban muy felices con el regreso de su hijo y su padre espontáneamente le ofreció el ático del abuelo.
- ¿No deberías hablarlo primero con Julien? -Reynière le advirtió a su marido.
- Julien sólo lo usa para estudiar, pero Michel va a ganar dinero -le replicó.
- Estás pasando por encima del muchacho -le reprochó.
- De acuerdo, le preguntaré qué opina -. Julien, que estaba estudiando leyes en el ático, no tuvo ningún problema con hacerle un lugar a su hermano mayor, al final, regresó a su antigua habitación junto con sus libros. La presencia de su hermano mayor fue buena para él también; podía ayudarlo a traducir textos. Bien está lo que bien acaba. Michel estaba feliz de ver a su familia nuevamente; su última visita había sido hacía un año y observó los sucesos familiares con una actitud tolerante. Sus pequeños hermanos se habían convertido en muchachos altos, fuertes, saludables y activos, apunto de dejar el nido para adentrarse al amplio mundo. Bertrand quería ser carpintero. La mayoría de su trabajo de madera en la casa fue hecho por él. No cabe duda de que no quería ser contador como su padre, y le decía que tenía la frente deformada por todo ese trabajo mental que hacía. Que por cierto, su padre tenía un frente rara: era plana, alta y sobresalía bastante. Sus manos, por el contrario, tenían una forma excepcionalmente agradable Además, Jacques era un poco protocolario; siempre consideraba hasta el más mínimo detalle. Su esposa estaba más en contacto con la intuición. Michel notó por primera vez lo atractiva qué era su madre. Tenía una gran figura, ojos cálidos y hermosos y una larga cabellera brillosa de color castaño, que por lo general se lo recogía. Lamentablemente confiaba demasiado en los extranjeros; algunas veces, el dinero había desaparecido delante de ella. Papá, por otro lado, tenía una dosis saludable de sospecha en ese concepto, así que los dos se complementaban bastante bien. Los otros hermanos, Héctor y Antoine, no sabían aún lo que iban a hacer.
- Ya sé: voy a hacer algo de matzo -dijo Reynière alegremente en reacción a todos los pesados plantes para el futuro -. ¿Me quieres ayudar, Michel? Y al mismo tiempo me podrías contar lo que has estado haciendo en Montpellier -, y el joven médico voluntariamente fue con ella. En la cocina mezclaron agua con harina.
- Está bien, cuéntame -le ordenó, y su hijo comenzó a contarle todo sobre sus días de estudiante.
- ¡Uy! Todavía tengo que echarle leña al fuego en el jardín de atrás -ella lo interrumpió-.Tú continúa y comienza a amasar; enseguida regreso.
Unos minutos más tarde, regresó, cubierta de hollín y Michel continuó con su narrativa, como si no se hubiera dado cuenta de nada. Luego de muchas historias universitarias el aroma del pan sin levadura invadió toda la casa. Papá cortó el matzo crujiente en la mesa y de esta manera celebraron el regreso a casa de su exitoso hijo.
- ¿Irías a visitar a un conocido mío enfermo? -Jacques le pidió después.
- Ese es el trabajo del cirujano de la ciudad, ¿verdad? -preguntó Michel.
- Bueno, no tengo mucha fe en él. La salud del Sr. Delblonde continúa deteriorándose.
- Está bien, iré a verlo -su hijo prometió.
- A propósito, la municipalidad de Arles esta buscando un médico -recordó Reynière -. Deberías ir y anotarte allí.
- Lo haré mamá, gracias por el consejo.
Al día siguiente visitó al Sr. Delblonde, que había estado bajo el tratamiento médico de Villain por algún tiempo. Este cirujano cuidó de las heridas, cortó las ampollas, realizó una flebotomía, arrancó los dientes, preparó remedios a base de hierbas y cortó el cabello y rasuró la barba. El paciente a largo plazo tuvo la desgracia de no ser aceptado para obtener tratamientos gratis. Su enfermedad se había prolongado interminablemente y él se vio forzado a vender la única reliquia familiar que poseía, un ropero de madera de raíz, para poder pagar las cuentas. Sólo los indigentes eran elegidos para los servicios gratis y la municipalidad cubría estos costos. Las sospechas de Michel se confirmaron cuando entró; Villain era de la vieja escuela. Delblonde estaba completamente agotado debido a los laxantes y varias fontanelas. El paciente yacía en la cama en una condición crítica con una hermana a su lado. Nostradamus se presentó y el anciano pensó que lo recordaba del pasado. Un poco delirante, comenzó a hablar de los viejos tiempos, pero su hermana lo detuvo enseguida.
- No perdamos el tiempo, doctor -ella expresó y le contó que su hermano había empeorado muchísimo después de las incisiones en el piel y que se habían infectado. Villain intentaba liberar un exceso de fluidos de esta manera. Michel examinó al paciente y le dio su diagnóstico.
- No creo que la causa sea seria, pero el tratamiento sí lo es. Si quiere que su hermano siga vivo, esas incisiones deben cerrarse y debe librarse de esos purgantes -insistió. La hermana descorazonada se dio cuenta de que era el momento para un cambio y aceptó. Michel inmediatamente quitó los tubos de hierro de las docenas de fontanelas y limpio las heridas con agua.
- Además, debe darle a su hermano frutas y verduras frescas todos los días -le aconsejó el doctor mientras salía- tan pronto se ponga un poco más fuerte, regresaré.
En el municipio se enfurecieron cuando oyeron sobre esta "práctica ilegal". Ordenaron a la policía que fuera a buscar al charlatán, pero él les mostró los papeles que probaban que era un médico reconocido y que tenía todo el derecho a tratar al cualquier paciente en Francia. Los miembros del municipio aún se estaban hechos una furia y reclamaban que había lugar par un solo cirujano en Saint Remy, pero Nostradamus se mantuvo firme y no había nada que pudieran hacer. En una semana, el Sr. Delblonde comenzó a recobrar su fuerza y el controversial médico le dijo que ahora debía empezar con caminatas cortas. El paciente hizo lo que se le indicó y caminó alrededor del pueblo por primera vez en meses. Su salud continuó mejorando a pasos agigantados y todos en el pueblo fueron testigos de su sorprendente cura. El cirujano de la ciudad además de los miembros del municipio parecía tontos y el nombre de Michel como médico fue establecido. En pocos días, la gente enferma comenzó a golpear la puerta de De Nostredame y el doctor milagro atendió a todos ellos con buenos resultados. Después de que Villain, en el transcurso del tiempo, había cometido algunos grandes errores garrafales, Michel fue nombrado el nuevo médico oficial de Saint Rémy. La ceremonia de la toma de juramento apenas había tenido lugar cuando hubo un masivo brote repentino de la plaga en el Camargue. El Minicipio del Distrito informó que hubo miles de víctimas en la zona y ahora el flamante cirujano se estaba enfrentando a un enorme desafío. La pestilencia era extremadamente contagiosa y si usted tuviera un miembro de la familia con esa enfermedad, el mismo destino, por lo general, lo estaba esperando. Dentro de los dos a seis días, usted podría estar muerto y enterrado. Perros, gatos, gallinas e incluso caballos también fueron víctimas de esa enfermedad. Pero el joven médico era fuerte, con capacidad de recuperación y pensó que era inmune. Por fortuna, Saint Rémy no había sido víctima del brote de la plaga hasta ahora. Pero sí lo había sido el pueblo vecino de Sainte Doffe y la vida de la gente había llegado a un punto muerto allí. Cadáveres se pudrían en las calles o se los arrojaba en tumbas cavadas apresuradamente por los familiares amados y destrozados. El hedor insoportable de la carne pudriéndose flotaba en el aire y la gente quemaba pedazos de madera aromáticos en un esfuerzo para disiparlo. Muchos habitantes del pueblo habían echado a patadas de sus casas a miembros de su familia para intentar salvar sus propias vidas. Otros se habían escapado a otro lugar. Michel visitó a su primer paciente con plaga en este pueblo infectado y lo llevaron hacia un niño mortalmente enfermo en una pequeña choza de arcilla. El pequeño muchacho estaba escupiendo sangre, tenía grandes manchas negras y protuberancias tan amplias como los huevos por todo su cuerpo. Su madre estaba rociando el piso con unas gotas de vinagre para refrescar el aire. El valiente doctor examinó al niño, pero la verdad es que en realidad no había nada qué él pudiera hacer. Aún no se ha encontrado remedio alguno para esta enfermedad. En la universidad le aconsejaron realizar una sangría, pero Michel no quería tener nada que ver con esas prácticas retrasadas. Sólo para darle algo de esperanza a la familia colocó un pedazo de estiércol del diablo alrededor del cuello del niño; una hierva que se usaba en el exorcismo. Escribió los síntomas del la enfermedad extremadamente contagiosa y salió sin poder hacer nada substancial. Durante los días que siguieron, el médico visitó a varias personas que padecían la plaga, quienes al principio buscaron refugio bajo la paz espiritual con Dios. A donde fuere que él entrara, había siempre algún cura ansioso que confesaba y prometía al paciente un lugar en la otra vida. La ayuda médica, desafortunadamente, pasó a segundo plano. La ignorancia es un pecado cardinal, Michel se dio cuenta de eso más que nunca. Sin embargo, la abundancia de la superstición, el abuso de poder y la ignorancia lo estimulaban para intentar descubrir la causa de la enfermedad usando su sentido común y encontrar una solución para eso. Diferenció dos tipos de plagas: una era la formación de protuberancias en el cuerpo y la otra afectaba a los pulmones. Después de examinar los síntomas de la enfermedad, pudo comprender la importancia de la higiene, la cual, en la religión judía había sido tradicional durante siglos. Un caso interesante en Milán confirmó sus conclusiones. El arzobispo había ordenado tapiar las tres primeras casas que habían sido atacadas por la plaga, con sus residentes dentro. A raíz de esto, Milán fue protegida de un mayor brote. Esta cruda organización había demostrado que la plaga pasaba sin ser vista. Nostradamus comenzó a introducir la cuarentena para los nuevos casos, durante la cual ningún ciudadano saludable tenía permitido contacto alguno con los pacientes, a quienes todavía se les estaba proporcionado comida y agua. Este método empezó a producir algunos buenos resultados. El investigador también&n bsp;tenía la idea de que el viento podría acarrear la enfermedad y él por consiguiente distribuyó máscaras entre la población en una aldea vecina que todavía no había sido contaminada con la plaga. La epidemia perdonó a los residentes y Michel comenzó a sospechar de la existencia de bacteria. Luego aconsejó a todos que se bañaran en agua tibia una vez a la semana de ser posible y que se lavaran las manos con jabón antes de cada comida. También los estimuló a que se cepillaran los dientes regularmente, por ejemplo con raíz de caramelo de regaliz mascado, para enjuagarse la boca con agua endulzada o vinagre de vino, cortarse las uñas de los dedos y cortarse y lavarse el cabello, el bigote y la barba. Todos también tenían que cambiarse de ropa y limpiarla profundamente lavándola, preferentemente en agua caliente o hirviendo. A pesar del trabajo pionero y esencial, continuó siendo una voz que predica en el desierto, hasta que el Papa Clemente VII oyó sobre el obstinado luchador contra la plaga y lo invitó a su oficina privada en Aviñón. El papa le preguntó cómo debería protegerse el mismo contra un futuro brote de la plaga y Michel le aconsejó que por lo menos se recluyera en su residencia. Cuando la epidemia llegó al vecindario del líder religioso un mes después aproximadamente, pasó varias semanas en soledad. Por el asilamiento él permaneció vivo y Nostradamus ganó algo de fama. La plaga, entretanto, se expandía furiosamente por todas partes del país y se cobró muchas vidas en toda Europa. Las zonas sobre pobladas fueron las más afectadas. Ejércitos de soldados bien entrenados y fuertes se vinieron a pique después de unos días de la epidemia, y guerras locales se perdieron antes de ser peleadas. Los curanderos intentaron aprovecharse de la situación de pánico y amasaron una fortuna rápido. Después de cuatro años, la plaga al fin había pasado su furia y Nostradamus regresó a Montpellier para finalmente completar sus estudios. François se había graduado para ese entonces, y sorprendentemente, había dejado Francia. El director le contó que las medidas estrictas habían sido tomadas en contra de los reformistas, los humanistas y todos lo disidentes. Incluso los científicos con lenguas de víbora no son más bienvenidos en el país. A pesar de esto, François tuvo la buena fortuna de ser empleado como médico por el virrey de Piemonte. Michel una vez más se metió de lleno sus estudios, pero se encontró con un montón de incomprensión entre sus antiguos maestros con respecto a sus ideas progresistas. Su conocimiento teórico y práctico era tan impresionante, sin embargo, que sus maestros no pudieron negarle el título de doctor un año más tarde. El médico no convencional dio conferencias en esta universidad durante un corto tiempo, pero sus métodos de tratamientos últimamente causaban demasiada consternación. El director en jefe tomó medidas; el inculpado fue amonestado e inmediatamente dejó la universidad. Con probada calidad, Michel regresó a casa en Saint Rémy y allí decidió reanudar su práctica.




Capítulo 3



- No hay lugar alguno como en casa -dijo Jacques, después del enésimo regreso de su hijo, pero Michel no respondió a ese comentario cursi.
- Has cambiado, muchacho; estás tan callado.
- Me estoy viniendo viejo, padre -respondió lacónicamente. Michel era por completo más alto que sus padres, pero no quería herir sus sentimientos y no dijo nada más. Hubo mucho espacio en la casa por un tiempo, y el médico decidió una vez más mudarse al ático abandonado. Ahora Julien estaba estudiando leyes en Aix-en-Provence y Bertrand y su esposa estaban viviendo en una casa que el mismo había construido a orillas del pueblo. Héctor y Antoine todavía estaban viviendo en casa y deseando oír nuevas historias de su hermano de mucho mundo, pero parecía no estar de humor para conversar. Michel había pasado por un montón y su mente se había tornado demasiada pesada y demasiado poderosa para perder el tiempo. De hecho, se había tornado tan fuerte y vigorosa que estaba comenzando a nublarse. El velo místico protegió sus órganos superiores en el desarrollo y lo hizo inaccesible. Y cuando alguien le quitaba esta manta, su mirada podía quemarte. Al miembro erudito de la familia le hacía mucha falta un descanso y él mismo renunció a los cambios de personalidad en sí mismo. Hoy el intrépido médico fue a visitar a algunos pacientes cerca de Arles. Después de un pequeño y placentero paseo por el escenario soleado, el carruaje se detuvo en frente de una casa amarilla cerca del centre del pueblo. Nostradamus golpeó y esperó, pero no hubo respuesta alguna. Las persianas estaban abiertas y echó un vistazo al interior.
- El doctor está aquí -llamó con clara voz, pero aún no había señales de vida alguna. Decidió darle un golpe más fuerte a la puerta del frente antes de treparse por la ventana, cuando de repente un hombre esquelético con cabello rojizo se le acercó por detrás. El hombre cuyos zapatos estaban cubiertos con pintura, despreocupadamente lo empujó hacia un costado y entró en la casa.
- ¡Ya!, espere un minuto, estoy visitando a un paciente aquí -dijo el doctor, que no tenía la oreja izquierda, parecía sordo y mudo y rudamente cerró la puerta en su cara de un portazo.
"¡Bueno, eso jamás me ha sucedido antes!" pensó Michel, se sentía de alguna manera humillado. "Aquí me están tratando como basura". Aún preocupado por lo sucedido, el médico por lo general bien respetado caminó por arles, que posiblemente era una de las ciudades más hermosas de Francia. Nostradamus tenía algo de tiempo extra por lo del extraño incidente y ordenó una bebida fresca en Place du Forum, lugar lleno de bares. Sentado en una silla de mimbre, observaba lo que estaba sucediendo en la calle mientras saciaba su sed. El pueblo provinciano era conocido por sus manifestaciones culturales y era visitado por muchos españoles e italianos ricos. Los extranjeros se distinguían por su atuendo caro y su apariencia diferente. Era un espectáculo agradable y llamaba mucho la atención. Un ratito más tarde, una dama italiana caminaba hacia él desde una calle comercial y quedó impactado con ella en el acto. Supuso que tenía veinte años, unos años más joven que él. La mujer italiana tenía una pequeña y hermosa cabeza, un cuello largo, ojos chispeantes y se movía muy elegantemente. El médico miró fijamente a la encantadora dama, quien parecía ser de alta alcurnia y a él le fue imposible apartar su mirada. Era la mujer más hermosa que había visto jamás y la flecha de Cupido atravesó su corazón. La mayoría de las personas no hacían alarde de su belleza, pero sí los italianos; la dama caminaba por alrededor usando un atuendo muy llamativo. Tenía puesto un vestido de terciopelo color púrpura con mangas abullonadas y un cuello blanco abierto. El vestido estilo veneciano se ensanchaba de la cintura hacia el piso, sostenido por aros. ¡Docenas de ellos! Además, su negra cabellera estaba recogida por encima de su cabeza como un ornamento, decorado con joyas. Alrededor de su cuello lucía un collar de perlas que parecía ser caro. Mientras la dama de una belleza impresionante caminaba hacia Michel, su vestido majestuosamente se arrastraba por el piso y cuánto más tiempo la miraba, más fuera de este mundo comenzaba a sentirse. Cuando la mujer italiana pasó por delante de él, conversando con dos caballeros y una anciana, de pronto le dio una mirada cándida. Un encantamiento se produjo. Derretido cono la cera, bajo su mirada inesperada, sintió como si su vida recién ahora estaba comenzando.
- Santo Cielo -tartamudeó, totalmente nervioso. Y mientras la seguía mirando fijamente temblaba como una hoja. De pronto se sintió muy pequeño y más vulnerable de lo que jamás había pensado que fuera posible. Después de años de sólo visitar pacientes, se había olvidado por completo del amor y ahora el sol estaba comenzando a brillar en las grietas de su alma. En el instante en el que sus miradas se cruzaron y su corazón latió, la flecha del amor también atravesó el corazón de ella y se sonrojó mientras continuaba su camino con sus compañeros. El corazón de Michel se encendió y decidió que rotundamente debía cortejar a esa mujer. El admirador con la flecha de Cupido se levantó de un salto, arrojó algunas monedas sobre la mesa y corrió detrás de la mujer italiana. Siguió al pequeño grupo desde una distancia y fervientemente intentó pensar en una manera de acercarse a ella. La dama lo sintió detrás de ella, pero no se atrevió a dar vuelta y mirar hasta que finalmente entró en un establecimiento. El vacilante médico comenzó a sentir pánico.
"¿Ahora qué?" se preguntó. De casualidad, una empleada estaba dejando el lugar al mismo tiempo. Lo notó y la llamó: "Srta., ¿podría usted por favor informarme cuando saldrá aquel último grupo de personas? Por que tengo algo que hablar con ellos." La empleada miró su prolija apariencia y le respondió como él había esperado: "¿Es un conocido de los De Vaudemonts?"
- Más o menos -él tergiversó la verdad. Se tornó muy conversadora y le contó que la compañía regresaría al Lot en Garonne el próximo sábado. Obtuvo la información que quería, le agradeció a la empleada y regresó a Saint Rémy en la gloria. Allí comenzó a hacer planes para conocer a la mujer de sus sueños. Durante el almuerzo, un cambiado compañero de piso se sentó a la mesa.
- Estás de buen humor -comentó el padre.
- Jamás te he visto tan apuesto -agregó su madre- estás positivamente brillante -. Michel sólo sonrió con vergüenza, pero no dijo una palabra de eso; se lo guardó para sí mismo. Pero a Reynière se le ocurrió algo.
- Creo que sé lo que está pasando -lo dijo con picardía y cuando su hijo pidió por uno espejo al día siguiente, ella confirmó lo que pensaba. ¡Debe estar enamorado!
- ¿Es debido a la dama que estás tan pachucho? -le preguntó.
- Este, sí -admitió.
- Bueno, será mejor que te dé algunos consejos entonces. Puedes se erudito, pero cuando se trata de asuntos de mujeres, es mejor que me escuches a mí -. La madre había calado su secreto y el médico diligente miraba a su madre con expectación igual a un niño pequeño.
- A las mujeres les gusta que les hagan cumplidos - ella le contó - ¿Es de por aquí?
- No, es de Italia.
- Ajá, el país de donde viene la moda. Entonces será mejor que hagamos algo para mejorar tu imagen -. Y ese mismo día, la madre le compró un traje y ella personalmente lo vistió. Héctor y Antoine tenían curiosidad y vinieron a ver lo que estaba sucediendo con su hermano en la sala de estar. "¿Mamá está vistiendo a Michel?" se rascaban la cabeza. Reynière desempacó la nueva chaqueta roja sin mangas y se la puso por encima de la camisa abotonada con volados. Por encima de esto venía una levita negra.
- ¡Yo también quiero uno de esos! -Héctor gritó muy entusiasmadamente, cuando vio el caro sobretodo de terciopelo con largas mangas con tajo. Unos minutos después, papá vino del trabajo a casa.
- Michel, tengo correo para ti -le informó, mirándolo con asombro.
- Tengo las manos ocupadas en este momento, papá.
- Te lo pondré en tu escritorio -Jacques le ofreció. Su esposa, entretanto, siguió poniéndole las variadas piezas de ropa.
- Eres delgado y esto te hace ver más amplio -ella dijo y jugueteaba con el saco.
- Tendré que tomarte la palabra -su hijo le respondió y se mantuvo inmóvil como una estatua.
Enseguida comenzó a saltar con un pie y luego con el otro porque su madre estaba tratando de ponerle un par de pantalones con cierre. Luego le puso medias blancas en los pies y zapatos amplios de cuero de vaca.
- Creo que esos zapatos son hermosos -dijo Antoine.
- Claro que lo son -dijo su hermano querido mirando hacia abajo. Finalmente, Reynière le puso un sombrero con una pluma en la cabeza y el resultado fue encantador en verdad. Se veía tanto distinguido como con estilo, todos estuvimos de acuerdo y el miembro de la familia enamorado se desfiló por la sala de estar para ellos.
- Dios santo, pareces un rey -opinó su padre, quien entró nuevamente, sacudiendo la cabeza. Al día siguiente, el médico, quien se había tomado el día libre, felizmente partió hacia Arles con su nuevo atuendo. Una vez allí, anduvo merodeando durante una hora aproximadamente por la casa de huéspedes en donde antes había visto entrar a la hermosa dama. Él repetidas veces miraba hacia el interior por todas las ventanas del edificio, con la esperanza de alcanzar a verla, pero no se la veía por ningún lado. Un jorobado, quien estaba haciendo publicidad de corrida de toros de la manera más irritante, se acercó y se detuvo justo al lado de él. El amante se escabulló y se sentó en la misma terraza en donde había estado dos días antes. Sólo había ordenado un trago para tranquilizarse, cuando de pronto la hermosa dama apareció de la nada y pasó caminando sola. Su decepción despareció como la nieve en el sol y con coraje se apresuró y corrió hacia ella. No se había equivocado: era tan hermosa, tan elegante y tan fina. ¡Irresistible! La mujer italiana se puso nerviosa cuando lo vio trotar hacia ella y por un momento no supo qué hacer. Además de eso, su rostro se puso colorado cuando vio su atuendo moderno, el cual era perfecto en cada detalle.
"Eso debe de ser por mí", pensó, sintiéndose nerviosa y alagada al mismo tiempo.
- Madmoiselle De Vaudemont -tartamudeó -como médico debo señalarle que la cintura de su vestido es demasiado ajustado. Eso es malo para la circulación. "Qué estúpido soy", pensó, mi intención era hacerle un cumplido.
- Lo que quiero decir es que podría dañar su belleza -, pero no hubo respuesta; la italiana no supo qué decir.
"Sólo debería expresarme libremente", decidió.
- Para ser honesto, usted me ha causado una profunda impresión y tenía que verla nuevamente -le dijo. Eso rompió el hielo y ella le sonrió ante su franqueza.
- ¿Practica la medicina aquí en Arles? -le preguntó, aún un poco tiesa, pero en un perfecto francés sin un asomo de acento.
- Este, no, aunque, sí a veces, pero soy de Saint Rémy y también trabajo aquí -. El turbado médico se presentó y la invitó a sentarse y beber un trago con él, después de eso, los dos caminaron hacia la terraza en donde su trago aún lo estaba esperando a él. Era una gran hazaña maniobrar la falda amplia entre las mesas, pero finalmente se sentaron.
- Se ve verdaderamente hermosa -elogió a Yolande-, pero ¿cómo puede pasar el día con ese deslumbrante pero pesado vestido puesto?
- Sólo lo uso cuando paseo por la ciudad; tan pronto como llego a casa, me lo sacan -, y nerviosamente agradeció al mesero por el trago de anís. Mientras tanto los transeúntes, abiertamente, observaban a la encantadora pareja. Sin embargo, los dos estaban totalmente ajenos a la atención del público, y el médico intentaba pensar en temas de conversación.
- ¿No es posible, verdad, manipular tamaño vestido sola?
- La matrona me ayuda con esto -respondió y luego hubo una pausa elocuente. Michel nuevamente buscaba palabras, pero como no pudo encontrar palabra alguna, ordenó otro trago en su lugar.
- Me enteré que es una carga pesada estudiar para médico -comentó Yolande.
- Ah, cinco años de Universidad.
- Bueno, eso es muy inteligente, no hay muchos que puedan lograr eso -ella lo elogió y sin prisa pero sin pausa, algo hermoso comenzó a fluir entre ellos.
- ¿Qué la trae a este lugar, Arles? Parece que estuviera viajando hacia otro lugar -preguntó Michel. Yolande le contó que su familia era dueña de una castillo en Lot and Garonne, hacia donde estaban viajando, y que ella provenía de estirpe noble.
- ¿Supongo que el castillo le pertenece a sus padres? -él comentó. Ella confirmó esto y comenzó a ponerse más animada y habló de su padre, el Conde Ferry VI De Vaudemont, y de su madre, la Reina de Nápoles. Sus padres tuvieron nueve hijos, con ella incluida. La frialdad había abandonado el aire por completo y la química entre ellos comenzó a manifestarse. La Chispa entre ellos era palpable. Era amor verdadero y el tiempo jamás se había pasado volando tan rápido. Estaban locos de contentos cuando con el tiempo se despidieron y dejaron detrás al público fulgurante. Yolande prometió escribirle tan pronto llegara al Lot. De regreso a Saint Rémy, la madre inmediatamente indagó cómo le había ido para él.
- Fue positivo -respondió fríamente.
- ¿Positivo? ¿Eso es todo lo que tienes que decir? ¡Estás radiante, mi hombre!
- Ah, de acuerdo -gritó con voz fuerte -, pero primero tengo que sacarme este traje de mono -. Y mientras corría hacia el ático, gritó: "¡Ella será mi esposa!" Una semana después, él recibió la primera carta de su amada, en la cual ella le expresaba su deseo por él. Después de unas cartas más era evidente: la llama se mantenía viva y los dos eran el uno para el otro. En la última carta Yolande le pidió que fuera a visitarla pronto en el Lot. Jacques y Reynière rebosaban de alegría al ver que su hijo mayor había encontrado finalmente una mujer, y nada menos que una mujer proveniente de una familia noble y adinerada.
- Has atrapado a un gran pez, Michel. Espero que nos incluyas en tu testamento -su padre, el notario, usufructuó.
- Idiota certificado -su hijo respondió alegremente, lo cual es muy raro en él.
- Creo que vivirás en ese hermoso castillo -su madre supuso.
- Eso es un poco prematuro mamá. Primero veamos cómo resulta esta visita -. Pero su intuición le confirmó que su hijo estaba a punto de dejar el pueblo para bien.
No mucho tiempo después, Nostradamus partió para ir a ver a su princesa. Iba a rescatarla y en su mente vio develarse un hermoso drama. En verdad el amor sí tuvo un efecto cegador, el diablo con suerte se dio cuenta mientras hacía el largo viaje en el carruaje, pasando por Toulouse. Y en el camino se encontró a si mismo posesionado por un profundo y anhelado deseo por Yolande que ardería, pensó, eternamente. En Ariège, el carruaje pasó el histórico Monte Montségur, en donde los últimos cátaros fueron asesinados en masa hace siglos, y el recordó a su viejo amigo de la universidad, François Rabelais. El paisaje ahora se estaba tronando mucho más verde y comenzó a ver viñedos por todas partes.
"Recoger uvas", fantaseaba justo en ese momento, "sólo recoger uvas con ella sería suficiente", y miró la extensión de los viñedos florecientes hacia el horizonte, intoxicado de amor por ella. Cuando el crepúsculo comenzó a asomarse, la silueta del Castillo Puivert surgió imponente en la distancia: era el castillo que pertenecía a los De Vaudemont. El castillo se encontraba hermosamente situado en la cima de la colina y Orión brillaba por encima de el, al parecer simbólicamente. El cochero había planeado bien el viaje, porque llegaron a las siete en punto y aparcó su vehículo en la penumbra. El amante nervioso descendió y buscó una señal de vida. Súbitamente, la verja levadiza en la enorme entrada fue elevada. Michel respiró profundo y caminó hacia el portón abierto con su equipaje. Mientras miraba a su alrededor, vislumbró a su amada detrás de una ventana abierta. Nerviosamente, caminaba por la verja y cruzaba por un patio enorme mientras el portón se cerraba de un portazo detrás de él, para mantener alejados a los intrusos.
- Buenas noches, Sr. Nostradamus -el Conde De Vaudemont lo saludó alisándose su bigote caído. El padre de Yolande mantenía distancia y un sirviente corrió para llevarle las maletas a la visita.
- Así que usted es el joven médico por el que mi hija ha estado vitoreando tan entusiasmadamente. ¿Tuvo un buen viaje?
- Por supuesto que sí mi Señor, pero mi cuero está reclamando algo de movimiento ahora -respondió Michel y efusivamente comenzó a elongar sus miembros. Yolande llegó, eufórica, pero no pudo intercambiar una palabra con su amante, porque lo llevaron a sus aposentos inmediatamente como lo ordenó su padre.
- Esta noche durante la cena, tendrás mucha oportunidad para hablar con él -le susurró a su hija. Era repugnante para el señor del castillo verla seguir al recién llegado como ciervo que jadea. ¡Esas tonterías! Y el conde desapareció en una de las habitaciones con una mirada de desaprobación en su rostro. El invitado fue llevado a una torre de homenaje que estaba a veinte metros de altura.
- Permanecerá en el piso de arriba -el sirviente dijo entre dientes mientras llevaba una lámpara de aceite y lentamente subía las escaleras. Unos mil escalones más arriba, el viajante cansado llegó a una habitación con una cama cuatro columnas que estaba resguardada por las esculturas de ocho músicos. Después de una corta siesta, Michel decidió explorar en las inmediaciones. En la oscuridad, subió por una angosta escalera de madera hacia la terraza del techo, donde él tenía una gran vista de la zona. La luna llena brillaba sobre el pueblo de Puivert que estaba situado sobre un lago tranquilo. Una conmoción en el patio llamo su atención. Varios invitados bien arreglados estaban allí, esperando para cenar. Michel corrió deprisa hacia su habitación para cambiarse y luego se unió al grupo el cual estaba por entrar. Dentro de la amplia y lujosa sala se encontraba una preciosa mesa para cenar con las sillas en combinación. La clase de mueble que pertenece a la vanguardia. Un sirviente le indicó al médico un lugar en frente de Yolande, pero entre Ferry VI y la reina de Nápoles. Pondrían a prueba a este serio candidato para su hija. Los enamorados se miraban a los ojos con expectación, pero estaban también inseguros sobre el veredicto de los padres. Yolande tenía puesto un vestido turquesa brillante y su cabello estaba recogido con un rodete bajo esta vez. Ella le emitió una sonrisa moderada a su amigo, quien le respondió sutilmente. La mesa de la cena fue puesta para la realeza. Había platos de vidrio con revete de oro y réplicas pintadas a mano del escudo de armas de la familia. La mantelería y los cubiertos también estaban decorados con eso. Los emblemas estaban por todas partes. El personal, entretanto, había comenzado a servir el primer plato. Además del conde y la condesa había cinco hijos, cuatro hijas tres parientes políticos, varios nietos y un manojo de invitados. Durante la exquisita comida, los tórtolos no podían quitarse los ojos de encima y comenzaron a coquetear.
- No son los únicos que están a la mesa, lo saben, -un yerno dijo irritado. En todo caso, una cosa sí estaba clara: los dos estaban enamorados.
- Parece que ha construido una buena reputación en la Provincia -comentó el conde, mientras el bigote caído apenas esquivó la sopa.
- Hago lo mejor que puedo para curar la enfermedad -dijo el médico-, pero me alegra que la última epidemia de la plaga haya seguido su curso porque tengo muy poco control sobre ella.
- Somos muy afortunados por no haber experimentado esa terrible enfermedad aquí, -la reina de Nápoles dijo.
- ¿Pero se graduó en realidad? -de pronto preguntó el conde.
- Ya te hablé de eso papá -, Yolande defendió a su pretendiente.
- Le traeré mi certificado después de la cena, mi Señor -Michel prometió.
- Por favor, hágalo, tengo mucho interés en verlo. Lo estaré esperando en mi habitación inmediatamente después. Por casualidad tengo un excelente coñac allí también. Estoy seguro de que comprende que sólo quiero lo mejor para mi hija -. Ferry VI permaneció con desconfianza y no estaba en lo más mínimo avergonzado por recorrer la lista de preguntas que decidirían si el médico estaba calificado como yerno. Las preguntas trataba sobre temas al azar; Nostradamus pudo dar una impecable respuesta a cada una y lentamente la desconfianza comenzó a disminuir. Después del postre el conde tenía una breve consulta privada con su esposa afuera del refectorio y luego regresó. Al parecer, la pareja había decidido que el futuro nuevo marido era lo suficientemente bueno para su hija. Después de eso, Michel no podía cometer error alguno. Después de que Ferry VI había pasado algún tiempo con él en su habitación, los enamorados tuvieron finalmente una oportunidad para estar juntos y tranquilamente fueron a caminar por fuera del portón. Parecían entenderse tan bien que lo que decían era superfluo. Detrás de un árbol de castañas se besaron furtivamente y el toque fue como mágico. Después de una semana en el castillo, Michel pidió la mano de Yolande en matrimonio y ella aceptó sólo muy felizmente. Su padre calculador le dio el permiso ese mismo día: después de todo, el candidato reunía todas las condiciones. Un sueño que se estaba haciendo realidad y Nostradamus se sintió como si cargara el mundo entero. El médico, quien se había liberado de su melancolía, informó a sus padres sobre la boda en Puivert, pero ellos enviaron un mensaje en el que expresaban que no sería posible para ellos hacer el largo viaje, debido a sus enfermedades geriátricas. Sólo su hermano Héctor podía asistir. Su hijo mayor pidió que le enviaran sus pertenencias personales y prometió que iría a Saint Rémy con Yolande tan pronto como fuera posible.
El feliz día llegó y un sin número de damas y caballeros destacados se reunieron para hacer de esto una ocasión espléndida. Y fue una fiesta de bodas espectacular. Cuando los recién casados se encontraban finalmente solos, no se cansaban de estar juntos.
- Estar casado contigo es como un cuento de hadas -, Michel se derretía mientras yacían en su cama de cuatro columnas besándose.
- Es un cuento de hadas -respondió ella suavemente y continuaron fusionándose hasta el punto culminante, el orgasmo, como el final triunfal. Las ocho esculturas de los músicos se habían dado vuelta sus rostros mirando los muros. Después de una noche de bodas celestial, pusieron manos a la obra inmediatamente, decidieron establecerse en Agen. Allí la corporación estaba buscando un médico con licencia y ellos habían aceptado a Nostradamus para el puesto. El pueblo influyente no se encontraba lejos de Puivert y por lo tanto la joven pareja podía independizarse además de mantener contacto con la familia. La pareja completamente feliz fue en busca de una casa y rápidamente encontraron una residencia apropiada, ubicada en la plaza del pueblo, la cual tenía una fuente hermosa. Mientras decoraban su nuevo hogar, disfrutaron de su libertad, los días de verano y por sobre todas las cosas, el uno al otro. Una noche sofocante, los enamorados corretearon hacia la fuente y danzaron bajo el rocío tanto cuanto quisieron. Se sentaron en la orilla, mojados y riéndose de alegría con regocijo.
- Cierra tus ojos -le pidió Yolande y le puso algo en su boca.
- ¡Una cereza! -pronunció.
- Tengo algo más para ti.
- ¿Otra fruta?
- Sí, estoy embarazada -, y continuaron besándose con gran entusiasmo.

Además de su trabajo, Nostradamus instaló una pequeña fábrica de perfume, en donde se elaboraban aceites concentrados para uso medicinal. Docenas de empleados destilaban plantas y hiervas en aceites etéreos allí y el maestro desarrollaba una receta para cada enfermedad. Entretanto la pareja de casados comenzaba a sentirse cómoda en el hogar en Agen. En Rue du Soleil, se encontraba una librería especial, y un día, Michel decidió entrar para husmear.
- ¿Encuentra lo que busca? -el propietario preguntó desde atrás.
- Sólo estoy mirando, no busco nada en particular -la visita respondió. El vendedor de libros, quien tenía una larga barba, camino hacia él.
- ¿No es usted el nuevo doctor?
- Así es.
- Soy Abigail. Encantado de finalmente conocer a otra persona instruida por aquí. Ese aspecto es muy escaso en este pueblo pequeño.
- Aún no conozco muy bien a las personas de aquí -Michel se disculpó.
- Por supuesto, un libro es mucho más caro que una lonja de pan y casi nadie puede comprar uno -Abigail puntualizó su comentario- pero si alguna vez busca literatura médica, seguro podré ayudarlo. Tengo buenas contactos con editores en Londres, que son progresistas en esta zona.
- Posiblemente más adelante, cuando tenga más tiempo -agregó el ocupado médico -. Temo que ya debo retirarme, adiós. -Y se fue a ver a su próximo paciente.
Después de que el doctor había acumulado una cantidad decente de trabajo médico con el tiempo, nació su primer bebé. Fue un varón: Víctor. Y mientras estaba aún en pañales, su madre quedó nuevamente embazada. Su padre, mientras tanto, se había hecho muy amigo del vendedor de libros, quien un día le había apartado un paquete misterioso. Cuando Nostradamus vio la obra le causó una grata sorpresa, la cual tenía la palabra "Cábala" escrito encima con letras góticas. Por supuesto, él había oído hablar de eso hace mucho tiempo, pero jamás lo había estudiado. Increíble que ahora lo recibiera completamente de forma imprevista de Abigail.
- ¿Cuánto cuesta? -le preguntó mientras sacaba su billetera.
- Este libro no le constará nada -Abigail respondió.
- Bueno, muchísimas gracias.
- No es a mí a quien debería agradecer, sino a su admirador secreto -. El doctor se encogió de hombros sorprendido y aceptó el presente. En casa, Víctor se quedó dormido en su pequeña cama y su padre tuvo una oportunidad de recuperar la paz de un largo día de trabajo. Yolande le sirvió a su marido un poco de té de jazmín y disfrutaron su compañía, sentados delante del fuego. El exitoso médico miró con satisfacción a su bella esposa, le dio un beso y posó la mano sobre el vientre crecido; el bebé que no nacido todavía ya estaba dando pataditas. Cuando terminó de beber el té, decidió leer su nuevo libro Cábala y lo tomó de la biblioteca. El subtítulo era "La recepción del conocimiento místico" Mientras se ponía cómodo, acurrucándose junto a su esposa sobre la alfombra, abrió el libro y encontró una tarjeta dentro con un nombre y una dirección: Julius Scaliger, 15 Avenue de Lattre, Agen". Sin duda debe de ser su admirador secreto.
- Yolande, ¿conoces a alguien con este nombre: Julius Scaliger?
- Scaliger, ese es un sujeto famoso habitante de la ciudad que está causando revuelo como escritor. Es muy elogiado por todas partes como humanista -respondió.
- ¿Por qué no sé eso?
- No puedes saberlo todo, querido, pero ¿por qué preguntas?
- Me dio este libro. Mira, aquí está su tarjeta -, y se la entregó.
-¿Por qué haría eso? -Yolande preguntó sorprendida.
- Maldición, si supiera.
- Espera un minuto, él es médico también -de pronto recordó - médico de la corte del Arzobispo de Agen. Esa debe de ser la conexión. ¿Tal vez te conozca de la universidad de medicina en Montpellier?
- No, definitivamente no -contestó -. Veamos qué clase de libro me dio, -y comenzó a leer. "Además de la tradición escrita de la Biblia, también está la tradición del Cábala. Este conocimiento místico está basado sobre el Génesis y es transmitido ante todo de maestro a estudiante. El árbol de la vida es el modelo prescripto y esta forma es la clave hacia la lectura mística de la Biblia. Aquí estamos hablando de los cuatro mundos, que simbolizan los diferentes niveles de conciencia en la historia de la Creación, y este conocimiento se profundiza con la ayuda de la meditación. El Cábala era originariamente una tradición mística judía usada para revelar mensajes secretos de la biblia, pero ahora también es usado en escolasticismo. El Cábala se practica en escuelas esotéricas y por magos particulares".
Michel cerró el libro y dolorosamente tuvo que reconocer que en el nivel espiritual había estado paralizado durante años. Este libro fue un regalo del cielo. Después de cambiar a Víctor, los tres felices se fueron a la cama.
- Pronto tendré que hacerle una visita al tal Scaliger -dijo Michel, mientras los ojos de su hijo se cerraban lentamente.
- Tómate tu tiempo, cariño. Scaliger no irá a ninguna parte, él ha estado viviendo aquí durante años -su esposa le susurró.
Días después, el doctor golpeó la puerta en el número quince de la Avenida de Lattre. Un sirviente corpulento abrió la puerta y comentó que su maestro no se encontraba en casa, pero un hombrecito demacrado venía bajando las escaleras. Era el mismísimo médico de la corte.
- Ah, doctor, me duele la garganta terriblemente -Julius Scaliger bromeó, pero su humor pasó por encima de Nostradamus.
- Lo examinaré en un minuto, pero primero permítame agradecerle por el hermoso libro que me obsequió -respondió seriamente.
- No hay problema. A decir la verdad, fue elección de Abigail -. Y los dos caballeros procedieron hacia la sal, la cual estaba decorada con muchos retratos de científicos y filósofos.
- Impresionante; ¿los conoce a todos personalmente? -la visita inquirió.
- No a todos ellos, pero el retrato que usted está mirando en este momento es el de Erasmus, con quien últimamente he estado discutiendo por correspondencia. Lo llaman el mayor pensador de Europa, pero creo que existen bastantes huecos en su línea de razonamiento -, y Julius se sentó en un sillón.
- Oí hablar de él -admitió Michel -. Pero, ¿cuál es exactamente la razón por la que buscó contactarse conmigo? -, y se sentó en la silla también.
- Su nombre aparece regularmente - su anfitrión explicó -. Un médico a quien no le interesan las autoridades religiosas es raro. Me atraen los científicos obstinados y ya que yo también estudié medicina, me pareció una buena idea que llegáramos a conocernos.
- Me siento honrado -Michel respondió, mientras miraba el interior.
- Es una verdadera casualidad que de todos los lugares se mudara a Agen -Julius continuó -especialmente con esa hermosa flor noble, quien hizo que mi corazón diera un vuelco.
- ¡Ajá, así que es por eso que me envió este presente!
- Quién sabe; todas las cosas interpretan un papel. Eres muy afortunado al tener una hermosa esposa como ella.
- En verdad lo soy. ¿Y quién es aquel? -Michel pregunto, mientras señalaba un retrato.
- Ese es Cardano.
- Um, Cardano. Si no me equivoco, él es matemático y astrólogo.
- Pero también un fraude -agregó Scaliger con desdén -. En su libro De Subtiliate, habla de demonios, pero el párrafo fue copiado palabra por palabra de mi escrito.
- El plagio es un negocio inmundo -su invitado respondió -. ¿Y qué clase de obras humanistas ha usted escrito?
- Muchas, pero mi obra más importante es el resumen de toda la literatura que ha sido publicada por todas partes, y que ha traspasado nuestras fronteras. Además, se me considera uno de los grandes pensadores de este siglo, junto con Erasmus -alardeó.
- ¿De todo el siglo, nada menos?
- No tolero la falsa modestia -su anfitrión declaró -, y Michel tuvo que sonreírle al humanista obstinado. Los científicos eran del mismo nivel y pasaron un tiempo hablando de los documentos médicos de Aristóteles. Congeniaron muy bien y decidieron visitarse más a menudo. Durante los próximos meses, el lazo de amistad creció entre ellos y un día, Julius le mostró su biblioteca secreta. Era secreta, porque muchos libros fueron considerados una amenaza por la Iglesia.
- Mira Michel, el documento revolucionario de Copérnico con "El sol como el centro del universo".
- En realidad, los místicos y astrólogos ven al sol como a una de las estrellas -su amigo dijo -. Pero ¿supongo que un científico quiere ver pruebas y qué puede hacer con esa clase de sueños?
- Por el contrario, los sueños pueden ser muy útiles -respondió Julius -. ¿Por qué no los escribes alguna vez? Verás que tu desarrollo personal se beneficiará de eso.

Isabelle nació. Brillaba como el sol y crecía rápidamente. La niña parecía ser el centro del universo y Víctor era su compañero constante. La sirvienta, que no tenía hijos propios, adoraba simular que la hermosa niña era suya. Mientras la familia crecía y florecía, algo siniestro comenzaba a suceder en el mundo exterior. Hasta ahora la plaga le había perdonado la vida a Agen, pero el destino ahora golpeaba. Después de que se diera a conocer el primer caso, la vida pública se detuvo inmediatamente. Aterrorizados de contagiarse la enfermedad, todos evitaban el contacto con el otro tanto como fuera posible. Y con toda razón, porque pronto hubo más víctimas. El doctor citadino progresista inmediatamente impuso cuarentena para varios distritos de la ciudad, en donde cientos de perros y gatos ya se estaban pudriendo. Nostradamus trabajaba horas extra y corría de un paciente hacia otro. El médico les dio órdenes estrictas a las autoridades para que enterraran a los cuerpos tanto de los humanos como de los animales entre capas de cal para prevenir infección. También ordenó que todos quemaran la basura para que no quedara nada que sirviera de alimento a las ratas y las pulgas. Después de esto, hubo un olor constante a humo y fuego en el aire. Les dijo a las víctimas de la plaga que aún estaban vivas que se untaran una crema hecha de ajo y aloe sobre sus cuerpos. El doctor seguía enfatizando la importancia de la higiene y la buena alimentación, y la mayoría de los habitantes del pueblo apoyó este método. Algunos no confiaban en él, sin embargo, y buscaron un chivo expiatorio del desastre. Protestas comenzaron a estallar en la plaza del pueblo, exactamente en donde vivía la familia de Nostradamus. El agotado medico oyó el ruido, caminó hacia la ventana y se asombró al ver que se estaba preparando leña para el fuego junto a la fuente. En un abrir y cerrar de ojos una enorme multitud se había reunido alrededor del fuego y dos hombres era llevados hasta allí. La gente de Agen estaba furiosa y gritaba hasta más no poder. Michel se dio cuenta de que la gente del pueblo estaba jugando el papel de juez y jurado. La situación estaba fuera de control.
- Dios todo poderoso, tienen a Abigail -, de repente gritó. Uno de esos pobres condenados era su amigo, el vendedor de libros. Recibía todo tipo de insultos y el doctor comenzaba a hervir de indignación. Yolande se paró junto a él, alarmada.
- Te quedarás aquí, ¿verdad? -ella le dijo, asustada, pero su marido no la escuchó y salió corriendo a la calle furioso. Su sentido común le dijo justo a tiempo que se mantuviera frío y a travesó la multitud de manera controlada.
- ¡Estos judíos putrefactos son la causa de todo este mal, quémenlos! -algunos de ellos gritaban, llenos de odio. Yolande observaba sin poder hacer nada.
"Por favor", ella pensaba, dura del miedo, "no discutas con ellos". Los dos judíos estaban atados a los postes y alguien intentaba prender la leña.
- ¡Deténganse! -Nostradamus gritó. La orden autoritaria silenció a la multitud y la gente se desplazó hacia atrás para darle paso al médico, quien, después de todo estaba casado con una de los Vaudemonts. Con frialdad ordeno al último de los instigadores que se hiciera a un lado y subió a la hoguera. Con gran determinación, arrancó las sogas que sujetaban a los desafortunados a los postes. El rescatador enfocó su atención en su viejo amigo Abigail por un momento. Abigail lo miró, colmado de fe y una luz comenzó a brillar en sus ojos.
"¿Qué me está pasando?" pensó Michel. Y por un minuto la belleza intensa de aquellos ojos lo desequilibró.
"No, no muestres vulnerabilidad alguna delante de los lobos", y previniendo un cambio posible en el humor de la multitud, se dio vuelta con firmeza y les habló con fuerza a las personas.
- La plaga no es causada por los judíos. Si eso fuera verdadero, primero debería probarse irrefutablemente. Sus temores y su ira los han arrastrado a esta locura. Vayan a sus hogares y recobren sus sentidos y no alteren el orden público nuevamente -. La acalorada multitud se dio la vuelta, desinflada y la plaza se vació. Finalmente, Yolande se liberó del temor intenso cuando Michel regresó sin percance alguno.
- ¡Jamás vuelvas a hacer eso! -ella gritó, todavía temblando.
- ¡No iba abandonarlos ante esa muchedumbre!
- ¡Tu familia te necesita vivo!
- Estoy vivo -bromeó, lo cual hizo que Yolande lo atacara burlonamente con una almohada. La plaga, entretanto, continuaba haciendo estragos y el doctor trabajaba las veinticuatro horas del día en ese tiempo.
Unas semanas después el destino golpeó la puerta de la familia de Nostramus. Yolande y Víctor se enfermaron. Michel se encontró con esa situación cuando llegó a su casa del trabajo tarde en la noche. Blanco como el papel, les diagnosticó la temida enfermedad.
- Es la plaga maldita -maldijo cuando estaba solo en la cocina y golpeó los muros con sus puños. Fue una coincidencia horrible: el luchador contra la plaga vencido en su hogar. Profundamente molesto, le dio la mala noticia a su esposa.
- Puse toda mi atención en mi pacientes y no en ti -se lamentó.
- Michel, por favor no te culpes a ti mismo y prométeme que seguirás viviendo con Isabelle.
- ¡No sé si podré vivir sin ti!
- Un poder superior vendrá para ti, querido -trató de confortarlo. Lavaba sus heridas a medida que iba apareciendo, preparaba el mejor alimento en el que podía pensar y esperaba por un milagro en el último minuto, pero en vano. Su flor rápidamente se marchitó y murió en sus brazos. Observó que el último destello de sus ojos desaparecía y vio que el espíritu dejaba el cuerpo de ella. Al día siguiente, Víctor también dejó la vida y mientras él le daba un beso de despedida a su hijo, oyó que su hija lo llamaba. Habían encerrado a Isabelle en su habitación para mantenerla a salvo. El médico deshecho dejó a su hija al cuidado del sirviente por un día y llevó los restos de su familia a Puivert. Su esposa había deseado que la enterraran en el cementerio de la familia. Los De Vaudemonts observaron horrorizados a medida que la carreta con los ataúdes se acercaba. Por supuesto, ellos entendían lo que había sucedido, pero por temor dejaron el portón cerrado.
- Esto nos está matando -el conde gritó desde una ventana -, pero hay otros aquí a quienes también amamos.
- Comprendo. ¿Puede alguien ayudarme a cavar una fosa a una distancia segura? -preguntó el yerno.
- No, lo lamento. Buena suerte -el conde cruelmente finalizó la conversación y cerró las persianas. Lleno de odio y solo, el viudo enterró a su esposa e hijo en el cementerio de la familia, el cual se encontraba justo fuera del portón. La familia de su esposa secretamente observaba desde el castillo. De regreso a Agen, el doctor se hizo cargo de su hija, por quien el decidió seguir con su vida. La primera mentira sobre él comenzó a correr por la ciudad: Yolande, entrada por su propio padre. Esa noche, la mucama golpeó la puerta. Un Nostradamus drásticamente deprimido abrió la puerta mientras averiguaba cuál era el problema.
- Doctor, vine a advertirle. Los De Vaudemonts han puesto a la gente del pueblo en su contra. Ellos lo acusan de dejar morir a su esposa deliberadamente, para que no huya con la dote. También se rumoreaba que usted es amigo de los judíos. Debía contárselo, señor, porque sé que usted es una buena persona -, y ella se escapó. Michel puso el cerrojo en la puerta del frente, caminó por la casa perturbado y luego tomó algunas medidas precautorias. Arriba en la habitación observaba el pequeño rostro despreocupado de Isabelle, mientras dormía pacíficamente. Finalmente, Nostradamus pudo llorar y el viento, que soplaba por la ventana abierta, barrió sus lágrimas. Luego el silencio se quebró y todo el infierno se liberó. La gente del pueblo que estaba enfurecida y que llevaba antorchas, daba gritos de guerra maliciosos se reunió delante de la casa en gran cantidad.
- Asesino -le gritaban- te mereces la pena de muerte. Michel miró con un ojo por detrás de las cortinas y vio a la multitud.
- Vamos a atraparlo ahora -oyó a alguien decir. Supo en ese momento que debía partir. La puerta del frente que estaba cerrada crujía tras el esfuerzo de los brutos que trataban de romperla para abrirla y luego arrojaron una antorcha encendida dentro de la casa, que apenas esquivó. En un abrir y cerrar de ojos, recogió a su hija quien se despertó sobresaltada; la amarró a su espalda y le ordenó que se mantuviera en silencio. Detrás de la cama de ella, desquició un cajón de una cómoda, tomó violentamente una bolsa de provisiones y se la echó por encima de los hombros. Luego corrió por las escaleras hacia el ático con Isabelle. Las cortinas de la habitación ya estaban en llamas y minutos después toda la casa estaba envuelta en llamas. Finalmente los vándalos lograron romper la puerta del frente y comenzaron a buscar al mago diabólico en el primer piso, pero por las llamas intensas, no se atrevieron a subir más alto. Mientras tanto, el padre con su niña sujetada a su espalda, trepaba por el techo en la parte de atrás de la casa y saltó hacia el techo de al lado, fuera de la vista de los vándalos. De esta manera, él pudo dejar la casa que se incendiaba detrás por las casas colindantes. Afortunadamente, era una noche oscura y los insurgentes no pudieron encontrarlo. Pero a mitad de camino allí, esa misma oscuridad provocó que Michel se resbalara y casi se cayera del techo. Trabajosamente, llegó a la última casa, en donde bajó a un balcón y desde allí usaba una parra para descender al suelo.
- ¡Allí está! -un personaje furtivo gritó de repente al descubrir su sombra. Los rebeldes que aún están gritando y gritando en frente de la casa también lo vieron y entraron enseguida en la persecución. El médico cojo saltó al suelo y huyó. Él logró perder a sus perseguidores en el laberinto de senderos y callejones y huyó de la ciudad tan rápido como el viento; muy lejos, en las colinas y bosques. Un rato más tarde, le dieron una media que pertenecía al doctor a una jauría de perros rastreadores para que la olfatearan y rápidamente encontraran su huella. La persecución se anudó.
- ¿Por qué están tan enojados? -preguntó Isabelle.
- No nos quieren -contestó el padre, quien creyó que se había escapado de ellos.
- ¿Por qué no? Somos buenos, ¿verdad?
- Sí, pero ellos tienen una opinión diferente -, y luego, para su horror, vio a un grupo de cazadores en el valle. Aumentó su velocidad, impulsándose a través de los bosques. En lo alto de una colina, la planicie se terminó y un abismo enorme les impidió huir más lejos. Mientras se pavoneaba de un lado al otro al borde del acantilado, desesperadamente buscaba una solución. El sonido de los ladridos de los perros era cada vez más elevado, debía pensar en algo rápido.
"Está bien, tendré que descender ese difícil acantilado empinado", decidió. Michel colocó sus manos en el borde y balanceó sus piernas. Palpaba con sus pies alrededor en busca de un lugar en donde apoyarlos, mientras sus manos amenazaban con resbalarse. Los pies encontraron algo y usando la mayor concentración, comenzó el descenso imposible. Isabelle estaba aterrorizada al mirar hacia abajo en el barranco desde la espalda de su padre. Los perseguidores progresaban rápidamente y pronto llegaron al mismo abismo. Descubrieron a Nostradamus, quien estaba recorriendo la última parte del acantilado vertical veinte metros por debajo de ellos y luego desapareció dentro del refugio de los árboles y arbustos. La luna desapareció detrás de las nubes y ellos no pudieron seguirlo más con los ojos. Los conspiradores no se atrevieron a intentar descender por el mismo camino, en particular porque no podía hacerse con los perros. Algunos de los perseguidores, quienes conocían la zona como la palma de sus manos, indicaron algunos pasajes vecinos. El grupo se dividió y continuaron con la persecución. Kilómetros más adelante, Michel tenía que elegir entre dos caminos: ir hacia arriba o ir hacia abajo. Debido a los árboles altos, no podía en verdad obtener una clara impresión de cuál de los dos caminos lo conducían, se arriesgó y eligió el camino hacia abajo. Siguiendo la ruta elegida, pronto llegó a una grieta transitable la cual separaba dos planicies. Un grupo de perseguidores, quienes habían tomado otra ruta, ahora habían encontrado el mismo camino; los perros se podían oír una vez más. La fuerza de Michel comenzaba a disminuir; había atravesado una enorme distancia y no podía mantenerse de pie por mucho más tiempo. La luna regresó e iluminó una apertura en las rocas que estaba a su alcance. Casi sintiendo el aliento caliente de la gente del pueblo en su cuello, el doctor decidió ocultarse en la cueva. ¿Quién sabe, con un poco de suerte...? Pero el marginado fue descubierto nuevamente.
- ¡Allí van! -alguien gritó. Bajo el sótano de roca, Michel buscaba desesperadamente en su bolso. Tomó una vela y, como un rayo, la encendió con una piedra refractaria. La luz era indispensable aquí y con una carga valiosa sobre su espalda, caminó a zancadas por la cueva, la cual lo condujo a una red de caminos subterráneos.
- Maldición, la llama se está apagando -maldijo caminando demasiado rápido. Encendió la vela nuevamente y continuó su camino. De pronto, oyó gritos detrás de él.
"Santo cielo, ya están aquí, es obvio que no tenemos tanta suerte", se murmuró. El enemigo entró a la cueva y el ladrido de los perros ahora se tornó horrorosamente alterado. Esto desorientó a las bestias y lo hizo más difícil para ellos seguir la huella. Los atacantes, sin embargo, no estaban desanimados por eso e inmediatamente se dividieron en grupos más pequeños. Después de todo, había solo un número limitado de pasajes, uno de ellos lo conocía. Divididos en varios grupos, continuaron su camino. Nostradamus los oía acercarse cada vez más e intentaba hacer el menor ruido posible. En un punto, vio un túnel con agua subterránea profunda. Esta sería su única oportunidad para librarse de los perros. Aquí perderían el olfato por completo. El padre palpó a su alrededor para asegurarse de que su hija aún estuviera sujetada firmemente a su espalda y luego comenzó a caminar por el agua en el túnel. Aunque sólo tenía dos años, ella comprendía la seriedad de la situación y se quedaba sin decir ni pío. El agua comenzaba a subir en una proporción alarmante, sin embargo, y el padre comenzaba a temer lo peor, mientras la gente del pueblo estaba pisándole los talones. Continuó desesperadamente. El agua ahora llegaba a su cintura y su hija temblaba de frío.
"Se termina", él se lamentaba, "solo un poco más y tendré que bajar a Isabelle de mi espalda". El agua ya le llegaba a los labios.
"Tal vez, debería rendirme", consideró. "¿Tal vez, permitan que mi pequeña hija viva? Pero ¿quién la criaría? Nadie querría al niño del mago cuya familia murió de la plaga. Especialmente después de esas acusaciones de mi familia política", y, con desánimo, continuó caminando por el agua. De pronto, el suelo desapareció debajo de sus pies y se vio obligado a comenzar a nadar. Michel dijo una oración rápida, mientras la vela se extinguía y se hundió en el fondo.
"Que el Señor nos acompañe... ¿Jamás se rendirán esos crápulas?" Nadó hacia un peligroso agujero negro y luego golpeó su cabeza en el techo. Pero sorprendentemente, los dos aún respiraban y los muros lentamente comenzaban a hundirse. Había más lugar para moverse y con grandes golpes continuó nadando en el lago subterráneo.
"Nadie nos está siguiendo", él notó. Luego sintió el suelo por debajo de sus pies y con mucha dificultad, resbaló y se deslizó por la cuesta resbalosa.
- Creo que lo vamos a lograr, Isabelle -le susurró, sintiéndose optimista otra vez y, completamente mojado, alcanzó el terraplén, en donde escuchó sonidos por largo tiempo. Parecía que los villanos habían desistido de la persecución, porque aún no había sonido alguno que oír. Después de descansar por un pequeño rato, tomó una vela nueva de su bolso y la mecha húmeda pronto encendió. Una cueva gigantesca con innumerables agujeros y túneles se iluminó y Michel se apresuró para encontrar su camino. La capa de piedra caliza aquí debajo había sido erosionada por la precipitación durante siglos y se convirtió en un laberinto.
"Esta cueva podría tener millones de años", la contemplaba y de inmediato descubrió muros con dibujos míticos de animales vivos.
- No somos los primeros aquí, Isabelle -, y miró alrededor maravillado. Caballos corriendo y ciervos tensos, dibujados en negro, rojo y amarillo, parecían listos para saltar los muros brillantes. Las imágenes misteriosas estaban llenas de acción y movimiento. Apenas dando la vuelta alrededor del sótano, un potrillo de color púrpura con crin negra te miraba directo a los ojos y una vaca blanca saltaba alegremente por el techo. Un poco más alejado, en una galería de figuras que saltaban y caían, se veía a una yegua preñada a quien una flecha la alcanzó. De algún modo le recordó a Yolande y él rápidamente giró la cabeza.
- ¡Dibujos prehistóricos! -balbuceó. Su fuerza se estaba terminando y buscó un lugar para pasar la noche.
- ¡Achís! -, Isabelle inesperadamente estornudó y el ruido hizo eco en la cueva.
"Espero que nadie lo haya oído", el padre pensó y sintió temor nuevamente. Bajó a su hija de su espalda y la recostó en un hueco en el suelo.
"Nuestra ropa tendrá que secarse sobre nosotros", él concluyó, después de que palpara su chaqueta. Apagó la vela, después de eso los dos agotados cayeron de sueño. Michel pronto despertó y encontró algunas piedras que dolorosamente presionaban las costillas. Isabelle aún dormía.
"Muy mal. No era una pesadilla", él suspiró. Palpó para encontrar la última vela y la encendió. Vio que goteaba agua de un rostro de piedra y la juntó en una taza. Su pequeña hija despertó unos minutos después y le dio un poco de agua para beber. Había un poco de pan y cecina en el bolso y lo usaron para apaciguar el hambre por el momento. Sus ropas estaban un poco más secas y ya era tiempo de comenzar a buscar una salida. Amarró a su hija en su espalada nuevamente y comenzó a buscar la luz. Después de una hora aún no habían encontrado una apertura la última vela se estaba consumiendo tremendamente. Continuaron deambulando alrededor, cuando de repente la llama comenzó a ladearse hacia un costado. Con expectativa optimista, caminó hacia el aliento del viento y pronto descubrió un rayo de luz cuyo brillo atravesaba un agujero en el techo. Podía ver el azul del cielo. Era una vista para ojos irritados después de aquella prolongada oscuridad.
"Pero no había nada que me impulsara para arriba", pensó, desalentado mientras examinaba los muros empinados.
"Espera un minuto…" y sacó un cuchillo de su bolso, pensando que podía tallar huecos para que las manos y los pies pudieran asirse. La piedra caliza era bastante frágil y se trabajaba bien. Cuando el trabajo se terminó, con sumo cuidado se impulsaba hacia arriba en huecos tallados, con Isabelle sobre la espalda. Después de un esfuerzo sobre humano, alcanzó la apertura y aferrado al muro, puso su mano afuera durante un minuto. El sol brillaba sobre ella.
"La estrella que todo lo hace visible", pensó con humildad. Y después de agrandar la apertura, se arrastró hacia afuera y se encontró a sí mismo sobre la llanura cubierta de hierba, en donde él inmediatamente observó la zona al igual que un águila. No se veía humano alguno y suspiró aliviado.
- Isabelle, lo logramos, ahora todo quedó detrás -, y bajó a su hija de su espalda. La niña por fin estaba parada sobre sus dos pies nuevamente y corría alrededor del paisaje, en donde no se veía casa alguna por ningún lado.
- Debemos asearnos, pequeña -dijo el padre, quien sospechaba que podría haber un río o arroyo en las colinas más adelante. Puso a su hija sobre sus hombros y después de un corto camino llegaron a un valle con un arroyo pequeño que lo atravesaba. El agua del río parecía limpia y bebieron de él. Luego se quitaron los zapatos y dejaron que sus pies colgaran y se sumergieran en el agua clara. Después de haberse lavado los rostros, Michel le dio a su hija un pedazo de pan de su bolso, el cual también contenía una pequeña fortuna. Más de trescientos francos; la dote de De Vaudemont.
"Eso nos ayudará a vivir los próximos años", calculó y comenzaba a pensar en un estrategia para el futuro. Volver a Agen no era una opción. Primero dejar la zona a pie y luego, con mucha suerte, encontrar un carruaje que nos lleve a Saint Rémy. Parecía un buen plan. Un poco mas adelante crecían árboles de ciruelos y las frutas maduras eran fáciles de recoger. Después de comer hasta saciarse, comenzaron a recuperarse un poco de la agotadora cacería de brujas. Isabelle ya gritaba de felicidad ante una mariposa que revoloteaba.
"Verdaderamente, la vida continúa", el padre observó, con añoranza. "Quizás ella realmente logre que mi vida valga la pena vivirla…" Ese día viajaron por colinas y valles y para la puesta de sol descubrieron una pequeña casa de piedra deteriorada que se encontraba oculta en una zona de bosque. La casucha resultó que estaba desierta y eligieron un lugar en su refugio. Aquí ellos pudieron pasar la noche a salvo. Restos de carbón en el piso daba a entender que allí había encendido el fuego, probablemente cazadores. Después de comer un poco de cecina y un poco más de ciruelas, era tiempo de ir a dormir. El padre rodeó a su hija para protegerla del viento, el cual soplaba libremente por la ruina. En medio de la noche, el viento se tornó más intenso y bramaba por la pequeña ruina de una casa. Despertó a Nostradamus y revisó para asegurarse de que su hijita aún estuviera a su lado, antes de volver a dormir.
Era muy tarde de la mañana siguiente cuando una urraca lo despertó por el canto fuerte en el techo. Su hija, sin embargo, no había hecho ni pío todavía.
- Isabelle -susurró y la tocó. "¿Por qué está tan tranquila?" Y se inclinó sobre ella con una horrible premonición.
- ¡Dios, no! -gritó en cuanto reconoció con gran horror las manchas negras sobre el rostro de su niña. Su grito despertó a Isabelle y ella abrió sus ojos e indicó que no se sentía bien. Ese enfrentamiento con la plaga fue demasiado para él. Algo dentro de él se quebró y aturdido, se sentó y tomó a su hija en sus brazos y suavemente la mecía. Al día siguiente murió y junto con ella también desapareció su motivación para seguir vivo. Sólo se sentó allí mirando fijo en el espacio cuando una escena inquietante comenzó a jugar en su mente.
- Puedes dejar a esos dos juntos; uno no puede sobrevivir sin el otro -el oficial francés ordenó. El dúo inseparable, Bruno e Yves, estaban arrastrando el pesado cañón en su soporte hacia el frente, por el barro, con gran esfuerzo. La abundante lluvia había cambiado el suelo polvoriento en mugre marrón y los uniformes azules se estaban cubriendo de esa mugre mientras trabajaban.
- ¡Empújalo hacia la izquierda, bruto! -Bruno le reprochó a su compañero.
- Creía que tú te harías cargo del trabajo con los poderes de tu mente -Yves suspiró. Finalmente, llevaron al cañón al lugar correcto y Bruno comenzó a apisonar la pólvora, mientras Yves ubicaba la bala del cañón en la parte de arriba del tubo. El truco era lograr que el misil detonara en el suelo justo en frente del enemigo para que pudiera entonces penetrar las líneas a la altura del hombre. La artillería entera fue colocada en posición y el General Ney estaba parado y listo para dar la señal de ataque.
- ¡Fuego! -ordenó. Los cañones franceses tronaron y la brigada de la alianza sufrió pérdidas visibles. Los artilleros luego observaban en progreso de la Batalla de Waterloo*, mientras cuatro de su divisiones marchaban hacia el Monte Saint Jean. Dos caballerías de las brigadas enemigas inesperadamente cabalgaron dentro de la marcha de los soldados franceses, quienes tenía que vencer una retirada a toda prisa. Ahora todos estaban esperando el turno y los cañones fueron recargados lo más rápido posible.
- ¡Apresúrate, Yves, mete la bala en el cañón! - La provisión entera de municiones se agotó rápidamente, pero los ingleses recibieron una paliza tremenda. Cuando las trompetas anunciaron el ataque, los jinetes franceses galoparon por la nieve fangosa para dar a la alianza el golpe mortal. Pero de pronto, completamente inesperado, miles de prusianos dispararon del bosque para ayudar a los otros y ellos totalmente pisotearon a esos gallos. Para salvar sus vidas, Bruno e Yves se arrastraron por debajo del cañón y en medio del caos apuntaron sus armas.
- Ojalá estuviéramos aún en la Provenza -dijo Yves, con ojos soñadores, mientras algunos de sus oficiales estiraban la pata justo en frente de sus ojos, con sus sables en las manos. Bruno no tuvo oportunidad de responder, porque una bala de cañón enemiga lo mató al mismo tiempo. Sus brazos y piernas volaron por los aires y sólo la cabeza permaneció al lado de su cuerpo.
Sobresaltado, Nostradamus volvió de un salto a la realidad. Después de todas esas horribles imágenes, él vio el cuerpo de su hija, que estaba junto a él, parcialmente descompuesto, rodeado de un enjambre de moscas.
- ¡Fuera! -gritó como un loco y balanceaba sus brazos para dispersarlas.
El padre se había convertido en un salvaje, no sabía por cuánto tiempo había estado sentado allí. Se levantó y recogió los restos de su niña y los enterró en campo abierto.
- Que en paz descanses, mi pequeña niña -dijo, calmándose un poco -. A ti sólo te dieron una corta vida. Ahora debo partir y decirte adiós. La vida continúa.
Después de haber colocado una cruz hecha de ramas sobre la pequeña tumba, él recogió su bolso y comenzó a caminar. Luego de haber dado algunos pasos, se dio vuelta y miró la tumba por última vez. Desde ese entonces en adelante, el médico perdido caminaba sin rumbo.




Capítulo 4



Pau, Nay, Loron más fuego que a sangre será,
Nadando en halagos, el grande, de los seguidores huirá:
Los hostigará y su ingreso rechazará,
Pampon y Durance presos los matendrá.


Una noche muy tarde, hubo un inesperado y fuerte golpe en la puerta del frente de una posada, en algún sitio alto de los Pirineos. De mala gana, el propietario la abrió y se asustó de la persona con una apariencia de terror en el umbral. El visitante siniestro usaba una capa negra sucia con una capucha y tenía una barba desprolija. Tenía una mirada diabólica y su rostro parecía cuero curtido.
- Lo lamento, está cerrado, -el posadero dijo, asustado.
- Entonces, ¿por qué la puerta está abierta? -objetó el extranjero; luego le dio un franco y obstinadamente entró.
- Quiero quedarme aquí por unos días, -continuó el viajero. Parecía inútil discutir con él.
- Creo que sí tenemos una habitación -el dueño balbuceó -, pero ¿podría preguntarle cuál es su nombre?
- Puede llamarme Sermo, -respondió y el dueño lo llevó a su habitación.
- Me gustaría algo para comer y beber antes de ir a dormir -su invitado le hizo saber y nuevamente colocó un franco en su mano.
Qué generoso es con su dinero, el anfitrión pensó con avaricia y rápidamente puso una jarrita de cerveza en frente de él antes de correr hacia la cocina para preparar una comida. Después de un ratito, le sirvió un caldo caliente al tipo raro. El posadero incómodo quería ir a la cama, pero pensó que sería mejor estar alerta por el momento.
- Señor Sermo, ¿vio el cielo hermoso? Aún en estas montañas es raro ver tantas estrellas en los cielos.
- No, no lo noté -su huésped respondió y estoicamente continuó comiendo.
- Hasta puede ver el planeta Marte, -el propietario continuó.
- ¿Sin la ayuda de algún instrumento?
- Sí, por supuesto, ¿qué más?
- ¡Un catalejo! -el extranjero declaró quien se limpiaba la boca y luego bebió su cerveza de un trago.
- Jamás oí hablar de eso -el dueño balbuceó.
- Una vez tuve uno -el huésped clamó, quien había finalizado su plato y ahora estaba listo para ir a dormir.
- Bien, buenas noches entonces, y por favor perdóneme por negarle la entrada antes -dijo el posadero, finalmente sintiendo que era seguro dejarlo. El visitante entró en su habitación y colgó su capa en una percha. Luego caminó hacia la ventana cerrada con un modo de andar pesado, abrió las persianas y miró al excepcionalmente cielo claro. En verdad, Marte podía verso sin la ayuda de algún instrumento.
"Las personas van y vienen, pero las estrellas y los planetas siempre permanecen", pensó mientras miraba a la destellante Spica. "Fue hace mucho tiempo, abuelo, cuando solíamos mirar el cielo juntos". Michel sacó la billetera de su funda, la puso debajo de la almohada y se recostó en la cama con olor a humedad.
"Mañana caminaré por las montañas un poco", pensó. Luego miró por la ventana fijamente. Un poco más tarde, la Luna creciente se hizo visible y el médico errante miró al planeta de sentimiento e incertidumbre maternal. La luna seguía agrandándose cada vez más y parecía querer ser el centro de atención. Michel lentamente entró en trance. Imperceptiblemente, todo alrededor de él se había puesto blanco y a donde sea que mirara se encontraba la luna. De repente se dio cuenta de que ya no se encontraba en su cama, sino flotando en el espacio. Se dio vuelta y buscó a la conocida Tierra, pero estaba muy lejos. Comenzó a entrar en pánico por el enorme espacio vacío a su alrededor, después del cual regresó a su cama con un golpe. Cubierto de sudor frío se dio cuenta de que había tenido una experiencia extra corporal. Una muy desagradable.
"Creo que me quedaré en la Tierra por un tiempo después de todo", pensó. Cuando a la mañana siguiente, estaba caminando por fuera en el aire enrarecido, descubrió para su gran sorpresa que la venda se le había caído de sus ojos. El mundo entero estaba de pronto abierto y descarnado, y el anteriormente aire delgado de la montaña estaba preñado de un millar de ideas las cuales formaban el mundo material. Las ideas nacieron de material estancado y en las dos atmósferas el tiempo se había convertido en un fenómeno tridimensional. Era una creación extraordinariamente recíproca. Causas y efectos innumerables también se develaron ante él y debido a los muchos impulsos se tambaleaba como un borracho en el sendero de la montaña. Parecía como si su cuerpo causal se hubiera transformado en funcional.
"Antes de que la Luna finalizara la creciente, su conocimiento adormecido se despertará, pero primero la Muerte Negra te guiará al arrepentimiento", ahora recordó las palabras de Hermes.
"Pero eso significa que mi familia ha sido sacrificada por mí", se le ocurrió. "¿Eso es lo que quieren decir con la verdad desnuda: verdad que no es soportable para un ser humano?" Y se retorció de dolor al darse cuenta de la espantosa situación.
"¿Dios no tiene piedad?" se quejó. "Y si mi familia fue un títere en este juego, entonces, ¿qué soy yo? Todos somos sólo marionetas en una obra". Eran apreciaciones mordaces y por un minuto sintió un resentimiento enorme hacia el Creador todopoderoso.
"¿Pero quién soy yo para odiarlo a Él?" reconsideró rápidamente. "Soy un eslabón insignificante en la cadena" y se liberó de su odio.
"Interpretaré mi propio papel y dejaré que el grano se separe de la paja", decidió y con determinación el vidente, vuelto a nacer, escaló hacia la cima de la montaña. El breve torrente de información, el cual continuamente cambiaba de naturaleza, era aplastante para su sexto sentido y aún no podía controlarlo. Dejó que siguiera su curso y dio la vuelta sobre un acantilado sobresaliente para contemplar el paisaje hermoso, el cual se extendía al norte de la ciudad de Pau, pero nuevamente él captó una mínima información: Pau, Nay, Loron, más fuego que a sangre será. Pampon y Durance mantendrán encerrada la grandeza. El acertijo fue interrumpido desafortunadamente por nuevos símbolos e imágenes, las cuales lo hicieron tambalear.
"Voy a tener que aprender a caminar nuevamente", decidió con sorpresa.
Al día siguiente, Nostradamus dejó los Pirineos y viajó hacia la ciudad de Pau para averiguar sobre los nombres de Pampón y Durance en el municipio. Un funcionario del gobierno local lo recibió en su oficina y el barbudo médico le mostró su título de doctor para estar del lado seguro.
- Lo siento, pero no puedo ayudarlo con lo que busca -dijo el funcionario-. Tal vez el alcalde haya oído esos nombres. Tome asiento por allí un momento -. Michel se sentó en la recepción, en donde alguien estaba haciendo una estatua de arcilla. Siguió el proceso creativo desde una distancia, pero pronto caminó con paso suave hacia el artista para conversar.
- ¿Qué va a ser? -preguntó.
- La Sagrada Virgen María -el hombre respondió, sin pasión.
- ¿Y de qué será?
- De bronce -. Michel se sentó nuevamente en el banco a esperar y después de un rato, comenzó a sentirse molesto por la diligente ejecución de la estatua de la Virgen María. Finalmente se levantó, sin sosiego, y nuevamente caminó hacia allí.
- A este ritmo, se parecerá más a un diablo que a la Sagrada Virgen María -lo fastidió. El obrero se sintió muy insultado.
- Tendré que reportar su comentario -le gritó, pero la riña dejó frío a Michel. El alcalde finalmente apareció e invitó al erudito desconocido a su oficina.
- Pampon y Durance -dijo pensándolo bien-, el último es el mismo nombre que el río. Pero tendré que buscar en nuestros archivos. Vuelva la próxima semana y probablemente tendré más información para usted.
Esa semana al extranjero de repente lo agarraron del cuello en el municipio porque las autoridades lo acusaban de blasfemia. Nostradamus debió presentarse ante la corte. En el tribunal admitió que había hecho un comentario crítico al obrero, pero se defendió con el hecho de que solo comentaba sobre la ignorancia del artista, no sobre la misma Virgen María.
- ¿Tiene testigos? -preguntó el juez.
- ¡Por desgracia, no!
- Entonces su argumento no convincente. Yo lo sentencio a una semana en la prisión Nay. Y estoy siendo poco severo.
Michel fue llevado con esposas. Al final, la correccional en Nay estaba bajo renovación y por consiguiente los convictos fueron transferidos a la cárcel de Loron.
- Nunca antes encerré a un científico aquí -el guardia dijo.
- Será mejo que me dé un poco de agua y pan, antes de que me escape -Michel respondió con sequedad. El guardia se rió.
- En tres días Pampon estará aquí para relevarme. Extrañaré su humor.
- El humor no es mi lado más fuerte, pero ¿puedo preguntar cuál es su nombre?
- ¡Durance!
Después de su liberación, el erudito rechazado se encontró a sí mismo paseándose por un camino del bosque, en algún lugar de Charente, y pensaba en el simbolismo de todos los mensajes que había estado recibiendo desde arriba.
"Qué pasa si combino la información con astrología", pensó. "Entonces podría predecir con exactitud la fecha de las predicciones dentro de uno o dos días". Y estaba a punto de inclinarse para levantarse sus pantalones anchos, cuando una haya* le dijo que uno de ellos estaba por caerse. Alerta, él cuidadosamente dio un paso a la vez, cuando un árbol de castañas se destruyó en el camino, justo en frente de él.
- ¿Tratas de inspirarme? -el excéntrico tontamente preguntó. Después de pasar por encima del obstáculo, él cavilaba sobre la predicción que se había hecho realidad, discutió con él mismo su pureza y la comparó con los casos anteriores.
"Las profecías a corto plazo están mostrando temples de corcel", él descubrió, "pero para adentrarse en el simbolismo, necesito saber más sobre el tema. Qué mal no haber registrado los sueños lúcidos de mi juventud". De ahora en adelante él registrará todas las predicciones en un diario y de vez en cuando hará conexiones.
Después de caminar sin rumbo fijo por algún tiempo, él se enteró por un vendedor ambulante que el monasterio en el pueblo costero de Fécamp en Normandía tenía una linda casa de huéspedes. Los monjes allí eran muy compasivos; parecía un buen lugar para retirarse por un tiempo. Decidió seguir esas recomendaciones y se unió al monasterio, el cual estaba situado al fondo de los acantilados. La orden de los Benedictinos reinaba aquí y seguían las reglas de su líder espiritual desde el cuarto siglo después de Cristo. Nostradamus arrojó efusivamente su bolso marinero al suelo y el hermano Mabillon caminó hacia él y le preguntó en qué podía ayudarlo.
- Me gustaría quedarme aquí por un tiempo -señaló el visitante, mientras un tropel de monjes con vestiduras negras muy lentamente pasaron por detrás de él.
- Eso está bien. Nosotros esperamos que nuestros huéspedes sigan las reglas en forma estricta. En otras palabras: dormir, comer y trabajar con nosotros.
- Para mí está perfecto, porque necesito desesperadamente un poco de regularidad -respondió Michel con displicencia.
- No crea que será fácil -comentó el monje -. Se espera que todos trabajen duro desde las siete de la mañana hasta las siete y treinta de la noche. Después de eso, todos deben asistir a una conferencia. Y una pequeña oración se reza en cada hora. Todo esto los siete días de la semana. Ah sí, el desayuno se sirve a las seis en punto.
- ¡Excelente!
- Hay partes del día en que puede elegir su propia actividad -continuó el monje. Benoit Mabillon le asignó entonces una habitación a él, después de lo cual, todos cantaron la misa de las doce en punto. Tarde en la noche hubo una hora de recreación y Michel pudo ver el otro lado de Mabillon. Benoit mostró ser un monje divertido con tendencias rebeldes.
- Nuestro líder, Benedictus, rechazó tentaciones y riquezas materiales -él conversaba -. Nosotros también, por supuesto, pero tú en verdad deberías saborear mi poción de hierbas. Tiene agregado una buena cantidad de alcohol.
- Estoy ansioso -… Cuando llegaron a su oficina unos minutos después, el alegre Benedictino le sirvió un poco de la bebida casera.
- Esto es fantástico -dijo el huésped, después de beberlo de un trago.
- Eso es lo que pienso. Le he incorporado veintisiete hierbas y plantas raras de todas partes del mundo, -Benoit dijo con orgullo.
- Es una infusión rica; me encantaría aprender de usted. Probablemente podría usar su conocimiento de hierbas más adelante para combatir enfermedades.
- Ningún problema. Mañana después de las vísperas puede venir y observar en mi cocina. Oremos por el mundo entero; no sólo por nosotros mismos. En la misma forma, nuestro conocimiento debería ser compartido.
Poco a poco, Benoit le enseñó a su amigo a reconocer y procesar hierbas y Michel lo ayudó a descifrar antiguos estilos de escritura.
- Mira, aquí hay un texto sobre astrología, tu territorio -dijo Benoit, cuando estaban mirando una colección de libros juntos. La conexión con el afectuoso monje había llegado en el momento justo. Después de una etapa miserable en su vida, el médico comenzaba a curarse en cierto modo. Decidió quedarse y adherirse a las reglas estrictas del monasterio hasta el final del invierno.
Durante una hora libre, una tarde, Michel estaba sentado en lo alto de los acantilados y miraba fijo el horizonte del Océano Atlántico. La costa británica no estaba lejos.
"La fascinante ciudad de Londres debe de estar en algún lugar por allí", él lo sabía. Pero no se podía ver nada más que olas que bajaban a un ritmo constante hacia el Estrecho de Dover. El grito de las gaviotas llamó su atención. Estaban siguiendo a los botes pesqueros que habían jalado sus redes. De repente, una predicción le vino al observador, desde Inglaterra. Un triste suceso que sucedería en la isla. ¿Pero qué? No lo sabía aún. En un documento que le pidió prestado a Benoit, revisó las tablas astrológicas.
"La posición actual de las estrellas y los planetas no se repetirán hasta 1666", él calculó, mientras el viento agitaba las páginas. Con la lapicera en su mano, nuevamente reflexionó sobre el futuro desastre, el cual aún estaba poco claro.
"Tendré que comprar las herramientas de medición correctas, porque los cálculos del tiempo son muy amplios de esta manera". A continuación, escribió los conceptos y puso los cálculos al lado de ellos, en clave.
"Si esto cayera en las manos de esos detestables jueces de la religión sin disfraz alguno, estaré en grandes problemas. Ya he aprendido esa lección". Esa noche se fue a la cama contento. Bueno, antes del comienzo de alabanzas, fue bruscamente despertado de su sueño. Por lo menos, eso es lo que pensaba.
- ¡Fuego! -alguien gritó y nubes espesas de humo flotaban por su habitación. Michel estaba tan asustado, se cayó de la cama, salió y bajo corriendo las escaleras. La planta baja se estaba incendiando y parecía imposible extinguir el fuego.
- Isabelle, ¿dónde estás? -llamó, confundido, pero luego lentamente cayó en la cuenta de que su hija ya no estaba viva. En la planta baja, un horno de piedra quebrado se podía ver a través del humo denso. Estaba al rojo blanco, candente. Había sacos de harina rotos por todas partes.
"Esto no es un monasterio sino una panadería", se dio cuenta. "¡Estoy soñando!" Grandes llamas de pronto se dirigieron hacia él e interrumpieron su línea de pensamientos. Mientras huía, su comportamiento automático lo ayudó a mantenerse a flote y se preguntó si el cuerpo en el sueño podía quemarse. Con valentía dio la vuelta y puso su mano en el fuego.
- ¡Ay! -gritó de dolor y huyó hacia afuera.
"Aunque todavía creo que esto es un sueño", se mantuvo firme. El enorme mar de llamas se estaba expandiendo hacia otros edificios y Nostradamus observaba desde una distancia segura. Tenía curiosidad por averiguar en qué ciudad él había terminado. Cruzando la panadería había un puente impresionante, el cual él creyó reconocer a través de las pinturas. Era el Puente de la Torre de Londres.
- ¡No se quede parado ahí! ¡Venga y ayúdenos! -de pronto le gritó un inglés.
"No tengo problema para comprenderlo", pensó Michel, sorprendido. "Sospecho que en sueños, el idioma del corazón es el que se habla". Pero el observador francés no tenía noción alguna de cómo ayudar. Era un viajero en el tiempo, no un londinense. El fuego se expandía rápidamente por todas las casas de madera por completo a orillas del río, en donde se almacenaban cosas ligeramente inflamables. Los bomberos corrieron hacia la escena por ahora, pero la destrucción anterior de la rueda hidráulica junto al puente famoso había cortado el suministro de agua. No podían dominar el fuego. El viento que nunca cesaba empujaba al fuego hacia dentro de la ciudad y la ribera, junto con las muchas regiones a lo largo, se lo estaba devorando completamente. El soñador deambulaba por detrás del mar de llamas, siguiendo hacia el centro de la ciudad en donde los barrios ricos estaban amenazados. Los bomberos comenzaron a demoler las casas adyacentes (por la falta de agua), en un intento de contener el fuego. Finalmente, más de la mitad de la ciudad se había incendiado y la magnífica catedral de Saint Paul se vino abajo. Luego el viento se calmó y el incendio más grande en la memoria de la humanidad lentamente se extinguió. El viejo centro de Londres se había quemado.*

Un año después en Estrasburgo. Estaba lloviendo a cántaros y Nostradamus, quien aún deambulaba sin rumbo fijo, entró en un establecimiento donde la gente estaba tocando canciones populares. Los obreros balanceaban las jarras de cerveza al compás de la música y cantaban a grito pelado: "Borracho, loco y tonto, me sumergí en mi cerveza, bebí una jarra con René, bebí un barril con Renaud". El viudo lúgubre no pudo contener una sonrisa al ver tantos rostros alegres aunque un poco borrachos. Los músicos estaban tocando varios instrumentos. Había un órgano portátil, una flauta y un sacabuche. La siguiente canción de batalla incluía una pandereta.
- Amigos, bebamos otra vez -alguien bramó. Michel se sentó en una mesa con personas que efusivamente se mimaban en la bebida y por solidaridad él ordenó una jarra enorme. Se anunció una nueva canción: "Los Sonidos Sedientos". Después de una hora más o menos, el ambiente de la música cambió. Una viola transportó en forma gradual a la audiencia a un éxtasis y los sonidos se transformaron en algo sensual. Luego algunas mujeres ligeras de cascos aparecieron y comenzaron a seducir a los invitados masculinos. Los hombres les lanzaban miradas lascivas, pero Michel, aunque estaba sentado con ellos, estaba tan frío, calmado y sereno como ellos excitados. Eso apenas le interesó. Del otro lado del bar vio a un caballero distinguido, a quienes pensó que reconocía. El viejo canoso que usaba una boina estaba teniendo un debate con su compañero, un joven aristócrata. Desafortunadamente, sus rostros no se podían ver claramente en la poca luz, y, curioso, decidió mirar más de cerca. Cuando se acercó, aún no estaba seguro de quién era, hasta que de repente el anciano lo miró. Entonces lo supo.
- ¿Se le ofrece algo? -el hombre preguntó. Rulos peinados se asomaban por debajo de su boina.
- ¡Creo que eres Erasmus! -Michel respondió. Fue una grata sorpresa para el erudito holandés.
- Es lindo ser reconocido. ¿Y quién es usted?
- Soy el Doctor Nostradamus -. Al mismo tiempo pensó: "Qué gracioso, el gran pensador tiene una vocecita chillona". Erasmus lo miró cuidadosamente, pero no reconoció el nombre.
- Este es el Marqués De Florenville -él le presentó a su compañero.
- Tome asiento -dijo el Marqués. Michel le agradeció y se sentó.
- ¡Ajá! Ahora recuerdo -gritó Erasmus -. Creo que supe de usted durante un de mis viajes a Italia. ¿No eres ese doctor quien salvó la vida del Papa al aconsejarle que se encerrara en su casa durante una epidemia de la plaga?
- Sí, ese soy yo. Y tuve la oportunidad de admirar su retrato en la casa de Julius Scaliger.
- Ah, Scaliger -Erasmus suspiró -, aún tengo que contestar su carta -. La conversación entre los dos eruditos acababa de comenzar cuando dos damas del placer se acercaron a su mesa. Ellas notaron al hosco de Nostradamus y trataron de seducirlo. Las mujeres de vida alegre se sentaron con descaro sobre su regazo y le acariciaron la barba. La gente alrededor de él miró boquiabierta el encuentro llamativo. Los compañeros de mesa de Michel también tenían curiosidad de ver cómo reaccionaría.
- Es evidente que eres atractivo -bromeó De Florenville, pero, con rigidez, el primer luchador contra la plaga miró fijo hacia adelante. Las mujeres ahora le estaban besando la frente y provocativamente presionaban los pechos en su rostro. Solo la viola aún se podía oír y todos estaban sentados al borde de sus sillas. El ascético consumado, sin embargo, no tenía intención de rendirse ante alguna demanda lujuriosa y le susurró algo a los oídos. Después de eso huyeron gritando. Todos se quedaron sin palabras y se instaló un silencio doloroso en el lugar anteriormente festivo. Pero el propietario supo que hacer. Ordenó a los músicos que dieran rienda suelta y la atmósfera festiva pronto volvió a animarse.
- ¿Qué diablos le susurró a aquellas damas? -Erasmus y De Florenville preguntaron con mucha curiosidad.
- Que morirán de una enfermedad profesional en una semana -su compañero de mesa respondió secamente. Erasmus soltó una carcajada.
- Nada es tan punzante como tratar a las cosas tontas con tanta expresión seria en su rostro que nadie se da cuenta de que es sólo una broma.
- No fue una broma -explicó Michel. El marqués se sorprendió al oír eso y consideró al comentario muy subido de tono.
- En verdad usted, como médico, no puede hacer eso. Lo que acaba de decir no fue un diagnóstico sino una maldición.
- No fue una maldición, sino una predicción que se hará realidad. Sólo hablo con la verdad -el vidente respondió.
- ¿No me diga? La doctrina Cristiana prohíbe esos tipos de prácticas -De Florenville dijo con desdén.
- Entonces me gustaría señalarle los siguientes párrafos de la Biblia, ¡Señor el marqués! En Joel se señala que Dios cree que la gente reciba el don de la profecía y las visiones. En amos se expresa que Dios muestra sus decisiones a los profetas. En Deuteronomio está escrito que Dios condena toda forma de práctica oculta, con excepción de la astrología. En la Carta a los Hebreos se menciona que todo es visible y abierto. ¿Desea que continúe, Señor el marqués? - El imbécil engreído se calló la boca.
- He tenido muchas visiones desde mi juventud. También estudié astrología -Michel recalcó. El marqués esperaba alguna crítica por parte de Erasmus, su amigo erudito, después de tal jactancia, pero no se movió.
- No puedo decir nada acerca de eso -les señaló -. No tengo la habilidad de predecir el futuro y sólo pude hablar de mis propias experiencias -. De Florenville miró fijo hacia adelante con una expresión de pocos amigos en su rostro.
- Finalmente alguien con una mente abierta -el médico dijo entre dientes.
- Las mujeres tienen una debilidad por el oren religioso -dijo Erasmus-porque pueden hallar un oído receptivo entre la gente civilizada y pueden desahogarse y expresarse sobre sus maridos.
- Bueno, no voy a tratar de congraciarme con las mujeres -Michel denunció- ¡todo ese chismerío!
- Las damas lo juzgaron mal. Usted es la excepción a la regla, pero no de la peor clase. ¿A dónde fueron esas damas de todos modos? -Erasmus preguntó. Las damas que se habían ido regresaron y se estaban divirtiendo, pero jamás volvieron a acercase a la maldita mesa.
- La ignorancia es felicidad -el humanista continuó-. Un comentario simple es todo lo que se necesita para hacerlas feliz nuevamente y ellas comparten su suerte con muchos.
La conversación cambió a otro tópico. El pensador de Rotterdam resultó que tenía setenta años, una edad insólita. La edad promedio de vida rondaba por los treinta y cinco años. También le contó al médico que iba camino a Bazel.
- Entonces, ¿sólo está en Estrasburgo para tomar un descanso? -supuso Michel.
- En parte. Me van a honrar aquí mañana en el municipio por mi completo trabajo humanístico. Además, conozco al Señor De Florenville del círculo de erudito humanístico Jacob Wimpfeling, con quien he tenido el placer de entrar en muchas discusiones.
- Estrasburgo se ha convertido en un importante centro de artes literarias por lo de Wimpfeling -le informó De Florenville, quien estaba saliendo de su julepe.
- Por supuesto, y así fue como nos conocimos -acordó Erasmus-. Nos hemos mantenido en contacto desde entonces y El señor De Florenville es mi anfitrión servicial cuando visito esta ciudad -. Los tres compañeros de Mesa conversaron hasta tarde en la noche. Finalmente, el propietario les dijo a sus huéspedes que pronto se acercaría la hora de cerrar y los tres hombres bebieron una última copa de cerveza. Una vez afuera, se despidieron bajo un cielo seco. El anciano holandés señaló que le gustaría ver nuevamente alguna vez al médico clarividente.
- Existe una pequeña posibilidad de eso -dijo Michel. Él previó la muerte de Erasmus ese verano. El viejo humanista captó la indirecta y se vio ante su mortalidad, después de lo cual se dieron un cálido apretón de manos. Sorprendentemente, De Florenville invitó a su nuevo amigo a quedarse en su castillo por un tiempo. Nostradamus no tenía responsabilidades de ninguna clase y acepto la invitación. Después de todo, estaba en esa tierra para experimentar la vida.
Una semana después, el vidente, que viajaba en un carruaje distinguido, estaba camino al Château de De Florenville en Lorraine, una región cerca de Estrasburgo. Le llevó un buen rato al cochero encontrarlo. El castillo se encontraba oculto en un bosque oscuro y remoto. En la entrada del vasto estado había una torre de entrada, en donde anunció su llegada. El guardián abrió el portón alto sin pregunta alguna y permitió que en carruaje con el erudito esperado pasara hacia el patio delantero. Unos minutos después, el castillo se hizo visible a través de los árboles. Estaba situado sobre una isla que estaba rodada de un foso. El carruaje cruzó por el puente levadizo y se detuvo delante de los escalones que conducían al castillo. De Florenville salió en ese instante.
- Doctor Nostradamus, qué agradable verlo aquí -fingió. Era obvio que aún le molestaba al marqués que lo haya humillado delante de Erasmus.
- ¿Damos un paseo por el jardín del castillo primero? -sugirió. Su huésped estaba listo para estirar las piernas y acertó. De Florenville, entretanto, simulaba que todo estaba bien y lo llevó a un laberinto que estaba hecho con hileras de pequeños arbustos.
- Su lugar es magnífico -dijo Michel. Mientras el marqués le agradecía, se le ocurrió una pequeña idea desagradable y su mente flotaba junto con el viento.
"Me voy a divertir con esa clarividencia suya", pensó con astucia. "Lo voy a exponer ante la presencia de todos mis huéspedes". El hombre caminó por el laberinto, en donde una pequeña estatua de Marco Polo se construyó en el centro y funcionaba como el punto final al mismo tiempo. Después de eso, prosiguieron por un molinete hacia un huerto, en donde crecían varios tipos de árboles frutales. De Florenville luego le mostró el jardín de vegetales con toda clase de plantas exóticas. Había algunos cobertizos, con cerdos en uno de ellos; uno negro y uno blanco.
- Doctor Nostradamus -de pronto el anfitrión habló engreído-, usted dice que eres clarividente. ¿Puede predecir cuál de estos dos cerdos se va a servir en la cena esta noche? Tiene mi palabra de que no diré nada de esto a mi cocinero.
Se olía a engaño, pero Michel respondió sin vacilación: "Cenaremos el cerdo negro esta noche porque un lobo devorará al blanco". De vuelta en el castillo, De Florenville se fue derechito a la cocina e inmediatamente faltó a su palabra; ordenó al cocinero que carneara al cerdo blanco para la cena. El cocinero carneó al cerdo elegido y lo puso en un asador. Mientras estaba ocupado en la cocina, llamó al ayudante de cocina: "Grenouille, ¿me traerías algunas hierbas del jardín?" Y, al no recibir respuesta, comenzó a buscarlo. Pero a Grenouille no se lo encontraba por ningún lado y por lo tanto el cocinero salió él mismo a buscar algunas hierbas. Justo en ese momento, un lobo perspicaz de casualidad pasaba por ahí, entró a hurtadillas por la puerta abierta de la cocina, agarró el cerdo blanco y se lo llevo. Cuando el cocinero regresó y vio lo que había sucedido, estaba muy molesto y decidió no contarle a su amo. Sólo fue y agarró al cerdo negro, lo carneó y se las arregló para prepararlo justo a tiempo. Mientras tanto, los destacados huéspedes conversaban en la sala.
- ¿Han leído algunas obras de Wimpfeling? -el aristócrata preguntó.
- No, he estado ocupado fundamentalmente con las disertaciones científicas -respondió Michel.
- Bueno, se los recomiendo muchísimo…
- Gracias, tomaré en serio su consejo -amablemente contestó.
El marqués dio la bienvenida a sus huéspedes y los invitó a pasar a tomar sus lugares a la mesa. Durante los primeros platos, se debatieron todo tipo de temas, hasta que el dueño del castillo les pidió a todos su atención, justo antes del plato principal.
- Con el fin de alcanzar la profundidad necesaria en esta noche hermosa, me gustaría citar a mi amigo Erasmus: "La verdadera felicidad existe en las ilusiones que creamos de ella". Aunque estimo profundamente su lema, me gustaría agregarle a eso un trabajo extra divertido. Esta noche, dejemos que los tontos sueñen, porque de un momento a otro se servirá un plato delicioso que nos hará agua en la boca. Se acercará a la felicidad verdadera. Hablando de sueños, quisiera hacerles notar que tenemos a un profeta aquí entre nosotros-. Todos los huéspedes se miraron sorprendidos, se preguntaban de quién estaba hablando. Michel estaba sentado tranquilo; sabía muy bien lo que De Florenville tramaba: intentaba ridiculizarlo.
- Es el Señor Nostradamus -develó el anfitrión. Los aristócratas estaban todos nerviosos, al notar el tono de voz crítico y observaron al médico con recelo. -Y esta tarde mi huésped hizo una predicción sobre nuestro plato principal. Yo personalmente no creo en esa flagrancia, pero veremos si tenía razón. Nuevamente la pregunta clave, Señor Nostradamus: ¿se servirá un cerdo negro o blanco para la cena de esta noche?
- Será el negro -él mantuvo firme. Luego el marqués le dio la señal al cocinero para que pusiera el plato cubierto sobre la mesa, y en el momento crítico, saca la tapa. Para su desgracia, vio que era el cerdo negro.
- ¿Este no es el cerdo blanco quemado? -preguntó el marqués con desesperación, pero el cocinero honesto confesó su error y le contó que ese era en verdad el cerdo negro porque al blanco se lo llevó un lobo. Los invitados de la fiesta luego se rieron efusivamente del marqués quien había terminado haciéndose una broma él mismo. No miró a su huésped imponderable, quien recibió elogios por parte de todos durante el resto de la noche. El médico popular no tenía problema alguno para relajarse en el estado por varias semanas, disfrutar de la opulencia, hasta que su anfitrión no lo soportó más y le ordenó que se marchara. Al día siguiente el erudito abandonó el castillo en el aire sin lamento alguno.
Después de esa lujuria y extravagancia era el momento para la purificación y Nostradamus decidió visitar las montañas. Fue a los Alpes para percibir el aire puro de montaña. La naturaleza majestuosa de la Confederación suiza fue una buena experiencia y encontró que su corazón se expandía más y más. Su comprensión también aumentaba. El crecimiento era doloroso y difícil al mismo tiempo el sufrimiento y el placer están unidos.
- ¿Por qué es que la gente debe sufrir antes de poder disfrutar? -Michel gritó en voz alta, mientras él sólo cruzaba un tranquilo lago en la montaña. Pero el lago permanecía cubierto con un velo de silencio, mientras él remaba a un ritmo constante en la barcaza.
"Bien, creo que lo sé. Hemos derrochado nuestros talentos en nuestra juventud y ahora debemos pelear para reconquistar esa cualidad", se convenció él mismo.
- Dioses de montaña, díganme, ¿para qué lograr esa unidad con uno mismo? ¿Sólo para que después te echen a patadas del paraíso?
Pero las montañas no develarían su secreto y él sólo tenía a su ego para que le explicase los misterios de la vida. De algún modo se sentía celoso de las plantas y animales quienes pueden servirle mejor al Creador, siendo simplemente quienes son. Pero se consoló a sí mismo con el pensamiento de que la cualidad es sólo una cualidad si se crea a sí misma y él deseaba ardientemente observar la verdad desnuda a través de la fuerza de su propio poder algún día. Poco a poco comenzó a disfrutar de la vida nuevamente y con cada escalada de una montaña, cantaba sus elogios. Su recompensa sobre la cima de cada montaña era una mente clara y un panorama hermoso. En un punto cruzó el Rhône en Wallis.
"Ya sé a donde me están conduciendo", puso su búsqueda espiritual en perspectiva. "¡A Italia!" Y en agradable soledad, continuó su viaje hacia la tierra de la Iglesia poderosa. Semanas después, en las inmediaciones de Perugia, se topó con un grupo de monjes en un paso de montaña. Se dio cuenta, por su apariencia empobrecida, de que eran franciscanos. Los monjes, que usaban vestiduras grises, eran seguidores de San Francisco de Asís, quien predicaba la pobreza como un medio para acercarse a Dios. A medida que se acercaban, el hombre francés se hacía a un costado para dejarlos pasar y respetuosamente hacía reverencia con la cabeza. Con el rabillo del ojo, vislumbró a uno de los franciscanos y espontáneamente esbozó un grito de admiración. Se arrodilló y bajó su cabeza sobre los pies del monje sorprendido. Michel se sorprendió de su propia devoción y comprendió que había conocido a su superior.
- Vamos, no soy nada especial -el joven monje respondió, pero el vidente pude verlo muy claramente delante de él y dijo: "Sólo puedo someterme ante su Santidad. Una vez fuiste un porquerizo pobre, ahora eres un monje simple, pero algún día tu nombre brillará con letras de oro en el lugar más elevado de la cúpula de San Pedro en Roma. Eres el futuro Papa Sixto V". El monje sorprendido miró a sus hermanos inquisitivamente, pero ellos tampoco sabían qué pensar de eso.
- Muchos caminos conducen a Roma, mi estimado amigo. Y que el Señor nos acompañe a todos nosotros -le dijo y los franciscanos continuaron su camino. Después de su prolongado auto castigo, el viajante buscó refugio en la opulenta ciudad de Venecia porque un cambio de ambiente no causaría daño alguno. La ciudad había pasado su Edad de Oro y continuaba perdiendo más y más terreno conquistado. Sin embargo, tenía curiosidad por ver el puerto más grande del mundo occidental. Era la ciudad en donde los renombrados Marco Polo y Colón habían nacido. El último acababa de descubrir América. Un pequeño bote pesquero trajo a Michel a un puerto gigante, en donde docenas de barcos amarraban o anclaban. Algunas de las cargas exóticas de seda, especias y joyas extrañas habían estado en camino por años. Desembarcó con su equipaje y caminó pasando por sacos y cajones de embalajes con letras en chino y árabe, las cuales estaban enormemente apiladas.
"Parece que hay bastante acción por aquí", se rió entre dientes. Una gruesa capa de niebla envolvía a Venecia y los numerosos palacios, iglesias y canales apenas podían verse. Michel pronto encontró un alojamiento moderado y guardó sus pertenencias allí. Decidió dar una vuelta por la ciudad y bajó los escalones gastados de la pensión.
- Señor, olvidó su llave -el casero le comunicó.
- No necesito una llave -el erudito respondió en un italiano correcto- porque confío. Pero, ¿puede decirme cómo conseguir una góndola? - El italiano sugirió que a su sobrino probablemente le gustaría mostrarle la ciudad. Un poco más tarde, Michel estaba en una góndola, visitando los muchos canales conectados por muchos puentes.
- ¿Está de paso? -preguntó el sobrino.
- Sí y no. Creo que me quedaré un tiempo -respondió el francés.
- Entonces debe de tener mucho privilegio. No hay mucha gente que tenga tiempo, dinero e independencia.
- Tiene razón, pero el hedonismo es un prospecto distante -… Cuando pasaban por debajo del Puente de los Suspiros, el gondolero comenzó a quejarse.
- Mis sueños no se hacen realidad todavía. Anoche tuve otra pesadilla -… Pero su cliente no tenía ganas de escuchar sus quejas y dirigió su atención hacia la cantidad de tráfico en el agua.
- Este es el canal principal: el Canal Grande -el guía le explicaba, retomando el camino de su tarea - y por allí se encuentra el Puente Rialto. Después de un rato, Michel había visto los sitios más hermosos y le pidió que lo dejara bajar en el Palacio Ducal.
- Pronto habrá un carnaval, quizás le gustaría asistir -el gondolero propuso a la conclusión.
- No, eso no me interesa -el extranjero hermético respondió mientras le ponía una moneda en la bolsa y luego desapareció detrás del palacio desde el cual los Dux gobernaban la ciudad.

Había música en las calles y Nostradamus decidió dejar en paz a sus libros.
"Creo que me permitiré algo de diversión", pensó y dejó sus aposentos para observar el festival de cerca. Multitud de Venecianos avanzaban entre el alboroto afuera y ellos mismos habían decorado festivamente. Sus rostros estaban cubiertos con caretas, elegantes las cuales representaban a diferentes personajes, principalmente una parodia del erudito universal, el mercader elegante, el arlequín y la doncella provocativa.
"Y mañana se quejarán de las pesadillas porque esto seguramente no hace nada para aclarar la mente", el francés refunfuñaba. En la Plaza San Marco, el espectáculo de ensueño estaba muy animado. Estaba lleno de juerguistas y la música colmaba la gran plaza. Para escaparse del empuje entre la multitud, Michel caminó arrastrando los pies hacia los muelles y después de evadir un pilar alto con un león, llegó de algún modo a una plazoleta más tranquila, en donde vio a una dama fuera de lo común. Usaba una Estrella de David alrededor del cuello y estaba rodeada de niños pequeños, quienes estaban jugando alrededor con una mariposa hecha de vidrios de colores. Era la mariposa Gnóstica. Interesado, caminó hacia allí.
- ¡Qué hermosa mariposa! -expresó, pero estaba demasiado ruidoso para hacerse oír. La mujer lo vio acercarse y, sin decir palabra alguna, le entregó una careta de diablo. El gesto probablemente significaba que debía encajar con la gente de la fiesta y voluntariamente se puso la careta. Justo cuando quería preguntarle si pensaba que le quedaba bien, la intrigante mujer y todos los niños desaparecieron como por arte de magia. Miró en todas las direcciones, pero los asistentes a la fiesta bloqueaban su visión. Se sorprendió al descubrirla una vez más al lado de una vieja biblioteca y ella le hizo señas para que se acercara más. Sin palabras, se hizo camino entre la multitud, pero cuando llegó a la biblioteca, nuevamente desapareció y él se sintió avergonzado. La vio otra vez, con los niños. Estaban bailando en el Portón de Papel y él se abrió pasos a codazos hacia el edificio central. Pero cuando llegó al patio interno, todo lo que vio fueron las estatuas de Marte y Neptuno. Apresuradamente miró alrededor por todas partes. Allí estaba ella, subiendo rápidamente las Escaleras de los Gigantes; era evidente que ella estaba jugando a un juego con él.
- ¿Es esto alguna clase de ritual de carnaval? -le comentó siguiéndola, pero el sonido se desvanecía por el ruido alrededor de ellos. Decidió seguir el misterio, fue atraído hacia callejones y se encontró a sí mismo en un distrito más tranquilo. La dama misteriosa estaba ahora bailando con sus niños sobre una escalera de madera y desapareció en una de las viejas casas, las que se ensombrecían por la puesta del sol. Entró en un patio lleno de maleza con un pozo de agua, pero no había señal alguna de la mujer ni de los niños.
- ¿Hay alguien allí? -preguntó, pero no hubo respuesta alguna. Detrás del patio, él vio una puerta. La abrió y entró en una senda angosta que conducía al patio principal, el cual tenía varias puertas.
"¿A dónde me están conduciendo?" -se preguntó. En la primer entrada, la palabra Shalom estaba escrita y abrió la puerta. En la habitación había una mesa con un porta velas armado para siete velas ubicado en el centro. Recordó muy bien el menorah de su juventud.
- ¿Hola, hay alguien en casa? -llamó, pero no hubo respuesta alguna. La mujer y los niños se habían desvanecido en el aire enrarecido. De repente oyó el fuerte sonido de una trompeta de la ciudad y él sin sospecha alguna salió afuera para ver lo que estaba sucediendo. En la senda por la que él acababa de venir, no había nada que ver. La estridente trompeta volvió a sonar. Parecía que venía de la plaza San Marco y decidió regresar allí. En el camino notó que todas las calles estaban sorprendentemente vacías. La ciudad parecía desierta, excepto por unos pocos aldeanos disfrazados, quienes huían por miedo. Detuvo a uno de ellos y le pregunto porqué estaban todos huyendo.
- El carnaval ha sido prohibido por decreto -el hombre expresó con parsimonia.
- ¿Por los Dux?
- Ellos no existen más -y el veneciano se largó. El erudito se apresuró y llegó a la plaza San Marco, en donde quedaban sólo rastros del carnaval. Alarmado, miro a su alrededor. Incluso el pilar con el león desapareció. En su lugar se erigía una nueva estatua, un caballo con una figura heroica sobre el lomo. Su nombre era Napoleón Bonaparte.
- ¡Atrapen a ese hombre con careta! -alguien gritó de repente. Michel se dio vuelta y vio a un grupo de soldados franceses quienes se dirigían hacia él. Instintivamente, su compatriota saltó en el aire y logró evadir a la guardia volando. En poco tiempo, había soldados por todas partes y señalaron al presunto asistente a la fiesta, quien permanecía por encima de los techos.
- No podrá permanecer allí por mucho tiempo -dijo un oficial y habían bloqueado varias calles de la zona. Nostradamus vio el creciente peligro e intentó huir hacia el mar, pero inesperadamente, la gravedad lo alcanzó y comenzó a descender. Una compañía de soldados corrió hacia el embarcadero para agarrar al transgresor de la ley por el cuello. La situación se tornaba difícil y Michel flotaba hacia abajo apretando los dientes. Justo a tiempo logró transformar la caída en un deslizamiento y finalmente cayó en el agua del puerto. Los soldados trataron de atraparlo, pero él se sumergió en lo profundo del agua y luego se ocultó entre los botes amarrados.
A la mañana siguiente el viajero reflexionó sobre las situaciones de sueños confusos en el parque arbolado de Zan Zanipolo. Esta vez había perdido completamente el contacto con la realidad y ni siquiera sabía desde qué día. La deslumbrante ciudad lo había confundido.
"Napoleón", recordó. "Pero pasarán varios cientos de años antes de que este emperador, en realidad, asuma el poder", calculó y tomó nota en su diario.
"Es verdaderamente milagroso pensar que todo y todos ya existen esperando la oportunidad de manifestarse. Y aquella dama intrigante: ¿trataba de ofrecerme algún tipo de comprensión? O ¿Trataba de protegerme del peligro francés?" En cualquier caso, el peligro había pasado. Volar fue algo que Nostradamus había hecho bastante en su sueño, pero nunca antes en el futuro. Qué mal que aún tuviera tanto ego. En los momentos más cruciales, soplaba y se hundía nuevamente.
- Mañana es el primer día del carnaval, señor -un jardinero mencionó de repente. El erudito le dio un saludo amigable con la cabeza.
"Sólo imagina si aquellos seguidores de Napoleón hubieran logrado atraparme", él cavilaba mientras ramas cortadas caían alrededor de sus pies. "Me pregunto ¿qué habría sucedido entonces? Si quiero estar seguro en el futuro, tendré que estar más consciente en mis sueños, porque cuánto más alto voy, más dura la caída será." El jardinero, quien estaba arriba del árbol podando las ramas, le advirtió que se saliera del camino de la caída de una rama grande.
"¿Cuándo se cambió la realidad en ese sueño?" Michel continuó cavilando y decidió que desde entonces en adelante saltaría en el aire todos los días para probar la gravedad. En los mundos más elevados apenas si hay gravedad, lo sabía. Cuánto más alto el mundo, menor era la gravedad. El erudito se levantó, se sacó las hojas de su ropa y dejó el parque. Hasta ahí, la locación había sido lo que provocaba sus profecías, pero pensó que debe de ser posible, un día, visitar el mundo entero de un lugar.
Después de algunos meses en Venecia, Michel comenzaba a anhelar un cambio; quería viajar algo más. Se había registrado en una compañía naviera e iría en el primer barco que dejara el puerto. Tres días después, empacó sus cosas y se fue al barco de tres mástiles que recién había llegado y estaba anclado al lado del astillero. El barco mercante holandés, comandado por el Capitán Pelsaert, se usaba generalmente para el comercio, pero esta vez había poco cargamento y los pasajeros que pagaban eran bienvenidos. Michel caminó en zigzag a través de un grupo de carpinteros hacia la goleta que tenía un marinero de guardia en la rampa. "La Providencia" se veía esbelta comparada con los barcos grotescos y desgarbados del siglo anterior. Una fiebre por descubrir el mundo había brotado entre los portugueses y los españoles, y la industria naviera había estado progresando rápido.
- Ahoy, pasajero Nostradamus -saludó al marinero de guardia. El marinero le dio una mirada hosca, revisó una larga lista de nombres y luego comenzó a hablar en holandés. Michel hizo un gesto como que no comprendía, a lo cual el tripulante le respondió: "No Nostradamus".
Michel le pidió la lista.
- Ve, ese soy yo, -le dijo señalando su nombre y pronunciando cada letra. El holandés hizo un ruido fuerte con la nariz e hizo un gesto de dinero: "Blijckende penning, ping ping". El francés pagó los costos del viaje por adelantado y paso a paso subió la rampa del buque a vela.
- Tesorero sabelotodo -farfullaba con desdén mientras abordaba y caminaba hacia un puñado de pasajeros quienes estaba aguardando instrucciones del principal.
- ¿Se dirige a Malta por negocios también? -un tipo prepotente preguntó, a lo cual negó con la cabeza tristemente. El veneciano comprendió que no iba a llegar a ningún lado con este tipo y comenzó a parlotear con una dama solitaria.
- Lindo buque, ¿verdad, Madam? Llevó tres meses construirlo.
- ¿Tanto tiempo? -ella preguntó. Luego el sujeto se puso a dar explicaciones elaboradas sobre lijar madera, antes de que el Capitán Pelsaert pidiera a todos que prestaran su atención. Les dio la bienvenida a los pasajeros en italiano y les dijo que acababan de traer a la costa una carga de porcelana de Delft y ahora estaban llevando especias a Sicilia. El buque era de Ámsterdam, la ciudad que se estaba tornando enormemente popular. Los holandeses comerciaban pimienta, nuez moscada, clavo de olor, té chino, café, azúcar y, por supuesto, queso. Un miembro de la tripulación llamó al capitán durante su pequeño discurso y se retiró. "¿De dónde venía ese olor putrefacto de repente?" Aparentemente, la marea estaba justo para salir. Soltaron amarras y la goleta fue guiada cuidadosamente fuera del puerto por algunos botes a remo. Una vez ubicada en la salida, el foque se abrió como vela principal y el barco se adentró en mar abierto ayudado por una leve briza. Nostradamus puso sus pertenencias en su camarote y nuevamente percibió una ráfaga de un olor nauseabundo. Uno de los miembros de la tripulación le señaló que el barco había transportado esclavos en los días anteriores. El olor de destrucción era intolerable bajo la cubierta y Michel volvió rápidamente afuera a la briza fresca del mar, en donde los pasajeros le daban un adiós sentimental a una Venecia que se desvanecía de a poco.
"Prefiero enfrentar el futuro", pensó, satisfecho con él mismo y paseaba por la cubierta hacia el frente del barco. En la proa, él profundamente disfrutaba de la gran vista, mientras la proa cortaba el agua del mar haciéndola espuma.
"Se siente como si fueras un pájaro que está volando así por encima del mar", imaginó. Después de relajarse por un rato, regresó al castillo de popa. Vio a Pelsaert parado en la cubierta adelante, en donde el timonel acababa de hacerse cargo del timón.
"Un buen momento para conocer al capitán", pensó Michel, y se dirigió hacia él.
- ¿Viene a asegurarse de que estamos manteniendo el barco en curso? -Pelsaert preguntó.
- Por supuesto. Pronto pasaremos por una isla de sirenas y tengo curiosidad de ver si puede resistírseles por completo.
- ¿Ha estado leyendo "La Odisea" de Homero? -supuso el capitán.
- Sí, ¡pero sólo en griego!
- Bueno, bueno, tenemos un erudito abordo. Yo también puedo leer, sabe, pero no tengo mucho tiempo para eso. Leer mapas, por supuesto, es algo que hago regularmente. ¿Le gustaría ir a mi camarote y ver mi colección de mapas? - Michel aceptó la invitación y conversaron mientras caminaban hacia las habitaciones más amplias a bordo. Pelsaert tenía un aliento increíblemente hediondo y todo su camarote estaba impregnado de ese olor. El médico estaba por aconsejarle que se enjuagara la boca con alcohol, pero se detuvo.
"Tal vez en nuestro próximo encuentro", pensó. El capitán le expuso un mapa del Mar Adriático sobre la mesa delante de él.
- Ve, así es como estamos navegando alrededor de la bota de Italia -y trazó la ruta para él-. Justo aquí tenemos que cuidarnos de los piratas.
- Mapa interesante -su huésped comentó.
- Del cartógrafo flamenco, Gerardus Mercator. Tengo algunos más de él -y con orgullo sacó de un baúl varios mapas de mar y tierra-. Estos son los mejores que hay -continuó- y han sido desarrollados con un nuevo método de proyección. Hay muchos errores en los viejos mapas y dicen que es por eso que Colón tomó le ruta equivocada cuando trataba de encontrar un camino alternativo hacia la India.
- Bastantes ingeniosos, esos mapas -Michel acordó -, pero la posición del barco puede medirse mucho mejor usando las estrellas -. Pelsaert se rió, seguro de sí mismo.
- Por supuesto, sin el Jacobstaf estaríamos perdido -, y tomó de un cajón un instrumento extraño que podía medir las estrellas.
- Ve, además del ángulo de inclinación marca los grados de latitud -explicó.
- El aparato debe de señalar hacia la estrella polar -supuso el huésped.
- Entonces, sabe además algo sobre las estrellas -Pelsaert dijo mientras guardaba el Jacobstaf.
- Sí, algo, durante años estudié astrología.
- ¿Y qué opina de esto? -preguntó el capitán, mientras ponía una jarra con el rostro de un hombre barbudo sobre la mesa. Se suponía que el rostro debía parecerse a él, pero no se asemejaba mucho a él.
- Este… no estoy loco por eso -Michel respondió con toda honestidad. Pelsaert reaccionó un poco de mal humor y le dejó saber que era tiempo para él regresar al trabajo, pero no antes de que tratara de impresionar a su huésped con una colección de centavos de plata. Las piezas de plata eran verdaderamente hermosas. El erudito agradeció por ese encuentro interesante y luego decidió quedarse un poco más de tiempo afuera en el viento. Cuando oscureció, todos fueron a sus camarotes, mientras el barco suavemente se balanceaba arriba y abajo. Durante la noche las olas se hicieron más grandes y la fuerza del oleaje golpeaba violentamente a la goleta. Eso impidió que Michel pudiera dormir. Después de un rato se sintió mareado y el hombre polifacético se culpó a sí mismo. Después de cuatro días finalmente navegaron por alrededor de la bota de Italia y Sicilia se encontraba en el horizonte.
"Tal vez debería desembarcar aquí", consideró Nostradamus. "Jamás me acostumbraré al movimiento de un barco." Esa noche se les sirvió a los pasajeros una papilla bizarra para cenar en la galera del barco; se llamaba hutspot*.
- Bueno para mantener alejados a los monstruos marinos -dijo el cocinero y les sirvió a todos una generosa porción.
- ¿Hay monstruos marinos por aquí? -alguien llamado Giuseppe preguntó atemorizado.
- Por supuesto, hace un mes tuve que huir del Kraken. Un gigantesco monstruo marino que puede hacer dar una vuelta de campana a un barco entero.
- ¿Y hutspot nos protege de eso?
- A los monstruos no les gusta el hutspot -aclaró el cocinero y después de eso Giuseppe inmediatamente devoró el plato.
- Tonterías -un cura católico, camino a predicar en Malta, interrumpió-, ¿vio personalmente a ese monstruo, a quien supuestamente no le gusta el hutspot?
- Bueno, en realidad no, estaba en la cocina -el cocinero se defendió.
- Todo se basa sobre cuentos, que se exageran por temor e ignorancia -continuó el cura y el grupo de compañeros de mesa suspiró aliviado.
- El Kraken, ¿no es algún tipo de pulpo gigante con tentáculos enormemente largos? -Nostradamus luego resumió.
- Sí, exactamente, ve, yo tenía razón, incluso nuestro erudito lo dice -el cocinero felizmente respondió.
- Creo que tal vez no viaje hacia Malta mañana -Michel rápidamente anunció y el pequeño grupo de pasajeros nuevamente se puso nervioso.
- Pero ya saben, es mucho mayor la posibilidad de ser atacados por piratas -el cocinero mencionó.
- Bien, ya basta de cuentos de miedo -el cura lo reprendió-, una dama ante nosotros está presente -.
Mucho tiempo después de la cena, en la madrugada, el barco entró en la bahía de Siracusa y el ancla se cayó. Michel se estaba dormitando en la cama con mucha fiebre y se preguntó qué le estaba pasando.
"¿Estoy mareado o fue el hutspot?" se preguntaba. La comida holandesa le cayó como una piedra en el estómago. Un viajero del mismo camarote oyó sus quejidos y le informó al medico del barco. Entró balanceándose medio dormido para revisar el caso. El capitán, que no podía dormir, también se acercó y tiró su aliento hediondo sobre el paciente.
- Enjuáguese la boca con un elixir bucal tres veces al día -Michel de repente despotricaba delirantemente.
- Está diciendo sandeces -el médico del barco observó tristemente-. Tendrá que desembarcar lo antes posible. Estará mejor atendido en tierra-. Temprano en la mañana el paciente fue llevado a tierra y desde allí fue trasladado a un hospital en Siracusa. La Providencia terminó su viaje hacia Malta ese mismo día.
Después de días de enfermedad, el doctor siciliano aun no podía resolver que pasaba con su paciente francés, quien estaba temblando como una hoja.
"Será mejor que realice una sangría para dejar que fluyan hacia afuera todos los jugos malignos", él pensó.
-¡No! -protestó Nostradamus fuertemente cuando agarraron su brazo. El siciliano se asustó y se abstuve del tratamiento. A pesar de algunos momentos de lucidez, Michel estaba luchando muy duro tratando de ordenar sus pensamientos. Le costó mucho esfuerzo y perdió el conocimiento. La fiebre alta continuaba y el médico del lugar nuevamente decidió recurrir a la sangría, hasta que de forma inesperada un árabe le dio un golpecito en el hombro.
- Quiero que este hombre se recupere en mi casa porque hay demasiado ruido aquí para él. Asumiré toda la responsabilidad.
- ¡Ah, Sr. Al-Ghazali! -el médico exclamó moviéndose rápidamente. El paciente fue trasladado a una casa espléndida sobre el mar en donde una mujer de modales suaves lo cuidó con gran devoción. El cuidado, el agua de mar y la quietud hicieron maravillas por él y la fiebre finalmente comenzó a disminuir. Unos días después, se puso de pie y el benefactor misterioso vino a verlo.
- Veo que hay progreso -dijo el hombre de ojos marrones oscuros.
- Sí, absolutamente, pero, ¿quién es el que me ha ayudado tan generosamente?
- Yo soy Abu Hamid Al-Ghazali*, pero mi esposa, Fátima, es la que hizo todo el trabajo. Yo sólo ordené que lo trajeran aquí.
- Bueno, usted salvó mi vida -Michel le agradeció. El rescatador se mantuvo obsequiosamente silencioso, mientras de fondo el oleaje se oía placenteramente.
- Ninguno de los dos somos de origen siciliano -Abu comentó después.
- Sí, estoy de acuerdo, soy de Francia, ¿y usted?
- Bagdad, Persia -contestó el árabe, quien estaba vestido de lana de la cabeza a los pies.
- ¿Cómo terminó en esta isla?
- Mi esposa y yo nos establecimos aquí porque hay una sensación de espíritu libre aquí. Pero ahora debo dejarlo porque es tiempo de nuestras oraciones. Nos volveremos a ver pronto. El musulmán salió de la habitación y el paciente enfocó su atención en el mar y siguió el movimiento de las olas. Al día siguiente se encontraba lo suficientemente fuerte para compartir la comida del mediodía con Al-Ghazali y s esposa.
- Lo hermoso de Sicilia es que las culturas árabe y cristiana pueden encontrarse aquí -Abu dijo, al pasar. Su huésped asintió con la cabeza, mientras la humilde Fátima ubicaba algunas fuentes sobre la mesa.
- ¿Extraña su pueblo natal en Provenza? -el musulmán continuó.
- No, verdaderamente no, me fui de allí hace muchos años y ahora viajo por todas partes.
- Creo que usted está siguiendo el camino del corazón…
- Me ha comprendido rápidamente -contestó Michel sorprendido -. ¿Y qué es lo que lo mantiene ocupado?
- Trato de vivir conforme a las doctrinas del sufismo, un movimiento místico dentro del islam. También publico obras en mi lengua natal.
- Qué pena que no hable árabe porque me habría encantado estudiarlas. Pero tal vez usted podría contarme algo sobre sus libros -. Abu lo meditó por un minuto, mientras su esposa traía un plato caliente.
- El elixir de la felicidad es el título de mi obra más reciente -le dio luego como ejemplo.
- Ah, creía que el islam se basaba sobre el sometimiento -comentó Michel.
- No, no en absoluto. Muchos musulmanes probablemente lo creen así, pero el Corán y las reglas estrictas del Shaira son sólo apariencias exteriores. El verdadero mensaje de Alá es el amor.
- También es el mensaje que me salvó de un destino precario.
- Debe de estar bendecido, mi estimado amigo.
- No me he dado mucha cuenta de eso en los últimos años -su huésped refunfuñó.
- Bueno, la vida no es siempre lo que parece y siempre nos somete a pruebas difíciles. Pero quizás pronto entrará en su vida una mujer que de algún modo le suavizará el camino -. Fátima, entretanto, servía la sopa y la pareja árabe comenzó a comer en silencio. Debido a su presencia apacible, no hubo impulso alguno para hablar más y su huésped pacíficamente disfrutó la comida con ellos. Después de una semana, se sentía fantástico y era tiempo de seguir viaje.
- ¿El águila está a punto de remontar vuelo nuevamente? -Abu preguntó cuando el médico recuperado quería verlo. El último sonrió dócilmente.
- ¿Cómo puedo agradecerle?
- Vive, eso es suficiente -el musulmán respondió desde su corazón. Michel lo abrazó y le ofreció dinero, pero Abu se rehusó rotundamente. El francés también agradeció a su esposa y luego estaba en camino; sólo otra vez.
La parte sur de Sicilia consistía de llanuras pintorescas, pero cuando la mirada se dirigía hacia el norte, se podía ver al Etna, el volcán más grande de Europa, que se eleva amenazantemente en medio del paisaje. En la ciudad de Siracusa, Nostradamus descubrió que el área alrededor del volcán había sido golpeada nuevamente por terremotos. Durante el año pasado, una gran columna de humo ya se había visto por encima de la cima, la cual estaba cubierta de nieve. Su interés en la montaña se despertó y se propuso así mismo planear escalarla. Profundamente examinó su condición física por el compromiso riesgoso.
"Todo parecía estar funcionando apropiadamente", él decidió con la última flexión de rodilla y compró un viejo sombreo de oficial como protección del sol abrasador. Durante la caminata hacia el volcán, él paso sus noches en granjas hospitalarias. Cuando cruzó muchas llanuras, el nivel de la tierra comenzaba a elevarse seriamente. El viaje se tornaba más pesado y el Etna se hacía más grande. El suelo alrededor de la base del volcán se había tornado muy fértil. Los sicilianos cultivaban allí cítricos, olivos, uvas, higos, trigo y cebada. Evidentemente el volcán se llevaba vidas pero también daba vida. Michel visitó una última granja y preguntó por la situación del Etna.
- Tiene que estar loco para escalar esa montaña por placer -el granjero frunció el ceño.
- Ansío el peligro.
- Bueno, es su vida -y el granjero le explicaba a él la mejor ruta para escalar.
Al día siguiente, el excéntrico dejó la civilización detrás. Pronto llegó a algunos pinos que crecen alrededor del gigante rocoso. Se orientó él mismo, comió una naranja y continuó su viaje por el bosque, el cual rápidamente se tornó en una roca desnuda. El suelo ahora considerablemente se empinaba cada vez más y el aventurero tenía que detenerse para recuperar el aliento. En la distancia vislumbró la bahía de Siracusa. Los barcos se veían como pequeños agujeritos.
"Tan pequeño y vulnerable; me recuerda a los humanos", él filosofaba y estaba listo para colocar la bolsa sobre su espalda otra vez.
"Estoy tan solo", de pronto se lamentó. "Extraño a mi familia en incluso a mi propio país". Y de repente al extrañar terriblemente a su familia y a su lugar natal, inclinó la cabeza.
"Está bien, no es momento para ponerse sentimental"; mientras colgaba de una ladera de la montaña empinada. Y, decidido, continuó su camino. A su izquierda pudo ver un agujero con lava y vapores de agua que emanaban de el y flotaban en el aire.
"Fuego, tierra, agua y aire. Tal vez es por eso que estoy aquí; para experimentar los componentes básicos de la vida". El Etna parecía bastante seguro. De acuerdo con el último granjero, no se había producido una nueva erupción en años. Sin embargo, el volcán despedía mucho humo, el cual se podía ver por todas partes en la zona.
- Te quedarás tranquilo, ¿verdad? -Michel continuó escalando, pero palideció cuando oyó una fuerte explosión mientras expulsaba una nube de humo. El polvo del volcán emanaba de una de las paredes laterales, pero no era una erupción del cono central.
"Todo está bien: ¡falsa alarma!" Después de mucho esfuerzo, llegó a la parte nevada, dono nada crecía, excepto por espinos raros. El solitario miró hacia dentro de las profundidades y vio ríos de magma que fluían de varios costados.
"Parece de terror. ¿Estoy siendo imprudente?" se preguntaba. Pero el clima era bueno y debe ser posible. Finalmente, alcanzó la cima y el poderoso cráter emergió. Una vez que había escalado el costado de el, lo invadió un temor helado incontenible. Perdió el equilibrio y casi se cae en la grieta. Justo a tiempo, plantó su pie y se sujetó fuertemente del suelo. Su sombrero de oficial se cayó y revoloteó hacia dentro del abismo.
- ¡Eso estuvo cerca! -él habló entre dientes, aliviado, mientras su sombrero yacía a cientos de metros debajo de él en el fondo del cráter.
"¿Por qué el miedo se apoderó de mí repentinamente?" se preguntaba. "Tuve escalofríos por todo el cuerpo. ¿Es el temor a las alturas? O ¿Es el aire enrarecido o el vapor de azufre?" No tenía idea alguna en realidad. Recuperado de su horror, con cuidado continuó y logró disfrutar la belleza extraordinaria de la naturaleza. Después de pasar algún tiempo en la cima, el escalador comenzó a sentir escalofrío y comenzó su descenso. Una vez que había llegado al pie del volcán a salvo nuevamente, decidió dirigirse hacia el norte. Esa elección le costaría cara porque probó ser un sendero increíblemente difícil, el cual se extendía a lo largo de una cadena de montañas irregulares. Le llevó semanas hasta que finalmente llegó a la ciudad portuaria de Palermo, terriblemente agotado y allí dio una vuelta por un rato.
"Todo este viaje no está animando a mi corazón exactamente", él pensó, con desánimo. Y cuando se encontró en la catedral normanda y asistió a la misa, supo con seguridad que quería regresar a Francia.
Nostradamus encontró un barco portugués que lo llevaría a Marsella. Después de tres días de navegación, el imponente acantilado de piedra caliza se asomaba y los majestuosos fuertes de Saint Jean y Saint Nicolas que aún se encontraban allí protegiendo a la región. El barco lentamente entraba a puerto, en donde parte del muelle estaba bajo el agua debido a una marea alta poco común.
"Eso podría causarle problemas para Rhône", el científico cavilaba mientras observaba por encima de de la verja de hierro. Después del desembarco, él encontró un lugar donde quedarse en Canebière, un distrito ubicado en el centro de Marsella. Luego decidió celebrar su regreso a su tierra natal en uno de los muchos restaurantes de mariscos alrededor del puerto.
"Pronto iré a visitar a mi familia", pensó con regocijo mientras se sentaba en una terraza sobre el muelle que había comenzado a secarse. Un mesero se acercó para tomar su orden.
- Buenas tardes. ¿Qué se va a servir?
- ¿Tiene lenguado en el menú?
- Ningún problema, como usted puede ver, nadan por aquí -el mesero bromeó.
- Está bien, me gustaría uno salteado en manteca por favor. Muero de hambre.
- ¿Algo para beber?
- Sí, tomaré una cerveza -decidió el huésped solitario con humor de celebración.
- Probablemente me equivoque, pero ¿no es usted el famoso médico de aquellos días? Este…Notre, o Nostre….
- ¡Nostradamus! Sí, soy yo. Que agradable que me conozcan después de todo este tiempo. He estado de viaje por años y hoy acabo de llegar.
- Entonces, llegó a tiempo -el mesero dijo, de repente serio.
-¿Qué está pasando?
- Bueno, pasa que hemos tenido las mayores inundaciones de nuestra historia. Se ha inundado todo el delta Rhône debido a semanas de lluvias en los Alpes y el excedente del agua de río no tenía lugar alguno donde ir por el nivel del mar extremadamente alto. Para colmo de males, se identificado un caso de plaga.
"¡Vaya!, eso podría ser una combinación desastrosa", Michel comprendió e inmediatamente pensó en su familia en Saint Rémy, por donde pasaba el río.
- Muchas personas se han ahogado -el mesero explicaba detalladamente-. A los sobrevivientes les robaron todas sus posesiones y casi todos quedaron si hogar. Los caminos han sido dañados y el ganado flota muerto en los ríos.
- ¿Ha llegado a Saint Rémy?
- Sin duda. Todo Camargue se ha inundado y la región es apenas accesible, o totalmente inaccesible.
- Pero eso quiere decir que las personas no tendrán acceso jamás al agua potable segura -habló entre dientes.
- No sé sobre eso, pero este desastre está ahora en manos del gobierno provincial y están buscando personas con experiencia médica. Necesitan desesperadamente un médico de su calibre.
- Bueno, me arremangaré -dijo el médico-. Será mejor que me traiga una comida simple, en lugar del lenguado, porque ya no estoy de humor para una celebración -. Un rato después se presentó él mismo ante las autoridades locales e inmediatamente le habían asignado dos asistentes.
Después de que el nivel del agua había comenzado a descender, los tres partieron hacia la región del desastre, a caballo, para evaluar la situación y ofrecer Primeros Auxilios.
- Hombres, sólo para refrescar sus memorias: nuevamente mi plan de ataque -Nostradamus les dijo-. Lo único que podemos hacer por estas personas en este momento es convencerlos de que el agua de siempre no es apropiada para consumir, ni siquiera para higienizarse. El agua segura es el agua hervida o el agua de lluvia que se ha juntado en toneles limpios. Cuando regresemos, haremos píldoras de pétalos de rosa y luego las distribuiremos a tantas víctimas como sea posible -. Los dos hombres escucharon atentamente. Llegaron a Rhône antes del mediodía y ya encontraron varios cuerpos que flotaban en el agua y los caballos comenzaron a ponerse tozudos. Entonces se bajaron y ataron a los animales a un árbol.
- Vamos a ver qué fue lo que mató a estas pobres almas -dijo Michel y juntos caminaron hacia la orilla, en donde, con un palo, tocaron un cadáver que estaba flotando a lo largo de la orilla.
- Trata de darlo vuelta, entonces lograré verlo mejor -solicitó el líder. Después un poco de intentos torpes, sus ayudantes lograron darlo vuelta al cadáver y vieron un rostro cubierto de abscesos horribles.
- ¡La Muerte Negra! -se estremecieron.
- Será mejor que continuemos, los caballos se acostumbrarán a esto -dijo el médico en tono grave. La primera aldea inundada a la que llegaron, con gran dificultad, resultó haber sido afectada simultáneamente por una invasión de plaga. Las calles estaba anegadas y los cadáveres de animales y humanos flotaban en los charcos. Las noticias del desastre comenzaban a tomar forma y Nostradamus temía que esta era la mayor catástrofe que jamás había experimentado en su vida. Era doloroso para ellos tener que mirar a los aldeanos quebrados, pero después de darles la información sobre el agua no había nada más que ellos pudieran hacer por todos y continuaron su camino. Entre Grand Rhône y Petit Rhône, había charcos de muerte y los caballos continuamente se negaban a continuar. En todas las aldeas siguientes, la situación resultó ser la misma. La Parca había hecho su trabajo y la única elección era morir ahogada o por la plaga. En la aldea de Ulain, el temor reinaba y algunos de los sobrevivientes se sujetaban fuertemente de los tres jinetes en la desesperación. Michel tenía la mayor dificultad para mantener el control sobre su montura y ordenó que lo soltaran.
- ¿Qué hacen ustedes aquí entonces? -aclamaron en la desesperación.
- ¡Les traemos consejos sobre cómo usar el agua! -contestó el doctor.
- ¿Sólo nos traen palabras?
- Sí, pero si sigue mi consejo, tienen una buena oportunidad de mantenerse vivos.
- Váyanse al diablo -se burló otro aldeano y de pronto comenzaron arrojar piedras y palos. El trío montado huyó apresuradamente. Después de haber pasado rápidamente por docenas de aldeas, llegaron a la bifurcación en donde Petit Rhône se dividía de su hermano grande. Michel conocía esta zona como la palma de su mano y pronto estarían cabalgando hacia Saint Rémy, su lugar de nacimiento. La población resultó ser diezmada.
"Me pregunto si veré vivo a algún miembro de mi familia", pensó tristemente, dejó a sus hombres y cabalgó hacia Rue des Remparts, en donde la casa de sus padres se veía desierta. De todos modos se bajó del caballo con la esperanza de hallar una señal de vida. Pero no encontró persona alguna y decidió ir al municipio por información. El único funcionario allí sabía que uno de sus hermanos mantenía una casa que estaba a punto de derrumbarse a orillas de la ciudad. Nostradamus inmediatamente montó de un salto a su caballo y galopo rápidamente hacia allí. Un momento después, vio a Bertrand parado allí y sosteniendo un poste de madera en sus brazos.
- Michel, estás vivo -su hermano gritó al reconocer al jinete de inmediato y arrojó su poste al suelo. Corrieron hasta encontrarse en un gran abrazo y sus lágrimas brotaron libremente.
- ¿Mamá y Papá? -Michel preguntó apresuradamente.
- Fallecieron hace bastante tiempo -Bertrand respondió con sollozo.
- ¿Y qué hay de mis otros hermanos?
- Héctor se ahogó y no he sabido nada de Julien. Él vive en una zona más elevada en Aix-en-Provence. Antoine todavía vive y trabaja en la municipalidad de Arles. Así que en realidad sobrevivimos a la inundación relativamente bien. Pero, ¿por qué no hemos sabido de ti durante tanto tiempo?
- Ah, demasiado ha pasado para poder contarte todo ahora mismo. Pero para abreviar una larga historia: después de la muerte de mi familia, enloquecí durante medio año -respondió Michel.
- Supimos de la terrible noticia por la municipalidad de Agen en ese entonces.
- Aún me siento culpable, Bertrand: la familia del luchador contra la plaga, murió a causa de la plaga -comentó y brevemente, en silencio, regresó a aquel otro momento-. Entonces, ¿reparas casas que se derrumban?
- Sí y como puedes ver hay un montó de trabajo que hacer.
- Bueno, será mejor que regresemos al trabajo entonces; yo también tengo trabajo que hacer. Pero pronto regresaré a visitarte -y cada uno se fue por su lado.
Cuando lo peor de la inundación y la plaga pasó, Nostradamus se estableció en el pueblo de Salon de Provence, en donde la población en general lo recibió con brazos abiertos. Decidió quedarse allí permanentemente. Luego de un año, había construido un nuevo consultorio en Place de la Poissonnerie. Además de esto, elaboró aceites etéreos y remedios caseros nuevamente y publicó algunos folletos sobre cosmética e higiene. Era el comienzo de una época próspera. Lo único que faltaba aún era una mujer.




Capítulo 5



Solo, en una noche absorto en un trabajo secreto
Me hallaba en un sillón de cobre sentado
La llama que del vacio enciende el fuego de un éxito
En donde la frivolidad es pecado


Una manada de caballos blancos corría como el viento y una bandada de flamencos se elevaba y luego descendía nuevamente un poco más adelante. El doctor montado sobre la yegua galopaba por el Camargue, el trecho de parque natural en donde él encontraba la fuerza y la paz en su tiempo libre. Era tan hermoso poder cabalgar por esta hermosa campiña llena de lagos y lagunas; un lugar maravilloso para el ave acuática. Dejó detrás el monte pantanoso y dirigió su caballo en dirección a las dunas. Un ave negra como una cigüeña voló nerviosamente. En la cima de la duna se detuvo y contempló detenidamente el horizonte del mar por un rato. El Camargue era como una isla dividida por el Mar Mediterráneo y los afluentes de Rhône. El sedimento antiquísimo del agua de río y con su régimen de mareas le habían otorgado al paisaje un estilo especial. Cambiaba constantemente y cada vez que venía, algo nuevo descubría. El único sello humano que se había podido ubicar en la llanura acuosa, era el de los caminos perfectamente derechos de un distante pasado romano. Condujo su montura hacia la amplia playa arenosa y dejó que el viento soplara y se llevara las muchas impresiones que los pacientes le dejaron. En la distancia, vio que desaparecía el perfil oscuro de un toro por detrás de la colina. Estaba dando voces de mando a la yegua para que continuara, con la esperanza de descubrir más toros salvajes, cuando oyó trotar a un caballo detrás de él. Se dio vuelta y vio a una mujer sobre un semental negro azabache. La jinete, que usaba un pañuelo de cabeza rojo, pasó por al lado de él sin un saludo y despareció en las dunas.
"Parece que está siguiendo algo. Quiero investigar esto", estimuló a su caballo y lo dirigió hacia la misma dirección. Su curiosidad aumentaba, él observaba desde la cima de una duna lo que la mujer difícil estaba haciendo. Parecía que estaba corriendo carreras como un maníaco tras un grupo de caballos salvajes, y dejaba grandes estelas de nubes de polvo. Gaviotas, cormoranes, aves de rapiña y otras de esa clase, todas dispersadas de una vez.
"¡Ella está arriando caballos salvajes!" él concluyó, asombrado. "Será mejor que le dé una mano", cabalgó colina abajo y puso a galopar a su caballo. Varios flamencos con plancton en sus picos se asustaron de la visita inesperada e inmediatamente alimentaron a sus crías.
- Discúlpeme -expresó con tono agradable. Después de que él había cruzado una parte húmeda, el suelo estaba más seco y pudo lograr que su yegua galopara a toda velocidad. Entretanto, la mujer varonil les gritaba a los caballos salvajes y corría a toda velocidad tras ellos como poseída. Muy por encima de ella, grupos de garzas blancas/amarillas volaban en formación en el azul cielo, a una distancia segura de la escena ruidosa. Michel se las arregló para alcanzarla mientras calibraba la dirección de los caballos agrestes, los cuales eran ferozmente obligados a mantenerse junto a ella. Una cantidad de animales amenazaba con escaparse hacia la derecha y él rápidamente los bloqueó. Ella lo notó, pero continuó con sus actividades sin reconocimiento alguno.
"Jamás he visto a una mujer tan presuntuosa", se rió entre dientes. Ella cabalgaba sobre su semental, completamente dueña de sí misma y a pesar de sus tendencias masculinas tenía un cuerpo bien proporcionado.
"Pero, ¿qué clase de mujer usaría pantalones?" Michel, entretanto, hacia lo que podía para mantener a los animales juntos, pero no era un jinete muy experimentado y continuó avanzando. Ella aún lo ignoraba. Algunos de los caballos ahora trataban de escapar por las zonas de bosques más pequeñas, pero no pudieron y los dos los trajeron devuelta. Este juego continuo hasta que él nuevamente trató de controlar a los animales sobre suelo desparejo pero tuvo que dejarlo. Su yegua se tambaleó y él se cayó y se dio un golpazo sobre el suelo. Se lastimó bastante y la mata-hari cabalgó hacia él para ver la seriedad de su caída. La manada de animales se dispersó.
- Lamento haberlo arruinarlo -dijo.
- Usted lo dijo -refunfuñaba mientras apeaba de su caballo. No intentó ocultar su disgusto.
- ¿No se rompió nada? -preguntó luego un poco más afable.
- Creo que no -y palpó su cuerpo-. Pero, ¿hacia dónde tienen que ir esos caballos?
- ¡A ninguna parte!
- ¿A ninguna parte? Entonces, ¿para qué estamos haciendo todo este trabajo?
- ¿Estamos? Jamás pedí su ayuda -. Allí tenía razón y se presentó.
- Mi nombre es Michel de Nostredame y podría preguntarle quién es usted.
- Anne Ponsart Gemelle. Pero permítame ayudarlo -, y ella firmemente tomó su mano.
- Usted es una mujer fuerte -él la halagó mientras ella lo ayudaba a levantarse.
- Sí, a veces los hombres me tienen miedo.
- Para decirle la verdad, jamás he conocido a una mujer tan robusta. ¿Arreaba a esos caballos salvajes sólo por diversión?
- Sí, me encanta pasar tiempo aquí.
- Excepcional para una dama de prestigio. Soy de Salon de Provence; allí trabajo como médico. ¿Y usted de dónde es?
- Soy de Istres, cerca del lago Berre, y debo decir que he oído de usted antes, Dr. Nostradamus.
- Por favor, llámeme Michel. ¿Qué le parece si cabalgamos un poco?
- ¡De acuerdo!-. Y los dos montaron sus caballos. Mientras cabalgaban por un paisaje verde, Anne comenzó a relajarse un poco y habló sobre los alrededores.
- A veces hay osos en estos bosques.
- ¿Osos? Jamás he visto uno por aquí -, y él estudiaba la forma de ella a escondidas. Además de sus amplios hombros, su cuerpo era en realidad bastante femenino, veía ahora. También tenía un rostro hermoso con facciones regulares, y su cabello grueso, marrón dorado se dejaba ver por debajo de su tocado. Cuando estaban cruzando por la llanura salobre, Anne, ahora relajada, le contó sobre el ave acuática y le señaló varias especies. Disfrutaban de su compañía y él quería saber más de ella.
- ¿Tiene un amor en su vida? -preguntó directamente. Pero eso fue un poco demasiado directo para ella.
- Este lugar tiene un gran abastecimiento de sal -respondió evadiendo la pregunta. Él insistía.
- ¿Una mujer joven y saludable como usted debe de tener marido?
- Soy viuda -explicó con irritabilidad y él no emitió palabra alguna por un rato. Llegaron a la costa y lentamente caminaron por la playa, devuelta a Istres.
- ¿Hace mucho tiempo que es viuda? -preguntó con cuidado después de un rato.
- Casi tres años.
"Tiempo suficiente", él pensó y cuando habían llegado a la casa de ella, él decidió invitarla a cenar a su casa. La invitación fue recibida positivamente y arreglaron encontrarse a una hora.

La mucama de Michel le había dado a la casa una buena limpieza y él hacía preparaciones en la cocina. Cuando todo estuvo listo para la tarde, se puso su mejor atuendo y esperó la llegada de su compañía femenina. Finalmente ella golpeó la puerta y él la abrió nerviosamente.
- Buenas tardes, Sra. Ponsart Gemelle.
- Pensé que nos íbamos a tratar de tú -respondió contrariamente y se quedó parada torpemente en la entrada de algún modo. La mujer robusta de Istres tenía puesto lo mismo que antes.
"No muy elegante", pensó, un poco decepcionado y se sintió algo incómodo.
- Creo que me arreglé demasiado para la ocasión, pero adelante, por favor.
Anne entró en la sala de estar y él captó su aroma. Olía bien, por cierto, y por lo menos su ropa había sido lavada.
- Bueno, Michel, espero que tus habilidades en la cocina sean aceptables.
- Si no confías en ellas, eres bienvenida a ayudarme en la cocina momentáneamente. Veo de todos modos que aún tienes puesta tu ropa de trabajo -comentó bruscamente. El comentario del anfitrión quien parecía saber cómo ponerla en su lugar sorprendió a Anne.
- Me voy a poner algo más cómodo. Adelante y observa lo que he preparado hasta aquí -continuó y procedió a subir las escaleras. Ella caminó hacia la cocina y husmeó un poco. Vio una variedad de vegetales cortados, queso, pescado, huevos y cuadrados de maza sobre la mesada. Por encima de todo esto, descubrió un especiero con docenas de jarros de especias. En una alacena encontró recipientes con hongos disecados. Además de esos, había hileras de frascos de mermelada, cada uno de una fruta diferente, según las etiquetas. Las planchuelas de hierro por encima del fuego brillaban del calor y estaban listas para usarse.
"Vaya, realmente sabe lo que hace", ella observó, "creo que lo he subestimado". Michel regresó con un atuendo más casual y tenía una pila de papeles en su mano.
- Mira, mi libro de cocina La Traite, esencial para aquellos quienes quieren saber más sobre recetas exquisitas.
- ¿Escribiste un libro de cocina?
- Sí, pero aún no se ha publicado. Pero ahora, remángate. ¿Ves esos pedazos de masa allí? Puedes pincelarlos con un huevo batido y luego rociarlo con algunas semillas de sésamo. Untaré el molde para horno con grasa -. Y mientras trabajaban, hablaban de sus vidas.
- ¿Aún extrañas a tu difunta esposa? -inquirió poco después.
- Sí, a veces. Siempre estará en mi corazón. Revuelve la crema de queso muy suavemente, Anne, agrega algunas alcaparras cortadas y mézclalo con eso.
- ¿Estas son las alcaparras?
- No sabes mucho de cuestiones domésticas, ¿verdad?
Mientras tanto, él horneaba la masa de hojaldre hasta que se doraron y le vertió la salsa de queso derretida con vegetales encima. Su huésped quedó boquiabierta al observarlo colocar pedacitos de salmón ahumado por encima de esto y luego cubrir todo con cuadrados de pastelitos de hojaldre crujientemente horneados.
- Todo hecho. Sentémonos.
- Jamás he visto algo así -dijo y sus ojos se abrieron bien grandes.
- Sobrenatural -él sonreía abiertamente y cargando los platos caminaron hacia el comedor en donde él sirvió un vaso de vino tinto para cada uno de ellos.
- El sabor es absolutamente fabuloso -ella le informó-. Te pido disculpas por subestimarte.
- Gracias. Eres un buen jinete. Tienes un caballo increíble, por cierto; debes de ser rica.
- Mi marido tenía una fábrica de sal.
- Oh, es por eso que mencionaste la sal cuando estábamos cabalgando por el Camargue. Debe de haber sido un negocio de mucho éxito.
- Sí, muchísimo; la sal se exporta a muchos países. El Camargue es la región de mayor extracción de sal en Europa. Mi marido, Jacques, tuvo un accidente fatal en su propia fábrica y por lo tanto sentí que tenía que vender la compañía.
- Qué triste -él expresó.
- ¿Qué clase de taburete es ese? -Anne indagó mientras miraba el objeto extraño en el rincón de la habitación. Se levantó y recogió el trípode de cobre.
- Es un instrumento oculto que uso para la meditación.
- Eres un tipo gracioso -ella se reía. De pronto una llama se inició de la nada, sólo para extinguirse así de rápido, en el mismo rincón.
- ¡Bon sang! -él exclamó sorprendido.
- ¿Qué diablos fue eso? -Anne preguntó asustada.
- No lo sé. Parecía como mágico... Trataron de asimilar eso por un rato y luego terminaron de comer.
- ¿Vienes conmigo? Preparemos el "Pommes Dauphines" -él dijo después de los aperitivos y regresaron a la cocina. Media hora después, el primer plato muy caliente estaba sobre la mesa.
- ¿Cocinabas mucho para tu marido? -preguntó mientras rociaba nuez moscada sobre el plato principal.
- No, no en realidad. Creo que soy demasiado descuidada para eso. Pero eso no significa que no pueda aprender.
- Si tú quieres, puedo enseñarte como funciona todo en algún momento -sugirió. Cuando habían terminado el plato de papas, el chef aún tenía guardado un delicioso postre: mitades de durazno con crema batida y almendras ralladas.
- Si estás tratando de impresionarme, lo has logrado -Anne lo elogió después de haber saboreado el postre. Después de la cena, limpiaron la mesa y luego afablemente lavaron los platos juntos en la cocina.
- Hermoso, esos frascos de mermelada -ella dijo mientras guardaba los vasos secos.
- Eso es dulce. La mermelada tiene pedacitos de cáscara; el dulce, no -explicó.
- Ah, no lo sabía. ¿Cómo la preparas?
- Lavas, secas, cocinas y agregas azúcar.
- ¿Es realmente así de simple? - Michel negó con la cabeza.
- Bueno, supongo que tal vez debería desarrollar mi lado femenino -comentó Anne.
- Estás bien tal como eres -y se fueron dejando la cocina limpia detrás.
- Pasé una tarde maravillosa, pero es hora de que me vaya a casa ahora -dijo finalmente.
- Eres bienvenida a pasar la noche, si lo deseas. Es un largo camino de regreso y oscurecerá en una hora. Anne le agradeció; dijo que a su purasangre le tomaría sólo media hora llevarla a casa. En la puerta, cuando nadie lo esperaba, lo besó en la boca y se fue antes de que él pudiera recuperarse. Con una sonrisa, regresó a la sala de estar, echó una mirada al lugar en donde la llama misteriosa había aparecido y se quedó unos momentos disfrutando del recuerdo del rato agradable que pasaron juntos. Luego subió las escaleras balanceándose y felizmente se metió entre las sábanas.

Se vislumbraba una montaña alta y angosta con un lado empinado y la cima parecía un cáliz abierto. Un castillo estaba colgado sobre su orilla; tenía la forma de un barco que se veía como si estuviera listo para zarpar. Un poco más abajo, alguien estaba escalando un camino rocoso hacia la fortaleza, la cual parecía una unión entre el cielo y la tierra. Se acercó a algunos soldados, quienes estaban haciendo guardia en la entrada.
- Nostradamus, ¿es usted finalmente? -lo llamó un joven con una aureola, quien se estaba uniendo a las guardias. El soñador no supo qué decir y el hombre interpretó su inquietud.
- Ha llegado al estado de consciencia más elevado. Ha conocido a la mujer correcta -le aclaró.
- ¿Por qué lo es? -Michel preguntó.
- ¡Ella te ha despertado! - A la visita le tomó un minuto darse cuenta.
- Pero, ¿de dónde me conoce? -entonces preguntó.
- Te hemos estado observando en la tierra por algún tiempo -respondió el hombre cuyo nombre era Tristán.
- Una vez que tu espíritu haya penetrado en estas regiones más elevadas, automáticamente te conviertes en uno de los Hermanos de Luz. Hosanna in Excelsis. Pero no nos demoremos. Venga conmigo. Estamos preparando la Manisola y le mostraré en qué andamos -. Entraron en el castillo, el cual tenía muchas habitaciones y corredores y el cual estaba construido de acuerdo con las posiciones del sol en mente. Pasaron por grupos amplios de personas transparentes quienes estaban ocupadas preparándose para el próximo festival.
- Mira, la sala Druida, llena de flores -dijo Tristán mientras escaneaba a la multitud-. Quiero presentarte a mis amigos, pero ahora no los veo.
- ¿Son estas todas las personas quienes se han despertado completamente como yo? -Michel preguntó.
- No, son sirvientes. Hay muy pocos como usted y yo -, y detuvo a alguien.
- ¿Dónde está Isola?
- No lo sé -el transeúnte respondió.
- Si la ves, transmítele que tenemos un invitado especial. Ah, y ellos necesitan tu ayuda en el banquete-. Luego los dos prosiguieron hacia la sala principal en donde los tragos, tentempiés y los arreglos florales estaban siendo ubicados sobre una mesa redonda y amplia. Los sacerdotes se aseguraban de que todo estuviera marchando sobre ruedas.
- Esto me recuerda a la última fortaleza de los Cátaros en Montségur -Michel comentó.
- Lo es -asintió Tristán.
- Pero esto quiere decir que todos aquí pronto serán asesinados por los ejércitos católicos -concluyó la visita.
- No, no en absoluto, no ha llegado al siglo doce después de Cristo. El tiempo aquí no existe y nuestros festivales rituales e iniciación siguen eternamente. En verdad, es seguro aquí. ¡Ah, allí está Isola! - Una mujer angelical con cabello largo, rubio y con ojos azules apareció en medio de las actividades. Ella tenía un aura divina y era el cuadro de la pureza.
- Isola, quiero presentarte a Nostradamus.
- Qué maravilloso conocer a otro espíritu puro -ella expresó. Después de la presentación, le mostró al recién llegado algo más de los alrededores y visitaron la sala Occitana, la cual tenía un piso de mosaico impresionante. En el centro se erigía una imagen de María Magdalena con una paloma sobre una luna cresciente y por debajo, una serpiente enroscada con una manzana en la boca. Mientras Michel asimilaba todo esto, cerca de ellos pasaban algunos adoradores que llevaban fuentes con frambuesas, moras, pasas de Corinto y otra clase de frutas. Luego los dos salieron para esperar la apertura del festival en las terrazas de los alrededores. Entretanto, miraban las estribaciones de los Pirineos.
- Acabo de ver a personas de cada continente -comentó Michel-. ¿Pertenecen todos a la comunidad de los Cátaros?
- Es más una sociedad Gnóstica -señaló Tristán-, la cual le da la bienvenida a los católicos, protestantes, judíos, islámicos y a otros creyentes. Los ateístas convertidos también son recibidos con brazos abiertos.
- Parece que no causa problema alguno...
- Aquí, no, pero a nuestro punto de vista libre y espiritual se lo considera como una amenaza en otras partes y esa fue la razón por la cual los últimos Gnósticos en darse a conocer fueron asesinados en masa. Pero sólo dejaron una estructura física detrás.
- ¿Por qué no huyeron? -Michel continuaba con las preguntas.
- Nuestros predecesores hicieron un voto sagrado, hace mucho tiempo, para permitir que los ejércitos católicos los asesinaran después de una conquista de la montaña, sabiendo que sus almas liberadas irían a mundos más liberados en donde Dios se manifiesta él mismo de la forma más pura.
- Yo elegiría la vida.
- Todos no estamos cortados con la misma tijera. La intención del sacrificio era crear este lugar eterno. Un lugar en donde podemos continuar nuestra labor sagrada inédita. Sin ellos, esto no hubiera sido posible.
- ¿No es el sacrificio demasiado para pedir?
- Fue una libre elección. También he jurado no dejarme dominar por los asuntos terrenales. Pero ven, veo que el festival está por comenzar. Caminaron de regreso a la sala principal, en donde cientos de principiantes y seguidores ya estaban esperando.
- ¿Ves a aquel hombre por allí? -preguntó Tristán-. Aquel es Parsival, un ser excepcional. Te lo presentaré -. Se dirigieron hacia el hombre con apariencia heroica.
- ¿Su primera visita en el castillo grial? -inquirió Parsival.
- Sí y es una gran revelación para mí -admitió Michel.
- Solía salir del castillo con la misma ignorancia con la que llegaba, al principio -advirtió.
- Supongo que ha encontrado el camino desde entonces.
- Por supuesto, pero primero he vivido muchas penurias.
- Usted es de la era de la caballería -continuó el recién llegado-. Durante esa época, todos siempre buscaban el Santo Grial. ¿Alguna vez lo encontró?
- Muchos los han hecho. El Grial es en realidad un símbolo para el espacio en el que Dios ha mezclado los materiales de la creación con la luz del sol. La búsqueda del alma debe luchar para encontrar el camino por este barril de paradoja para llegar a la vida eterna.
- Quiero decir: ¿alguna vez existió un Grial en concreto?
- Espere y verá -dijo Parsival sonriendo. Luego uno de los sumos sacerdotes de la mesa redonda solicitó la atención de todos y se puso de pie para dirigirse a ellos.
- Hoy celebramos la Manisola, en honor a Jesús Cristo, el hijo de Dios, y su esposa, María Magdalena, la sacerdotisa de la diosa Isis. Con esta celebración, estamos conmemorando La última Cena, en donde Jesús bebió del cáliz del agua bendita de la vida. Después de su crucifixión, José de Arimathea juntó la sangre sagrada en esa mismísima copa. El sirviente la entregó a María Magdalena, quien se la llevó con ella en su viaje. Llevaba en su vientre al hijo de Jesús y para garantizar su seguridad, se mudó a Francia. Finalmente dio a luz al niño, aquí en Montségur. Nosotros los Cátaros somos por consiguiente los descendientes de Jesús Cristo. Somos los que guardamos la herencia de la cultura de la Essenes, la cual es la cultura de la que provenían Jesús y María Magdalena. Más tarde, ella fundó escuelas misteriosas en el Languedoc; a donde sea que ella se dirigía, manantiales terapéuticos aparecían espontáneamente. Hemos estado celebrando la Manisola por siglos, pero esta vez es un año especial. Un alma ha venido a nosotros por su propio poder y por esta alegre ocasión hemos traído el Santo Grial. Hemos preparado una bebida, la cual puede darle a él acceso al nivel de Mayor Elevación.
Un sirviente le entregó al sacerdote el Grial, el cual estaba lleno con un líquido.
- Nostradamus, ¿sería tan amable de pasar hacia adelante, por favor? -le preguntó entonces. El recién llegado se sorprendió en tanto se dirigía hacia la mesa redonda.
- Usted es nuestra señal luminosa de la Tierra y le deseamos todo el poder y la sabiduría para completar su misión -continuó el sacerdote y luego le ofreció el cáliz. Michel bebió un poco del Santo Grial y una energía temblorosa se apoderó de él.
- ¡Larga vida a Nostradamus! -vitorearon todos en la sala.
- Y ahora, tengamos un gran festival -el sacerdote culminó su discurso. Los arpistas comenzaron a tocar música celestial y los juerguistas se desplegaron en las salas decoradas, en donde disfrutaban de la exposición de manjares. Algunos prefirieron el silencio y fueron a las terrazas de los alrededores. El tiempo cooperaba y todos la estaban pasando fantástico.
Era tarde en la noche, cuando de repente los guardias sonaron la alarma. El castillo por sorpresa estaba bajo estado de sitio y los soldados, que estaban de guardia, fueron atacados por una lluvia de flechas. Vino el pánico y los seguidores, debido a la falta de órdenes, corrían en todas direcciones. Algunos se tropezaban y se caían por encima de sacerdotes de rodillas, quienes querían dejarse vencer por su destino. Varios sumos sacerdotes, con una horda de guardias tras ellos, corrían apresuradamente hacia Parsival y Tristán.
- Queremos que se pasen de religión. ¡Rápido, hay una ruta de escape!
- Pero hemos prometido quedarnos aquí eternamente -se resistieron. Los sumos sacerdotes les señalaron urgentemente lo importante que era que preservaran la existencia de su religión. El interés comunal era primero y principal y gracias a la presión intensa y la situación caótica, Parsival y Tristán aceptaron de mala gana. Michel había estado observando todo hasta que lo llamaron a él también.
- Por favor, vaya con ellos. Usted es muy importante. Usted será como un espejo para la humanidad, para que puedan ver lo que les sucederá, para que sus ojos estén abiertos y la luz prevalezca. No supo qué otra cosa hacer más que aceptar. Se le dio instrucciones al jefe de guardia para que les mostrara el camino y elevara las barricadas tras ellos, de ser necesario.
- Adiós y mantenga viva nuestra memoria -los sumos sacerdotes se despidieron y miraron con ojos caídos.
- Vamos, no hay tiempo que perder - el guardia les pidió y los llevó a una parte remota. Al mismo tiempo, un fuerte sonido hizo que el castillo temblara desde sus cimientos. Los ejércitos enemigos habían logrado entrar al hall y los soldados cátaros tuvieron que sellar la sala central a toda prisa. Los seguidores, quienes quedaron detrás en la zona conquistada, fueron todos masacrados hasta el último hombre. Entretanto, los tres elegidos fueron llevados a un lugar, el cual fue terminado con un trabajo de madera de cedro extraordinariamente hermoso. El guardia se detuvo allí y estudió cuidadosamente los paneles de madera, los cuales consistían de varias formas de diamantes. Comenzó a sentir meticulosamente con sus dedos las uniones. En cierto lugar, su mano descansó y luego, cuando empujó el diamante se develó un camino. Un pasadizo secreto se abrió.
- Entren -ordenó. Tristán, Parsival y Michel entraron a toda prisa en el espacio oculto. El guardia los siguió y cerró el diamante de madera detrás, y lo dejó invisible una vez más. Luego encendió una lámpara y se pudo visualizar un pasillo angosto.
- Apresúrense, no tenemos mucho tiempo -los convocó y el trío se fue de prisa por el pasillo.
- Al final de este pasillo, giren a la izquierda -susurró minutos después. EL pasillo siguiente era un callejón sin salida; se pudo ver una bola a la altura de un hombre, la cual tenía un agujero. Las batallas dentro y alrededor del castillo se podían oír aquí y Tristán contemplaba permanecer detrás por un momento.
- Arrástrense por aquí -el guardia demandó severamente al notar su vacilación. Los tres obedientemente se subieron al aparato de rescate, pero no tenían idea alguna de lo que estaba a punto de suceder. El artefacto, el cual estaba hecho de ramitas y pieles de animales, tenía exactamente la correcta medida para los tres adultos y cada uno de ellos encontró un lugar para sentarse.
- Hay manivelas y puntos de apoyo para los pies para sujetarse -el guardia explicó. No habían terminado de ubicarse que él lentamente puso la cápsula en movimiento. La bola comenzó a rodar bajo su propia fuerza y el túnel subterráneo rápidamente se convirtió en un camino vertical. El vehículo terminó en una caída libre y sus ocupantes cayeron cien metros en pocos segundos, hasta que la bola se sacudió hacia un tipo de suelo y entonces comenzó a rodar rápidamente. Nostradamus perdió el conocimiento y no se recuperó. En la dimensión desconocida, el tiempo pasaba muy rápido y todo estaba allí. ¿O el tiempo se detuvo y no había nada? Al final del túnel había una luz. Con un número increíble de formas y muchos colores.
- Estoy contigo -oyó que alguien decía. Sin energía, abrió los ojos y para su gran sorpresa, vio el rostro de Anne, al revés y con su cabello castaño dorado por encima de su nariz.
- Te estuve sosteniendo durante horas -continuó con preocupación-, estabas helado y pensé que estabas muerto -. Michel se pellizcó él mismo para asegurarse. Sí, estaba de regreso en la Tierra.
- ¿Cómo tú..? -pero estaba demasiado débil para terminar la pregunta. Ella comprendió y se lo explicó.
- En casa, de pronto estaba completamente despierta en medio de la noche y algo me dijo que me necesitabas desesperadamente. Inmediatamente, saqué el caballo del establo y cabalgué hasta aquí. Cuando entré en tu habitación y te vi tirado al costado de la cama sin movimiento, temí que había llegado demasiado tarde. Pero, por fortuna, aún estabas vivo. Luego logré ponerte en la cama otra vez y calenté tu cuerpo hasta que la temperatura volvió a la normalidad.
- Ah, Anne querida -pero ella lo interrumpió posando sus dedos sobre los labios de él.
- No tienes que agradecerme -y lo besó.
"Es sin duda la mujer correcta", pensó, profundamente conmovido y lágrimas de felicidad colmaron sus ojos. Cuando la tocó con ternura su escudo de acero alrededor de su corazón de pronto comenzó a derretirse. El dolor de los últimos años desapareció de repente y su alma fue embelesada.
- ¿Te quieres casar conmigo? -le propuso encantado. Anne tenía una sonrisa de oreja a oreja y aceptó inmediatamente.
"El amor entre un hombre y una mujer, la más hermosa clase de amor que existe", lo conmovió y se quedaron dormidos entre sus brazos.
Michel se despertó tarde en la mañana y se dio cuenta de que estaba solo en su cama. Se levantó, se puso una sábana alrededor de la cintura y bajó rápidamente las escaleras.
- ¿Anne, aún estás aquí?
- ¡Sí, estoy aquí dentro!
Entró en la cocina y para su sorpresa, todos los cajones estaban abiertos y había ollas por todas partes.
- Necesitaba comer algo -ella le explicó con una tazón en la mano -. A propósito, sácate esa sábana; ya antes he visto a un hombre desnudo -y ella continuó comiendo. Él estaba mirando hacia adelante.
- Veo que también comiste mi trufa -finalmente dijo.
- ¿Te refieres a esa cosa negra que olía un poco a humedad?
- Sí. Resulta ser que esa cosa negra valía su peso en oro y es muy difícil de encontrar.
- Ah, lo siento. No lo sabía.
- No importa. Encontraré otra. Él pensó con desdén: "¿Era ella la mujer correcta? ¡Una mujer comilona!"
- ¿Dijiste algo?
- No, nada -, y calculó el resto de los daños.




Capítulo 6



Un capitán de la formidable Germania
Logró ser rey de reyes
Con el falso apoyo y ayuda de Pannonia
Su revuelta causa ríos de sangre


Después de una fiesta de bodas sencilla, Anne se trasladó de Istres a Salon de Provence para mudarse con Michel, quien vivía en una casa con goteras de gloria marchita. Ella decidió encargarse del mantenimiento atrasado y su semental Salé fue ubicado en los establos de un vecino amistoso. Después de guardar sus pertenencias, en su primer día juntos, ella se arrojó con lujuria sobre su marido sin advertencia.
- Oye, cuidado, soy una erudito delicado, no un carnicero -comentó mientras ella lo tenía presionado entre sus piernas.
- Mi difunto marido jamás tuvo problema alguno con esto -respondió sorprendida.
- Yo no soy tu difunto marido. Ven aquí…- y se quitaron el resto de la ropa. Poco a poco se fueron acostumbrando el uno al otro y un día Anne anunció que estaba embarazada, por primera vez. Sus vidas comenzaron a desarrollarse en un ritmo agradable, y unos meses después, cuando Anne intentó vender algunos de los productos cosméticos de su marido, Paul nació. Su madre robusta comenzó a relacionarse más con su energía femenina y se veía que era bueno para ella, su comportamiento se suavizó considerablemente. Después de siete malos años, ahora los buenos había claramente comenzado y cada año de Venus ellos eran bendecidos con otro hijo.
Un día, después del nacimiento de su tercer hijo, Nostradamus estaba sentado en la galería detrás de la casa y disfrutando de la primavera. Había flores abriéndose por todos partes que expandían sus dulces fragancias y árboles, llenos de pájaros cantando. Una niña del vecindario caminaba por los jardines adyacentes los cuales estaban vivos con el zumbido de las abejas. Por la canasta que llevaba, él se dio cuenta de que se dirigía al bosque de los alrededores para juntar algo de leña.
- Hola, muchachita -la saludó. La niña lo conocía bien y le devolvió el saludo cortésmente. Anne, entretanto, se encontraba en el ático con algunos obreros para transformar ese espacio en un estudio. Al final, ella había convencido a su marido para que solamente se concentrara él mismo en asuntos que eran verdaderamente importantes para él. Esto significaba predecir el futuro combinado con astrología. Su fortuna financiera le permitía hacer esto sin preocupaciones; atender pacientes sólo por dinero era algo que él había finalmente dejado de hacer, gracias a la insistencia de ella. Michel se inclinó sobre sus libros de ciencias ocultas, mientras el sol brillaba agradablemente sobre su espalda. Estaba trabajando sobre algunas predicciones que sucederían durante el año siguiente. De pronto, lo golpearon en la frente con una arveja, la cual luego cayó por sobre la página en frente de él e hizo ¡paf!
- Bien, es suficiente, Paul -le advirtió a su hijo, quien estaba jugando con una catapulta que él mismo había hecho. De la misma manera que su matrimonio dio frutos, sus esfuerzos creativos también estaban dando sus primeros frutos. El municipio del lugar le había pedido recientemente que hiciera una inscripción en latín para la fuente pública en el Château de L'Empéri. Y Volant había publicado finalmente su libro de cocina La traite des fardemens et confitures en Lyon. Esta mañana estaba concentrado en su primer almanaque con profecías en general en forma de poesía, las cuales se relacionaban con toda Europa. El trabajo consistiría de doce cuartetos. Esta tarde, su hermano Antoine, quien había sobrevivido a las inundaciones desastrosas, hace varios años ya, venía a visitarlo para charlar. Antoine había estado trabajando últimamente como recaudador de impuestos en su lugar natal de Saint Rémy, el cual no estaba muy lejos de Salon.
- Michel -llamó Anne desde la ventana de arriba- ¿podrías venir a mirar, por favor? Su marido corrió por la casa, pero en la sala tuvo que tener cuidado de no tropezar con su progenie. César estaba en el piso y su hermano y hermana lo estaba sosteniendo del cuello y lo estaban ahogando. Al mismo tiempo lo estaban prácticamente matando de las cosquillas. El padre negoció el obstáculo y subió al piso de arriba, en donde observó las bibliotecas hechas a mano en la que las botellas verde, roja, amarilla y azul habían sido ubicadas para mantenerlas seguras. El lujurioso escritorio nuevo estaba en frente de la ventana ampliada, para que el erudito pudiera recibir mucho aire fresco. También se habían comprado cajones especiales para sus materiales de geometría y el espejo, que había sido comprado en Marsella, estaba ubicado prolijamente debajo de las tradicionales persianas del techo.
- Ay, mi primera impresión es que no puedo quejarme. Veo que todas mis tazas de medición sobrevivieron -Michel respondió con felicidad y comenzó a inspeccionar el trabajo de carpintería.
- Aunque sí tengo algunos comentarios -dijo a su esposa, un poco más tarde, y le explicó a los obreros exactamente los cambios que quería. Las campanas de la iglesia, entretanto, repicaban y daban las doce y oyeron que Antoine llamaba. Llegó puntual para compartir la comida del mediodía. Los hermanos se habían estado visitando en forma regular desde la calamidad de la inundación. Anne bajó las escaleras apresuradamente para preparar la mesa en la galería, antes de la sirvienta viniera con las fuentes.
- Toma asiento, Antoine -Michel le pidió mientras agarraba otra silla. Madeleine y César tenía que sentarse al lado de su tío y la madre servía las salchichas de puerco.
- No son de kosher -Antoine comentó.
- Yo tampoco -dijo su hermano mayor.
- ¡Paul, a comer! -Anne lo llamó por tercera vez. Paul no quería venir y observó al intruso desde el árbol que había trepado. Vigiló muy bien al fisco. Mientras disfrutaban de las salchichas con vegetales, los hermanos intercambiaban novedades del lugar.
- ¿Está todo bien con Bertrand? -preguntó Michel.
- Sí, excelente; Bertrand ha iniciado su propia pequeña compañía constructora.
- Maravilloso. Qué lástima que Anne hiciera restaurar el ático. De lo contrario, él lo habría hecho. Antoine quería soltar una carcajada, pero se contuvo.
- ¿Qué clase de mujer se involucra en renovaciones? -le susurró a su hermano.
- Oí eso -Anne dijo inesperadamente- ¿Quieres que te dé una cachetada ahora o después?
- Lo siento, Anne, sin ánimo de ofender.
- Nos complementamos perfectamente -confesó Michel-. Ella es el hombre y yo la mujer.
- Ustedes dos son una pareja excepcional -Antoine murmuró sintiéndose un poco confundido.
- Mi marido habla por él porque yo me siento mujer ciento por ciento. Madeleine, basta de arrebatos -gritó de repente. Después de esa demostración sin gracia hacia su hija, Michel tenía que reírse también.
- Tienes razón, Antoine. Jamás te metas con mi esposa. Tendré que pulirla un poco.
- Espera un minuto, Sr. Estudiante profesional -protestó ella-, soy yo quien te está permitiendo causar un revuelo. Así que ¿quién está puliendo a quién? Y enfurecida se retiró de la mesa.
- No será fácil domar a ese pequeño caballo tuyo -predijo Antoine. Tenía que irse. Después de despedirse de su hermano en la puerta, Michel volvió a su silla de trabajo y nuevamente recogió su bloc de notas. Muy en la tarde, la misma niña de esa mañana caminaba de regreso a su casa y su canasta estaba llena de ramas.
"Qué curioso", él pensó, "se ve más madura ahora que esta mañana".
- Hola, señorita -él la saludó. Ella lo saludó con la mano y se reía tontamente por la palabra señorita porque justo esta mañana él la llamó "muchachita". Estaba refrescando y decidió darle otra mirada al estudio restaurado. Cuando entró en la casa, se topó con su esposa. Aún estaba furiosa por el comentario que él hizo en la tarde. Las disculpas no ayudaron y ese día las ollas y sartenes volaron por la casa, por parte de Anne.
Una noche, el científico descubrió un grupo de estrellas fugaces con su nuevo espejo. En los círculos astrológicos, ya era sabido que por algún tiempo esos pedazos de piedras o hierro a veces atravesarían la atmósfera de la Tierra quemándose parcialmente durante la entrada, pero estos conocimientos no habían sido reconocidos por la sociedad. Michel había leído una vez que en un pasado mítico distante, los meteoritos con un diámetro de varios kilómetros habían creado enormes cráteres en el globo terrestre y que eso había cambiado radicalmente el clima de la Tierra. Planeaba escribir una carta sobre eso al gobernador de Provenza, quien era conocido por su actitud abierta e interés en la ciencia.
"No cabe duda de que el gobernador leerá un ensayo de un astrólogo respetado", él suponía, "y el conocimiento se debe compartir". Pero algo en su mente le decía que la idea que tramaba era que quizás el virrey podría ayudarlo. No se equivocó. El gobernador le escribió una carta en respuesta agradeciéndole por su información científica. También le mencionó que estaba muy agradecido por su almanaque con las predicciones para el año venidero, 1555, el cual había sido recientemente publicado en Lyon. Él había estado recomendando las predicciones en los círculos más elevados y la obra ahora se estaba vendiendo bien por toda Francia. La puerta al éxito se han abierto y Michel decidió publicar un almanaque cada año. También pensó en una tarea más íntegra: descubrir cómo se veía el futuro de la humanidad para el próximo milenio. Esta obra tendría el título adecuado: Las Profecías. Feliz con esta situación, bajó a la sala y vio a su esposa con actitud desafiante parada sobre la mesa de comedor. Sorprendido, miró alrededor para ver lo que estaba pasando. Madeleine estaba sobre el armario, Paul estaba colgando del techo y César estaba gateando.
- ¿Es esto una conspiración? -inquirió el padre.
- No, estamos jugando a un juego, ¡ven y únete a nosotros! -Anne lo invitó con entusiasmo.
- ¿Cuál es el juego?
- No tocar el piso.
- Yo prefiero mantener los pies en el piso.
- Ah, eres siempre tan serio -ella suspiró. Ese comentario hirió los sentimientos de su marido, se dio la vuelta y regresó al estudio. Siempre tenía cosas que hacer allí, aún si sólo estuviera organizando sus cosas. Sintiéndose un poco melancólico, estaba pensando en su abuelo Jean, quien lo comprendía tan bien, cuando Anne entró en la sala.
- Mi amado esposo, te amo, aún cuando tengamos enfrentamientos. Mi amor por ti jamás cambia realmente. Pero tal vez tú podrías explicarme que es lo que sucede en esa cabecita -y ella se sentó.
- No sé si vas a creer esto -él comenzaba con ciertas vacilaciones-, pero yo tengo una misión. Es la obra de mi vida mostrarle a la humanidad los desastres que caerán sobre ella, si no entra en razón y ve la verdad. Y mi camino es una gran carga.
- Mmm, supongo que eso explica el espacio entre nosotros, pero, bueno, así es como es -ella respondió con empatía-. En realidad, no me di cuenta de que tu obra fuera tan seria; así es que por eso no puedes jugar con los niños.
- Continuamente recibo imágenes lúgubres -prosiguió.
- Qué terrible es para ti. Pero, ¿es esa misión más importante que tu familia? Y con eso, ella, por supuesto, golpeó su sensibilidad. La miró fijamente sintiéndose de algún modo avergonzado.
- Quizás. Después de que mi tarea se haya completado, espero una vez más estar en unidad con Dios -confesó.
- Creo que todos queremos eso - ella le acarició la mejilla y lo dejó en paz.
Nostradamus pronto terminó la primera parte de Las Profecías a través de los sueños y visiones que había estado escribiendo durante años en su diario. Escogió las predicciones más importantes y las volvió a interpretar, las clasificó y las fechó usando la astrología. Denominó a cada capítulo una centuria. No es que signifique un siglo real, sino porque cada capítulo contenía cien cuartetos. Los versos de cuatro líneas eran prácticamente incomprensibles para cualquiera, debido a su estilo oscuro y porque usaba una mezcla de francés, provenzal, griego y latín. Debía maquillar sus mensajes de esta manera porque la inquisición era cada vez más poderosa. Y bajo ningún concepto quería volver a ser convicto por blasfemia o por prácticas mágicas mientras tuviera familia.
"Sólo para mayor seguridad, también mezclaré el orden de los cuartetos", pensó, y distribuyó las páginas escritas por sobre el escritorio. "Mis secretos pueden ser solamente revelados por un iniciado o solamente resuelto después de que la predicción se haya hecho realidad", y mezcló todo junto. Una vez que había creado un orden al azar, puso la obra a un lado. Después de rascarse el ombligo, suspiró y se paso los dedos por su cabello. Aún pensaba en su iniciación en los mundos más elevados con Tristan y Parsival y le habría encantado saber si hubieran sobrevivido a la caída de Montségur. Su visión se había vuelto a desvanecer. No le habían llegado respuestas algunas desde la fuente y sus sueños tampoco lo estaban ayudando. Unas semanas después, sin embargo, los planetas estaban en una posición única y era probable que ofreciera alivio en este momento. En el ático, el místico inspirado evocó el taburete de cobre con sus poderes misteriosos. Cuando se lo ubicaba en un ángulo particular, el taburete métricamente diseñado tenía una conexión con los cuerpos celestiales. Después de determinar la posición correcta, ubicó un contenedor con agua cerca sobre el piso. Sentado con las piernas cruzadas sobre el piso, humedeció los pies y el asiento del trípode y poso su cabeza sobre eso. Cerró sus ojos y se concentró en los ángeles caídos que habían roto su promesa de no volar. ¡Y quién lo iba a decir!, parecía que estaban dadas las circunstancias y a trancas y barrancas, dejó su cuerpo.
Estaba flotando en una sala residencial, sobre cuyo techo colgaba un hermoso candelero, el cual no pudo haber existido en su época; las velas en el no estaban hechas de cera, pero eran pequeños bulbos de vidrio que brillaban por sí solas. La sala de techo elevado estaba amueblada con sofás de felpa color rojo, mesas de café de madera caoba, más lámparas ingeniosas y un espejo gigantesco con un marco dorado. Oyó los sonidos de una gran música orquestal acompañada por coros, pero por más curioso que parezca, no se veía músico alguno por ninguna parte. El sonido parecía provenir de una caja en la cual un disco negro y redondo estaba girando por sí solo. En un rincón de la sala se podía admirar una estatua de tamaño natural de algún héroe. La estatua de mármol estaba hecha con perfección técnica y representaba a un semidiós musculoso quién empuñaba con orgullo una espada e irradiaba victoria.
"El artista debe de estar obsesionado con la victoria; esta estatua exuda dramatismo", Michel pensó. Un alemán uniformado, su cabello muy corto, rapado, entró en la sala y se dirigió hacia la caja con la bocina. La pieza de música bombástica se repetía y mientras el hombre se deleitaba escuchándola, llamó a alguien.
- Magda, ¿dónde estás? - No obtuvo respuesta, volvió a llamar más fuerte y luego tuvo una respuesta.
- ¡Aquí estoy! -una voz sonó en la distancia y momentos después su esposa entró en la sala.
- Esta es la sexta vez que escuchas a Parsival de Wagner -ella se quejó y su marido rápidamente apagó el disco. Entretanto, el intruso se daba cuenta de que esta glorificación de la era de la caballería andante esta la razón de su presencia aquí y que nuevamente no existía barrera del idioma alguna.
- Helga tiene dolor de estómago -Magda continuó-, pero, ¿por qué me llamabas?
- Voy a estar terriblemente ocupado las próximas semanas. Es por eso que no tendré tiempo para los niños; y necesito que me ayudes con mi discurso para la prensa extranjera - Joseph recogió una carpeta.
- De acuerdo, cariño. A propósito, ¿sabías que hace cuatrocientos años alguien predijo que en 1939 estaríamos en guerra con Francia e Inglaterra por Polonia?
- Oh, así que leíste el libro de Kritzinger: Mysterien von Sonne und Seele -él supuso. Ella lo confirmó.
- En fin, algunos miembros del Partido me contaron sobre eso, pero no lo he leído aún -. Su esposa mágicamente hizo que el libro controversial de 1922 apareciera, lo hojeó hasta encontrar un párrafo específico.
- Mira, este cuarteto parece predecir tanto la causa como la fecha de la guerra. Puedes verificarlo con el original en francés, que está debajo -ella dijo.
- ¡¿Francés?! ¡Estamos por atacar Francia! ¿Realmente crees que voy a meterme en ese idioma? Pero Joseph permitió que ella lo convenciera y leyera la versión alemana y la pareja se inclinó sobre el libro, mientras el autor observaba desde arriba.
"Debe de ser mío", concluyó sorprendido. "Es increíble que me encuentre con mis versos en el futuro; un futuro cuyo contenido ni siquiera conozco", y observaba anonadado.
- Aquí hay un cuarteto llamativo que por supuesto puedes usar en tu discurso en el Reichstag1 -Magda sugirió y su esposo lo leyó en voz alta: "En alguna parte lejos de Europa, un niño nacerá de padre pobres y sus discursos seducirá a grandes multitudes. Causará transformaciones a una Alemania más grande".
- Al Führer le va a encantar -ella agregó.
- Le pondré algún pensamiento, cariño. Tal vez si presento a Kritzinger como la fuente. El Führer y los alemanes no van a querer escuchar las profecías de un francés de la Edad Media.
- Del Renacimiento -ella lo corrigió.
- Oh, no seas tan perfeccionista. Un mensaje no necesariamente tiene que ser verdadero. Debe ser simple, repetirse en voz alta y bastante a menudo. La verdad es lo que yo decida que sea verdadero, Magda, pero gracias por tu interesante contribución. Quien sabe, puede tener algún valor para propaganda2. Pero, ¿podrías por favor escuchar mi respuesta a "La Noche de los Cristales Rotos" para la rueda de prensa ahora? -y comenzó, pero un sonido tintineante lo interrumpió. Joseph levantó una bocina o cuerno de un aparato, escuchó a alguien durante un minuto y luego colgó.
- Magda, la institutriz quiere que vengas y recojas a Helmut y a Hilde -y su esposa salió de la sala inmediatamente. Su marido se dirigió hacia el espejo grande y comenzó a practicar su discurso para los periodistas.
- Todas las historias que han estado oyendo sobre el tan llamado saqueo y destrucción de las posesiones judías son mentiras sucias; los judíos no han sido dañados de ninguna manera.
Puso énfasis en cada palabra con un gran gesto, hasta que sintió que la declaración salió de la manera que él la quería. Caminó de un lado al otro de la sala por un rato y luego regresó al espejo para convencerse él mismo una vez más.
- La gran y absoluta verdad es que el Partido y el Führer tienen razón. Siempre tienen razón.
De pronto de dio vuelta y le preguntó a alguien: "¿O usted cuestionaría eso?" Michel miró alrededor de la sala buscando a la otra persona a quien el orador se podría estar dirigiendo, pero no veía a nadie.
- Bueno, ¿lo haría? -el alemán repitió con tono severo.
- ¿A quién le estaba hablando?
- No creas que no puedo verte -dijo Joseph, ahora mirando directamente hacia arriba.
- ¡Ay, caramba, el hombre me ha descubierto! ...por un momento todo parecía congelarse.
- A menudo veo cosas que otras personas no ven -él continuó- y jamás hablé de esto con el Partido, sino pensarían que estaba loco. Pero, ¿qué haces aquí, fantasma? ¿Estás aquí para ayudarme o para hacerme las cosas difíciles? Michel estaba atónito y no supo qué decir.
"Este hombre debe ser muy talentoso", pensó, "puede ver fantasmas y no les teme en lo más mínimo". Ahora Joseph empezó a practicar su discurso en frente de una audiencia de un solo hombre.
- Nosotros, nacionalistas socialistas, actuaremos solamente para nuestros votantes. Entraremos en el Reichstag para aprovechar las armas de la sala de armas de la democracia, la cual había sido creada por esta forma de gobierno disponible. No entraremos como amigos ni como neutrales, sino como enemigos. ¿Bien? ¿Cómo suena? -preguntó convincentemente. Otro silencio invadió el momento y Michel sintió que había puesto mucho en el lugar.
- Lo siento, no puedo seguirlo -finalmente agregó.
- Ah, querido, un pequeño espíritu no desarrollado. Permíteme enseñarte algo. No sé de dónde eres, pero has llegado al Tercer Reich. El imperio que está dirigido por mi Führer Hitler, mitad plebeyo, mitad dios. Posiblemente el nuevo Cristo o por lo menos un Juan el Bautista. Tiene todo lo que se necesita para ser rey, este pronto dictador y tribuno innato de la plebe. Mi amor por él es grande. Y permítame no ser falsamente modesto, fantasma, represento uno de los papeles más trascendentales en el reino más poderoso sobre esta Tierra. Soy el brillante ministro de propaganda, Herr doctor Joseph Goebbels, doctor en filosofía y alemán. ¿Se da cuenta con qué persona importante se ha encontrado aquí?
- Supongo que entiendo lo que dice -Michel contestó. No pudo hacer caso omiso de la energía de Goebbels.
- Lo que hago -continuó Joseph- es vender una idea a las masas de una manera tan penetrante y circundante que ellos aceptarán completamente la variedad de ideas y jamás pueden volver a escaparle. Todo esto lo hago para complacer a mi Führer. En general soy más hábil con la elección de palabras, pero tú eres sólo un fantasma. Es obvio que no eres alguien quien hará que mis discursos se conozcan por todo el mundo, así que esta es mi oportunidad de liberar mi corazón.
- ¿Hay mucha gente cautivada con este líder de quien habla con tanta admiración? -Michel inquirió mientras volaba alrededor del candelero.
- Ajá, es evidente que es un fantasma que viaje en el tiempo. Sí, millones de compatriotas lo adoran. Mi esposa también lo adora. Hasta quiso ser su esposa, pero como no lo logró se casó conmigo, el hombre que más cerca está del Führer.
- Ese Hister debe ser una persona impresionante -el huésped supuso.
- ¡Hitler! Sí, por supuesto que lo es. Lo que nuestro líder quiere lograr es la pureza e idealización de la raza aria. De esta manera, él estimula la familia modelo alemana ideal: blancos y rubios. Ein Kind für den Führer. Mis siete hijos, Helga, Hilde, Harald, Helmut, Holde, Hedda y Heide son todos rubios de ojos azules y son particularmente apropiados para nuestra propaganda. Vea, este es un retrato del Führer -y sostenía un porta retrato de un hombre con un bigote pequeño. Michel se estaba hartando de la actitud de sabelotodo del ministro. El orador profesional siguió tratando de convencerlo, incluso desde su altura.
- ¿Cómo debería imaginarme la pureza e idealización de la raza aria? -el vidente preguntó. Se moría por darle una lección.
- Válgame Dios, nuestro fantasma puede pensar. ¡Qué encantador! Bueno, se lo explicaré: en la vida hay personas de calidad superior y personas de calidad inferior. Lo que sea que haga que los gitanos sean gitanos, o que los homosexuales sean homosexuales, y lo que sea que haga que la gente se enferme mentalmente, está en la sangre o en los genes. ¿Me puede seguir?
- Sí, por supuesto -le mintió.
- De acuerdo. La diversidad de las personas por consiguiente tiene una causa biológica. Ahora, hemos notado que las personas de calidad inferior se multiplican más rápido que las de las clases superiores. Por lo tanto, es necesario segregar las clases inferiores, esterilizarlas o mejor aún, eliminarlas todas juntas. De lo contrario, este crecimiento desequilibrado sin duda conducirá a la destrucción de nuestra cultura.
"La personalidad de este Goebbels es una de los Hermanos de la Oscuridad", Michel comprendió por ahora y no tenía intención de recibir burlas de él.
- ¿Ese "La Noche de los Cristales Rotos" se relaciona con eso también? -inquirió.
- ¡Qué vergüenza!; me estuvo escuchando a escondidas anteriormente, pero es más inteligente de lo que pensaba -dijo Goebbels-. La Noche de los Cristales Rotos es un paso hacia la aniquilación de los judíos. Los miembros de nuestro partido recientemente dejaron en ridículo a esos mezquinos Untermenschen al destruir todas sus posesiones tales como las sinagogas, almacenes y negocios.
- Le oí decir que aquellas personas no han sido lastimadas de ninguna manera.
- ¿Es eso una acusación? Ya le dije: tergiverso la verdad donde sea que vea que encaje. La habilidad y la oportunidad son muy importantes para lograr nuestro objetivo y una mentira puede ser apropiada en tales casos. El Führer y yo queremos dar a los alemanes lo que ansían. Un reino ario puro y amplio. No hay nada que las masas odien más que considerar un asunto de ambos lados -. Goebbels se enroscó en eso él mismo como una serpiente.
- ¿No tiene miedo de que las personas descubran la verdad detrás de sus artimañas? -indagó Michel. Estaba comenzando a darse cuenta con qué gran diablo había venido a enfrentarse.
- No, para nada, pero solo como precaución, el Partido ya había hecho quemar en público 20.000 libros de escritores, filósofos y científicos sobresalientes. Libros escandalosos que conducen a la decadencia moral. Libros con poco espíritu alemán. Lo que nosotros estamos buscando será una bendición para nuestro compatriota y nuestros descendientes. Finalmente nos libraremos de los homosexuales, los gitanos, las personas con limitado contacto social, los esquizofrénicos y los locos. Ya hemos esterilizado entre 350.000 y 450.000 personas. -El ministro continuaba una y otra vez-. Y con el fin de resolver el inmenso problema judío, estamos creando campos especiales de destrucción, en donde nuestros doctores tendrán la oportunidad de llevar a cabo experimentos en estos clases impuras para el mejoramiento de la raza aria.
"No existe conversación alguna con este tipo", pensó Michel y comenzaba a sentirse bastante angustiado. -Usted debería ser esterilizado, de acuerdo con sus estándares; usted está loco -explotó de repente.
- Veo que usted no concuerda conmigo. Qué pena; entonces este es su lado verdadero. Pero no todo lo que es verdadero es bueno para el Partido -continuaba implacable-. Si eso coincide con la verdad real, tanto mejor, sino, de lo contrario, tendrá que ajustarse.
Para ese momento, Michel se estaba desintegrando, el alemán asqueroso estaba consumiendo su energía.
- ¿Qué opinaría de un poster con publicidad de un nuevo tipo de jabón? -el ministro comenzaba nuevamente-. ¿Sería mejor señalar la calidad superior de una marca competitiva? No, incluso negaría con la cabeza a eso. Considere mi argumento como el mismo tipo de publicidad política.
Su visita estaba ahora buscando una salida. Su energía estaba tan agotada que debía salir de allí lo más rápidamente posible. No podía seguir escuchando a ese propagandista un solo minuto más.
- Si la verdad no le es útil, debe adaptarse -repitió Goebbels y luego apagó todas las luces de la sala con sólo tocar un botón. Michel se sorprendió con el cambio repentino del día hacia la noche y comenzó a caerse hacia abajo. Trató de asirse del candelero, pero cayó y dio contra el piso.
"Dios mío, conocí al demonio en persona", y aturdido intentó levantarse.
- Esto casi siempre funciona para los pequeños fantasmas molestos como tú -Goebbels se rio entre dientes y luego encendió docenas de luces nuevamente. Esta vez Nostradamus recibió un enorme shock eléctrico y su cuerpo mental colapso. Allí yace, al lado del héroe de piedra con la espada en lo alto y febrilmente buscaba salvación.
- Apégate a nuestro ideal o tendré que destruirte -el alemán expresó sin piedad.
- Espere, puedo predecir el futuro del Tercer Reich para usted -el vidente dijo para ganar algo de tiempo.
- Unseres schönes Reich, so weiss so weiss and wunderschön -Goebbels cantaba completamente fuera de sí y puso otra pieza de Wagner.
- Tristan und Isolde -él informó y nuevamente apagó las luces. Este nuevo shock causó una parálisis en un costado del cuerpo de Michel y sus poderes de percepción comenzaron a debilitarse. El teléfono sonó por segunda vez y esto le dio una tregua. El ministro apagó la música y levantó la bocina.
- No, no pasa nada, sólo estoy jugando con las luces -él respondió y colgó la bocina.
- Bien, ¿dónde estábamos? Ah sí, querías predecirme el futuro del Tercer Reich. No voy a caer por eso por supuesto, pero yo puedo predecir que su futuro no se ve tan optimista -y nuevamente hizo aparecer un mar de luces. Debido a estos golpes dures, Michel ya ni podía pensar, su cuerpo volátil temblaba peligrosamente y estaba al borde de la evaporación. Un ataque más habría sido fatal. Justo en ese momento, la puerta se abrió y Magda entró.
- Recogí a los niños y ahora están en la cama. ¿Te comportaste mientras no estuve? -preguntó ella.
- Por supuesto, querida, estuve practicando mi discurso -fingió. Su esposa lo miró muy de cerca.
- Quiero que dejes de ver a Irene. Está perjudicando la imagen del Führer -ella expresó.
- No sucede nada entre ella y yo; sólo es una gran actriz a quien sigo de cerca.
- Los dos sabemos que es más que eso, Joseph. Quieres ser un modelo de familia, ¿no es así? Entonces controla tus impulsos sexuales o tendré que informarle al Führer. Se sentó en el sofá con resentimiento y miró pasar a su esposa.
- Ahora me voy a la cama y deja de jugar con las luces -ella le ordenó y luego dejó la habitación. Su marido no desperdició un segundo y con entusiasmo se dio vuelta para terminar su jueguito. Pero nada se veía al lado de la escultura de tamaño natural; el fantasma había desaparecido. En el momento justo, había regresado a su cuerpo material, el cual diligentemente estaba esperando a su amo.
- Me salvé por un pelo -él gruñó y la imagen de Goebbels aún quemaba en su retina. Se calmó y guardó el trípode. Luego se sentó en el escritorio para escribir sobre la peligrosa aventura.
"Sólo al proyectar mi luz por sobre la oscuridad el demonio puede ser dominado", él reflexionó mientras metía la pluma en el tintero.

Anne estaba embarazada por cuarta vez y sólo quedaba unos meses antes de que el bebé naciera.
- Será una niña -su esposo predijo mientras trabajaba en su segundo almanaque.
- ¡No quiero saberlo! -ella gritó y se tapó los oídos.
- No hagas tanto ruido, asustarás al bebé -él le advirtió, pero ella no escuchaba. Inesperadamente golpearon la puerta y Michel fue a responder. Regresó a la sala con una mirada abatida en su rostro.
- Llévate a los niños arriba y quédate allí -le ordenó.
- ¿Qué está pasando? -Anne respondió con indignación-. ¿Por qué me estás tratando como a una bestia de carga?
- No voy a discutir eso contigo en este momento; te explicaré luego -y cuando ella se había ido arriba con los niños, él regresó a la puerta del frente e invitó a pasar a la compañía. Era un matrimonio de Senas. La esposa llevaba a un recién nacido con una apariencia espantosa, dos cabezas y cuatro brazos. Habían viajado desde Toulon, sin parada alguna para ver al médico clarividente. Se rascaba detrás de las orejas cuando vio la monstruosidad mientras que la pareja lo miraba con esperanza.
"¿Qué diablos voy a hacer con esto?" él pensó, pero no tuvo valor para decirles que se fueran y sólo por formalidad él examinó a los gemelos fusionados.
- ¿Cómo me encontraron? -indagó mientras miraba la espalda de la criatura espantosa.
- Las autoridades de Toulon lo recomendaron -respondió el joven padre -. Nos dijeron que usted posiblemente nos podía ayudar -. El doctor les dio algo de beber, después del cual él se concentró brevemente en la esencia del niño, la que no era muy viable.
- Lo lamento, pero su niño no vivirá por mucho tiempo -explicaba con cuidado, ante lo cual la madre rompió en llantos. Su marido la consoló y se marcharon completamente destruidos. Anne bajó con los niños y preguntó que había sucedido.
- Sólo quise evitar que vieran algo tan horripilante, lo cual sólo les traería pesadillas -explicó. Más tarde, luego de que los pequeños se fueran a la cama, develó algo del misterio para su embarazada esposa, sólo un poco, el cual le dio escalofríos.
Unos meses después, su cuarto hijo nació, perfectamente normal, por fortuna. Fue una niña, tal como Michel había predicho y fue bautizada con el nombre de Pauline. Anne volvió a quedar embarazada en seguida. Su marido pensó que estaba bien, aunque la casa se veía bastante ocupada y los llantos y gritos perturbaban la atmósfera tranquila de su estudio. La solución era simple: se colocó una puerta divisoria en el hueco de la escalera y el erudito pudo volver a su trabajo pacíficamente. Además de descubrir los hechos del año venidero y de preparar los horóscopos para todo tipo de personas, Nostradamus había hecho varios intentos para descubrir más acerca del siglo veinte, pero el truco con el trípode ya no funcionaba más. En el local de ciencias ocultas en Marsella encontró un nuevo instrumento y en cuanto regresó a su casa nuevamente subió las escaleras apresurado con el paquete misterioso. Con mucho cuidado desenvolvió la fuente y la ubicó sobre el piso. Luego volvió a bajar las escaleras corriendo hacia el jardín para sacar agua del tonel de la lluvia.
- Vaya, que estás sediento -dijo Anne mientras extendía la ropa.
- Sí, estoy sediento -su marido rarificó, con el propósito de no entrar en discusión alguna y apresuradamente regresó a su estudio con un balde lleno.
"Hoy iba a tener éxito su visita a Hister, el Gran líder alemán que causaría una guerra mundial", se convenció. Vertió un poco de agua en la fuente y le agregó un poco de aceite que tenía propiedades alucinógenas. Luego se sentó al lado. Después de mirar fijamente la superficie del agua por un rato, comenzó a relajarse y cuando los vapores etéreos, sin prisa pero sin pausa, comenzaron a intoxicarlo, él cayó en un trance profundo. De pronto, lo sujetaron por detrás, alguien se arrojó por sobre su espalda. Ya era muy tarde para defenderse él mismo y cayó hacia adelante.
- Papá, tenemos algo para ti -César gritó colgado del cuello de su padre.
- ¡Maldita sea! -soltó su furia y asustó de muerte al niño. Jamás había visto a su padre enojado. Siempre fue la tranquilidad personificada, pero ahora sus ojos ardían de indignación. Michel vio a su pequeño niño allí parado con tristeza e inmediatamente se lamentó por arranque de ira.
- Lo siento por perder los estribos, pero viniste en un muy mal momento -y le extendió su mano. César vaciló por un instante, pero luego, extendió la suya, con un poco de desconfianza.
- Sí, mi niño, el demonio está en todos, incluso en tu padre y es bueno aprender a controlar esa fuerza, lo cual me falló. Por fortuna tenemos consciencia -. Los dos se sentían bastante afectados y se tomaron un minuto para recuperarse.
- Michel, ¿vas a bajar? Te tenemos una sorpresa -su esposa le gritó de repente desde dos pisos más abajo.
- ¡Y ahora qué! -y de mal humor descendió las escaleras haciendo un ruido sordo. Llegó a la sala y no pudo encontrar a nadie.
- Feliz cumpleaños -Anne y los niños gritaron y salieron de la cocina -. ¡Tú obsequio se encuentra al lado de la puerta! - El padre, quien acababa de cumplir cincuenta, comenzó a tener dolor de cabeza y malhumoradamente se dirigió hacia la entrada del frente. Pero no pudo ver paquete alguno y regresó a la sala encogiéndose de hombros.
- ¡Detrás de la puerta! -le cantaron. Él regresó allí otra vez y refunfuñando abrió la puerta.
"Pip- pip - pip" atronó una bocina. Una multitud de aldeanos estaba allí parada justo en frente de él.
- Doctor Nostradamus -comenzó el Alcalde Lemerre- es nuestro placer felicitarlo en su quincuagésimo cumpleaños, celebra la mitad de un siglo.
Todo lo que quería realmente Michel era darle un portazo en la cara, pero, ¿cómo iba a hacerle eso a todos sus conciudadanos entusiasmados y a su familia?, así que tuvo que ser tolerante.
- Usted es un persona muy especial -el alcalde continuó- y muy valiosa para Salon de Provenza. Por consiguiente, el municipio ha decidido erigirle una estatua y nosotros humildemente lo invitamos a venir y develar su propia imagen en la plaza del pueblo -. No había forma alguna de escaparle a eso y llevaron al erudito con pretensiones sin demora. Incluso la multitud que festejaba lo cargó sobre sus hombres y lo trajeron hasta la plaza, en donde se erigía su estatua cubierta.
- Estimado pueblo -el alcalde comenzó cuando llegaron allí-. Nuestro famoso hombre habitante del pueblo ha cumplido cincuenta años y al municipio le gustaría aprovechar esta oportunidad para rendirle homenaje al nombrarlo ciudadano honorario y le ha erigido una estatua-. Lemerre le pidió a Nostradamus que quitara la tela de la estatua y quedó al descubierto una figura de bronce, la cual era un buen retrato del astrólogo. Una orquesta de fanfarria comenzó a sonar y los miembros del municipio se acercaron al erudito apresuradamente para felicitarlo. Después de este aluvión de elogios fastuosos, el trastornado erudito vio un claro y se escapó hacia la parte trasera. El alcalde intercambió unas pocas palabras con la esposa del vidente mientras que los miembros del municipio disfrutaban del refrigerio gratis. Después, Anne caminó hacia la casa, se sentía complacida y dejó que los niños se quedaran en la plaza un poco más para jugar pelota. Su esposo la estaba esperando con rigidez en la sala.
- Nunca jamás quiero volver a tener otra sorpresa como esta -expresó violentamente-. Estaba sentado en una profunda concentración cuando tú enviaste a César a buscarme. Mi corazón casi se para -. Pauline, quien estaba envuelta en ropas, comenzó a llorar.
- Está bien, cariño -su madre la calmó- nosotros siempre tenemos que adaptarnos a tu papi extraño. Él piensa que el universo gira a su alrededor.
Profundamente insultado, se alejó de su empecinada esposa y subió las escaleras maldiciendo y diciendo palabrotas.
- Todo lo que quieres hacer es concentrarte en toda clase de desastres todo el tiempo -ella le gritó detrás-. Bueno, nosotros no. Nos gusta divertirnos una vez cada tanto -. Él sabía que se había casado con una mujer no convencional, pero esta vez se había pasado de la raya y para siempre cerró la puerta del ático. Se quedó todo el largo día en su estudio e hizo un mohín, pero por la noche se había calmado y fue a ver a Anne en la habitación y le dijo que lo sentía.
- Tienes razón, soy demasiado serio y debe ser difícil para ti y para los niños estar conmigo, pero no puede evitar ser como soy…
- Eso no es nada nuevo. Ven aquí y quítate la ropa -ella le dijo. Se metió en la cama con ella y se abrazaron con amor.
- Sé que tienes que cumplir tu misión -ella continuó- y te apoyaré hasta el final, pero al mismo tiempo, quiero tener una vida también -. Su comprensión lo tranquilizó e hicieron el amor.
- Tengo tanta suerte de tenerte -él le susurró después. A la mañana siguiente se despertó sintiéndose horrible; sentía como si su cuerpo estuviera quemándose. Era evidente que ayer había sido demasiado para él. Anne oyó que su marido se quejaba y notó que estaba gravemente enfermo.
- ¿Debería buscar a un doctor? -ella le preguntó preocupada.
- Yo soy el doctor y todo lo que necesito es descanso. Y amor -él agregó. Estuvo enfermo en cama durante días y su esposa lo cuidó, a pesar de su gran vientre.
"Siempre pasa algo con mi erudito", ella pensó mientras le quitaba la cáscara al huevo hervido que preparó para él. "Debo darle más espacio".

Era navidad, las vacaciones más grandes después de las Pascuas. La familia Nostradamus, ahora más numerosa, cinco niños, celebró el nacimiento de Jesús Cristo en la iglesia de Saint Laurent. Era la primera vez que una escena navideña había sido armada en una iglesia, con estatuas de tamaño natural, y todos querían verla. Los niños corrieron apresurados hacia el frente y Paul y César lograron ubicarse justo al lado del pesebre con el niño Jesús dentro.
- ¡Mamá, André se parece a Jesús! -Paul le comentó al ver el parecido a su hermano recién nacido.
- Creo que André es más apuesto - ella le respondió desde atrás de una fila de personas. Los transeúntes la miraron con recelo.
- Eso es sacrilegio -uno de ellos la acusó. Anne no le prestó atención alguna y miró al resto de los muñecos de Navidad con su marido. María, José y los pastores del rebaño eran considerablemente menos populares y un poco más allá, los tres reyes desde el Este tenían la menor cantidad de atención. Ahora se les solicitó a los feligreses que tomaran siento sobre los bancos de madera, donde Nostradamus rápidamente le contó a sus niños sobre Francisco de Asís, quien fue el que había comenzado con el uso del granero. De esta manera, el monje quería llevar el mensaje de Navidad a los analfabetos. Desafortunadamente, los niños no eran tan filosóficos como él había esperado; estaban ocupados mirando las miles de luces que hechizaban la sala. Era el momento de la obra de navidad. El viejo arzobispo de Arles, movió el atril, ansioso porque comenzara.
- Damas y caballeros, la Navidad es la promesa de la nueva vida que trae Jesús y este hermoso tema será ahora actuado para ustedes. Disfruten-. Los actores subieron a escena y la audiencia se inclinó hacia adelante con entusiasmo. No todos los espectadores, ya que Michel creía que todo el suceso era un poco dudoso. Antes del auge de los Protestantes, tal hermosa actuación de Navidad jamás había sido organizada, y el obispo jamás había sido tan amigable y jamás había hablado tan brevemente. Era obvio que la Contra Reforma trataba de atraer más almas, pero nada de crítica se podía esperar del público parroquial. Les estaban lavando el cerebro a sus inocentes niños. Observó la obra teatral con aversión, pero como la multitud se emocionaba cada vez más él comenzó a ceder ante la atmósfera feliz. Para concluir, hubo desfiles con los pastores y los tres reyes, el cual finalizó en el pesebre. Pese a los motivos impuros de la iglesia, había sido una noche agradable y la familia regresó a casa después del entretenimiento. Esa noche, su sexto bebé fue concebido.




Capítulo 7



La flecha del cielo hace su viaje;
La muerte habla; una gran ejecución
La piedra en el árbol; una raza orgullosa humillada
Monstruo humano; limpieza y castigo.


- Michel -Anne lo llamó del otro lado de la puerta del ático cerrada- voy a salir esta tarde y no volveré hasta mañana por la mañana. Tomaré el té contigo antes de irme, si lo deseas -. Eso le pareció una buena idea a su esposo y abrió la puerta. Ella entró con una charola con el té y galletitas y la ubicó sobre su escritorio.
- ¿Dónde vas? -él preguntó.
- Voy a cabalgar al Camargue con Jacqueline y luego pasaré la noche en su casa en Istres. Hace mucho tiempo que no veo a mi hermana.
- No sabía que andaba a caballo.
- Sí, acaba de comenzar. Así que tendrás que arreglártelas sin mí por poco tiempo. Pero la mucama vigilará a los niños -ella sirvió el té de flores.
- ¿Aún trabaja en el taller de costura? -su marido inquirió mientras le daba un mordisco a la galletita de pasas.
- Sí, y le pedí que confeccionara una bata larga marrón para ti.
- Maravilloso, gracias -él respondió mientras se quitaba las migas de la barba. Terminaron el té y luego Anne siguió su camino.
- Dale mis saludos a tu hermana -él le expresó mientras salía y rápidamente se dieron un beso. Cerró la puerta para que ninguno de los niños se arrojara sobre su espalda esta vez, y también cerró las ventanas. Ahora estaba prácticamente oscuro por completo, se sentó en si silla de oficina y sacó una píldora secreta de un cajón de su escritorio. En esta caja el guardaba una hierba que se usaba para estimular el tercer ojo. ¡Un nuevo experimento! Esparció la hierba en polvo por sobre el escritorio y la aspiró través de sus fosas nasales de una sola inhalación.
"Maldición, tomó un poco demasiado de esa cosa", él refunfuñó y empezó a llorarle los ojos de dolor. De pronto la sala comenzó a dar vueltas y sujetó con fuerza los apoya brazos de su silla, pero perdió el control.
- ¡Anne! -él gritó, y sus ojos comenzaron a rodar en sus órbitas y su cuerpo lentamente se deslizó de la silla al piso.
Después de un rato, el místico, quien yacía en el piso, recobró la conciencia.
"Este no es mi estudio", lo notó y miró alrededor. Se encontró a sí mismo en una sala enorme y se sentó para observarla mejor. La sala tenía un impresionante piso de mosaico de un sol negro; la imagen estaba hecha de símbolos de varias religiones. Había muchas reliquias en la sala y tenía solamente una ventana pequeña. Se dirigió hacia ella inmediatamente y miró hacia afuera.
"Terminé en un castillo", él determinó. No había nada de mayor interés en la sala y lleno de curiosidad, caminó hacia una salida.
"Aquí siento una extraña atmósfera que me recuerda a la magia negra". Y con cuidado descendió una escalera de piedra. En el siguiente nivel debajo, había más salas y todas las puertas estaban abiertas de par en par. La inscripción de la primera era "Sala Rey Arturo". Allí había una mesa de madera redonda con doce sillas alrededor.
"Inspirada en los tiempos de Arturo, obviamente", él pensó. El viajero del tiempo caminó por alrededor, mirando cada cosa, brevemente tocó las sillas y luego visitó la sala siguiente llamada "Sala Rey Heinrich I".
"Aquí el mobiliario estaba hecho de materiales de avanzada, posiblemente del siglo diecinueve o veinte", él supuso. Había un escritorio, archiveros metálicos y una caja de seguridad. En la pared colgaba un plano con la palabra Wewelsburg escritas con letras grandes encima.
"Este debe de ser el plano del piso de este castillo", él pensó. El proyecto gigantesco abarcaba una ciudad en un medio círculo de exactamente mil metros de diámetro y la cosa entera tenía la forma de una flecha, la cual señalaba hacia el norte. Curioseó en uno de los cajones abiertos del escritorio y encontró que estaba lleno de aros de calaveras.
"Una colección macabra", él pensó. En los archiveros todos los archivos estaban prolijamente ordenados alfabéticamente. Sólo una carpeta con imágenes muy claras de un monasterio tibetano se encontraba peligrosamente por encima. De pronto oyó voces y con cuidado miró alrededor del marco de la puerta. Tres hombres uniformados subían con dificultad las escaleras de piedra.
- El pueblo de Alemania tendrá un líder especial cada mil años -oyó que uno de ellos decía.
- Te refieres a mí, por supuesto -respondió el hombre con el pequeño bigote y una voz aterradora.
"Ese debe de ser Hister", Michel se dio cuenta al instante.
- Sin duda alguna, mi Führer - contestó su adjunto, Heinrich Himmler.
- Fue exactamente hace mil años que Heinrich I gobernó las tierras alemanas y bien podría ser su reencarnación.
Los hombres ahora se estaban acercando y se preparaban para entrar al nivel en donde se encontraba Michel.
- ¿Cómo va la renovación de Wewelsburg? -preguntó Herman Göring.
- El castillo está prácticamente listo. Venga, le mostraré la sala del General -Himmler respondió y continuaron subiendo las escaleras. Michel no pudo oír más la conversación de los hombres, pero los pasos sonaban en todo el edificio. Después de un rato, los alemanes bajaron nuevamente y sus voces se oían nuevamente.
- Bueno, gran maestro del reino teutónico -Göring bromeó-, ¿cuál será nuestro lugar permanente?
- La Sala Rey Arturo -respondió Himmler-, es el lugar donde nos encontraremos de ahora en adelante. Michel podía oírlos desde la sala de al lado, mientras se sentaban alrededor de la mesa redonda. Había una puerta entre las dos salas y muy silenciosamente apoyó su oído sobre ella.
- Caballeros, les he pedido que viniera aquí por un motivo en particular -Himmler comenzó-. Me gustaría presentarles mis planes magníficos.
- Espero de ustedes sólo planes magníficos -Hitler hizo un gesto, pero el adjunto no se dejó distraer.
- Wewelsburg se convertirá en el santuario de Europa -continuó-. El castillo debe transformarse en un centro para una nueva religión. Una religión con dioses reconocibles, mitos en incluso su propio Vaticano.
- ¿Basado en el modelo Cristiano? -Göring supuso.
- No, quiero que nuestras viejas raíces Arias se tornen dominantes. Es por eso que quiero que la Biblia sea reemplazada por Mein Kampf y todas las cruces, por esvásticas. El clarividente Karl Wiligut ha predicho en el pasado que este lugar será un baluarte mágico alemán.
- El maldito poder del Vaticano debe desintegrarse sin duda alguna -Hitler acordó.
- Sin embargo, existe una aspecto de la Cristiandad -agregó el segundo al mando de la nación-, la cual nos fascinará a todos constantemente y que es el Santo Grial -. Michel escuchaba todo eso con asombro. Ellos estaban ha blando de la copa mágica de la cual él había bebido en su iniciación.
- Durante años nuestro Sociedad Thule ha intentado apoderarse de este grial para nosotros porque se suponía que conduce al último poder. Hace cuatro años, ordené a Otto Rahn*, el historiador, que buscara el grial en las cuevas cerca de Montsegur, pero ha buscado en vano. De todos modos, él ya no puede transmitir más información importante a terceras partes.
- Me enteré de otras víctimas durante su búsqueda -comentó Hitler.
- Alrededor de un millón -Himmler respondió secamente-, pero esto es de menor importancia comparado con lo que tengo en mente.
- Ya lo llaman el gran inquisidor -Göring bromeó y todos los hombres se rieron.
- Sí, pero escuchen, ésta es la historia. Yo mismo viajé a Montségur y busqué durante varios meses. Finalmente un camino me condujo al monasterio de Montserrat en España, y, caballeros, tuve éxito. He encontrado el grial -. Nostradamus oyó esto con incredulidad. ¡Ese personaje de Himmler es aún más peligroso que su jefe!
- ¿Dónde está la copa? -Adolf gritó con excitación.
- En la caja de seguridad de la sala de al lado. La traeré por un momento - y orgulloso como un pavo real Himmler se dirigió a la Sala Rey Arturo en donde el abrumado vidente rápidamente se ocultó igual que un niño pequeño. Conteniendo la respiración observaba desde atrás del archivero cómo se abría la caja de seguridad y vislumbró el Santo Grial.
"Ese no es", pensó aliviado; el cáliz original es más pequeño y tiene una marca dentro -. Entretanto, Himmler tomó la reliquia y regresó con sus Hermanos de la Oscuridad.
- Mi Führer, el honor es suyo -y le entregó el supuesto Santo Grial a su superior. Hitler examinó el cáliz con desconfianza y luego silenciosamente lo puso sobre la mesa. Luego comenzó a aplaudir con convicción y miró a su adjunto lleno de orgullo.
- El poder absoluto es ahora nuestro -Himmler sonrió abiertamente-, pero permítanme ubicar el grial tras puertas cerradas una vez más. Herr Wiligut* y los oficiales estarán aquí en cualquier momento y quiero que solo nosotros tres sepamos la ubicación del grial -. Hitler dio su aprobación y Heinrich dejó la sala para colocar el grial en un lugar seguro nuevamente, mientras Michel volvió a ocultarse detrás de los archivos. Ahora muchos guardias podían verse en Wewelsburg y pronto llegó un grupo de oficiales de la SS. Entraron y saludaron al Führer. Adolf los ignoró completamente; sólo tenía ojos para su adjunto quien, pensó, podría tener algo más en la manga.
- ¿No viene Goebbels? -Göring preguntó a su jefe soñador.
- No, Joseph está trabajando en mi discurso, con predicciones de Kritzinger -respondió con indiferencia.
- Esta sala -Himmler se dirigía al grupo extendido- será accesible sólo para los doce oficiales de rango superior en el imperio. Después de la iniciación, se mantendrá la más estricta confidencia sobre todo que tendrá lugar en este orden. El voto de confidencialidad deberá ser garantizado por la fuerza, bajo la supervisión del clarividente Herr Wiligut -. El médium que mandaron llamar se presentó él mismo y Nostradamus olió a gato encerrado.
- Todos los miembros entrarán en la sala de al lado en una hora fijada -Himmler continuó- mientras los demás enfocarán sus pensamientos en esa persona. Debido a la influencia de la fuerza del caballero, ese miembro no podrá guardarse secreto posible alguno para él mismo. Herr Göring, propongo que usted vaya primero.
Michel se agachó por tercera vez y en una fracción de segundos más tarde Göring entró en la sala y se sentó en el escritorio y esperó. El círculo cerrado de la SS comenzó luego a contactar espíritus de los ancestros alemanes, quienes, junto con los sonidos de la escala tibetana se suponían que purificarían la sala. Cuando los sonidos se apagaron, el silencio perfecto invadió por un rato. Göring pertenecía a los de mayor confianza y él estaba seguro de que tenía una hoja de servicios limpia. Sin embargo, el experimento lo estaba haciendo sentir inseguro y nerviosamente se comió las uñas. Finalmente fue readmitido a la sala con sus colegas.
- Esto no es lo que yo esperaba, Hermann. ¿Qué nos oculta? -Himmler preguntó inesperadamente.
- No oculto absolutamente nada -Göring respondió con altivez.
- Bueno, de acuerdo con Herr Wiligut usted es…
- Yo soy un hombre de honor y decencia y siempre he sido leal al Führer.
- Entonces tiene que haber alguien más en esa sala -Wiligut supuso.
- Eso es inverosímil -dijo Himmler-, este complejo está custodiado igual que una fortaleza -. Pero para estar seguro, ordenó a sus guardias que registrara la sala de al lado.
"Ah no, me atraparán", el otro clarividente se dio cuenta demasiado tarde. Los soldados encontraron al intruso y lo arrastraron hacia el grupo de conspiradores. Su líder se levantó furiosamente y lo miró con odio.
- ¿Cómo entró aquí? -gruñó, pero el espía permaneció en silencio.
- El Führer le hizo una pregunta -Himmler lo enfatizó brutalmente, pero Michel aún mantenía su boca bien cerrada.
- Esto no volverá a suceder, mi Führer -su adjunto se disculpó.
- Arrójenlo al Walhalla y enciendan el horno abrasador. Tenemos formas de hacerlo hablar -. Los guardias llevaron al intruso y lo encerraron en el sótano, en donde Michel recobró el conocimiento.
"Me olvidé por completo que esta es solo una imagen del futuro", él se dio cuenta. "Estaba obsesionado con el peligro", y, sintiéndose un tanto tranquilo, miró alrededor de la sala. Al lado de ese horno, el cual comenzaba a mostrar señales de vida, había un contenedor lleno de escudos que pertenecen a soldados muertos. La insignia se quemaba con ceremonia aquí.
"El temor es mi mayor enemigo, pero será mejor ir a lo seguro y no correr riesgos. Uno nunca sabe, también podrían quemarme hasta hacerme cenizas. El horno ya se está calentando", y él enfocó su atención en el estudio de su casa. "Todo se trata de concentración", y después de que había enfriado su cabeza, poco a poco se disolvió.
"Ah, qué gusto da verlo", suspiró cuando vio su ático. Fue directamente a su escritorio para escribir los sucesos, pero se desconcertó cuando se dio cuenta de que su cuerpo terrenal, yacía inmóvil en el piso al lado de la silla. El cuerpo respiraba muy lentamente y sospechaba que aún se estaba recuperando de la sobredosis de hierbas que había ingerido anteriormente. El fantasma intentó entrar por la fuerza, pero el cuerpo material no respondía.
"¿Y ahora qué? Esto no es algo que uno puede aprender de un libro", él se dijo a sí mismo con seriedad y decidió sólo esperar y ver.
"Los caballeros del siglo doce seguramente causaron un impresión en esos alemanes", él pensó. "Me pregunto que habrá sido de esos monstruos".
Y antes de que siquiera finalizara el pensamiento que pensaba, se encontró a sí mismo en un búnker, rodeados de nazis, quienes estaban caminando alrededor presos del pánico.
¡Maldición! Por fortuna, nadie lo vio. Estos personajes oscuros estaban absortos en asuntos mucho más urgentes.
"A veces lo ven a uno y a veces, no. Parece que depende de su humor", se dio cuenta frunciendo el ceño. "Parece igual a la vida real y luego…"
Una explosión repentina causó que el búnker que concreto temblara peligrosamente y las nubes de polvo cubrieron el lugar. Estaban bombardeando a los Nazis; era un asunto de vida y muerte. Una secretaria grande y rubia corría alrededor, confundida por la agitación y rozó a la visita inadvertida al pasar.
"Ella, cegada por el pánico, no podía asimilar nada más", Michel observó nuevamente. Con cuidado, él examinó el complejo, en donde docenas de oficiales se habían refugiado de la batalle en las varias salas. La mayoría de ellos estaban recostados en las literas y se veían como se hubieran llegado sus últimos momentos. Todas las salas se veían de forma triste y estaba en un estado ruinoso. La cañería colgaba por todas partes del techo, las paredes estaban agrietadas y había basura por todos lados. Entre las camas había barriles de plásticos con combustible. En una de las salas, el viajero en el tiempo descubrió a seis niños rubios con ojos azules.
"Esos deben de ser los niños de Goebbels", pensó. En la sala de los oficiales encontró a Hitler y a sus confidentes. Nuevamente el búnker se sacudió sobre sus cimientos mientras un operador de teléfono trataba, con gran dificultad, mantener contacto con el ejército. El Führer estaba tratando de dirigir a lo que quedaba de su Tercer Reich de Berlín. Las oficinas se encontraban justo debajo del Reichstag y tenía un techo fortificado, un grosor de varios metros, para proteger al líder de las peores bombas posibles.
- Los rusos y sus aliados nos están atacando de todas direcciones -Hitler gritó, pero no estaba en su personalidad rendirse. Nostradamus miró de cerca al odio personificado. Cada poro parecía estar al servicio de la destrucción.
"Qué curioso, que pueda poner a su líder bajo una lupa como esta", él pensó. Himmler también se encontraba allí. Se quitó los anteojos y se refregó los ojos con desánimo.
- Quizás no sea demasiado tarde para rendirse a cambio de nuestra libertad -sugirió.
- No jamás negociaremos con el enemigo. ¡Continuaremos hasta la victoria final! -Hitler bramó mientras un pastor alemán le lamía los dedos. Su adjunto estaba mirando al vacío, abandonando toda esperanza. El búnker se sacudió nuevamente sobre sus cimientos. Las bombas caían cada vez más cerca.
- Yo también creo que deberíamos rendirnos -el General Berger admitió de mala gana.
- Escúcheme: ¡Jamás me rendiré vivo! -Hitler le dijo entre dientes en su cara y Berger salió de la sala frustrado.
- Entonces, me abandona, traidor -su líder se quejó mientras continuaba dando ordenes al azar. Sus seguidores, sin embargo, estaban aplacados y se resignaron a la situación, la cual se tornaba más desesperada en cada minuto. El ofendido Führer se dirigió hacia su secretaria para dictarle su última voluntad y testamento.
- Escriba -dijo-, que yo Adolf Hitler, juro que gobernaré mi Tercer Reich incluso desde la tumba.
"Obviamente espero que no se haga realidad", Michel pensó parado justo detrás de él. El operador entró con mala noticia.
- Los miembros de la resistencia han asesinado a nuestro aliado Mussolini y lo han colgado cabeza abajo -les informó. Dejó a Hitler sin sentido por un momento, pero rápidamente se recuperó.
- No quiero que el enemigo se apropie de mi cuerpo. Quémenlo después de que muera -él ordenó. Traudl tomó nota de su deseo. Eva, la novia del Führer, entró con un tazón de agua para el perro, Blondie, quien con entusiasmo comenzó a beber a lengüetazos enseguida.
- ¿Dónde está Magda? -Eva preguntó. Estaba inclinada contra un montón de cajas que contenían documentos importantes que se suponía que iban a quemar en el último minuto.
- Supongo que está con Joseph -Himmler respondió. El oficial de contacto entró nuevamente con un mensaje desastroso. La SS parecía haber sufrido una derrota importante a orillas de la ciudad.
- Así que mi ejército definitivamente me está abandonando -Hitler se mofaba y su rostro se tornaba púrpura. Casi sufre un ataque y debió dejar la oficina. Se retiró a la sala de estar, donde Magda Goebbels estaba recostada sobre el sofá como una rata mojada.
- ¿Por qué no te llevas a esos niños tuyos y luchas por un cambio? -le gruñó a ella. Ella prudentemente mantuvo su boca cerrada y huyó de su ídolo. El sueño de Adolf de un súper imperio se estaba haciendo pedazos.
- Ya nadie hablará más conmigo, sólo Eva -él se quejó y se dejó caer sobre el sofá y puso la Convención de Nuremberg por enésima vez. Era lo más destacado de su vida y el ver la película lo relajó un poco. Su novia lo había seguido y se sentó a su lado.
- Adolf, quiero casarme contigo. Hoy -ella le propuso.
- Sabes que estoy casado con mi misión -él protestó. Pero Eva comenzó a acariciarlo tratando de persuadirlo.
- De acuerdo, nos casaremos para tu seguridad -finalmente aceptó. Y mientras ella le agradecía con un beso en la nariz, la pantalla mostraba una plaza gigantesca, donde ciento de miles de personas tenían un brazo inclinado hacia arriba para saludar a su líder.
"El rey de reyes, con el apoyo de Pannonia", Michel interpretó mientras observaba. El sirviente personal del Führer entró corriendo.
- ¿Ahora qué pasa? -su jefe preguntó.
- Herr Himmler se fue. Huyó hacia el oeste por el sistema del túnel.
- Envía algunos soldados para que lo eliminen.
- Este, no queda nadie para llevar a cabo esa orden -el sirviente respondió con mala gana. Hitler detuvo la película y se quedó mirando hacia adelante con aspecto desalentador. Nostradamus tenía curiosidad por descubrir más sobre el escape del adjunto y salió de la sala de estar. Después de que había buscado por el complejo, encontró un túnel hacia el oeste, a través del cual Himmler supuestamente había huido. Se preguntaba qué hacer, cuando oyó un sonido aplastante de la sala contigua.
- Vaya, vaya, si no es nuestro fantasma de la casa -de repente oyó el sonido de una voz familiar. Era el Ministro de Propaganda, quien podía ver fantasmas y quien anteriormente ya lo había engañado sosteniendo un debate con él. Goebbels lo miraba fijo desde la entrada con una extraña expresión en su rostro.
"Esta vez, no debo dejarme llevar por este idiota", Michel decidió.
- Qué pena que te fuiste tan pronto la última vez -dijo Goebbels-. ¿Supongo que regresaste para ver cómo nos enfrentamos a nuestra destrucción? Pero aquel que ríe ultimo -… y comenzó a reír. Hitler entró caminando.
- Joseph, te necesito como testigo. Eva y yo nos casaremos.
- Estaré allí en un minuto. Estoy hablando con alguien.
- No hay nadie aquí, Joseph. Estás viendo fantasmas otra vez.
- ¡Pero está justo allí! -y señaló en dirección a Michel. Hitler sacó su pistola y disparó varios tiros en el lugar donde se suponía que estaba el fantasma.
- Ya no más. Vamos y mantén la boca cerrada -. Algunos oficiales asustados vinieron corriendo con sus ametralladoras y preguntaron que estaba sucediendo.
- Sólo le disparé a un fantasma -su líder dijo con desdén empujando a Goebbels junto con él. Michel, mientras tanto, se deslizaba en el piso. Las balas lo habían atravesado.
- Me muero -gritó. Pero su cuerpo más elevado simplemente se sacudía. Se oían sonidos de música de boda que venían de la sala de estar. Adolf y Eva estaban casándose realmente en el último minuto. La ceremonia no transcurrió sin problemas exactamente; fueron interrumpidos por varias explosiones serias. El enemigo ahora estaba imponiendo el estado de sitio en la ciudad con gran fuerza. El pastor alemán estaba asustado por los disparos y se recostó al lado del fantasma colapsado; el único lugar para encontrar algún consuelo subterráneo. Michel tuvo suerte porque el calor del animal lo ayudó a recuperarse sorprendentemente bien. En lugar de huir, decidió que quería ver el final del drama de la guerra. Para mayor seguridad, se mantuvo alejado del psíquico Goebbels, mientras observaba de cerca la caída de los Nazis. Después de la fiesta de la boda, el Führer anunció que iba a suicidarse y quiso que lo dejaran solo. Cuando se quedó solo con Eva, puso unas gotas de algo en la boca de su leal perro. Blondie cayó muerto y lo pusieron en un rincón de la sala.
"Debe de haber probado un veneno", Michel interpretó. Por supuesto, el "rey de reyes" le dio algo a su recién esposa y luego bebió un poco él mismo. Los dos durmieron por siempre. Luego el sirviente personal entró en la sala y le disparó a su empleador en la cabeza por si acaso. Los últimos seguidores arrastraron los dos cuerpos escaleras arriba hacia el patio trasero junto con los documentos importantes y quemaron todo.
"Hasta nunca", el vidente, quien los había acompañado, farfulló antes de regresar al búnker nuevamente para ser testigo de todo hasta el último minuto.
"¿Quién más está allí?" se preguntaba mientras caminaba por el edificio. En el cuarto de los niños encontró más horrores. Los seis niños de Goebbels estaban sobre la cama, muertos por envenenamiento.
"Apuesto a que el padre y la madre hicieron eso", sospechó Michel y los encontró sin vida detrás de la puerta.
"La justicia ha prevalecido. Sin embargo, ese genio diabólico todavía anda suelto", y con decisión se dirigió hacia el túnel por el cual Himmler se había escapado. Con cuidado entró al oscuro pasillo, pero pronto alcanzó los cimientos.
"Maldición, esto va a llevar más fuerza de la que me queda", se preocupó. En la distancia vio una luz. No duró mucho, sin embargo, porque resultó que provenía de la secretaria de Hitler, quien estaba tratando de salvarse el pellejo. Vencida, estaba caminando por el camino con una linterna. Pasó rápidamente por al lado de ella y continuó. Pronto apareció una estación de tren subterráneo y algunas lámparas defectuosas iluminaban a grandes grupos de mujeres, niños y ancianos. Se habían estado ocultando allí de las batallas en la ciudad y estaban esperando el final de la guerra sentados en la plataforma. Michel pasó volando por los arcos y los rostros abatidos y dejó detrás la estación U-Bahn. Mientras seguía el camino hacia el oeste, dolorosamente se volvió a topar con la pared del túnel.
- ¡Ay! -exclamó, pero no fue un dolor terrenal, sino simplemente una molestia y aumentó la velocidad. Se avecinaba la próxima estación y la lucha intensa aún se sostenía allí. Los fanáticos miembros de la SS estaban asesinando a soldados desertores quienes se habían estado atrincherando entre los civiles ocultos.
"No tenía tiempo para detenerse", el fantasma decidió y pasó navegando por al lado de los berlineses quienes estaban luchando por sus vidas. El túnel parecía interminable, hasta que de repente bloquearon el camino. El túnel bajo tierra se había derrumbado y un poco de luz brillaba sobre el montón de escombros. Michel miró el techo arruinado y deslizó su cuerpo flexible hacia afuera a través de la abertura. Salió a Berlín Oeste, la cual había sido allanada. Enormes fuegos estaban haciendo nubes negras y la rara hilera de casas aún seguía allí. Los Aliados firmemente se hacían camino por la última de las calles hacia la ciudad del interior. Había cadáveres sangrientos por todas partes entre los escombros y los árboles caídos. Un montón de objetos que zumbaban de pronto volaban de las nubes.
- ¡Vaya, tuvieron éxito en la construcción de maquinas voladoras! -el vidente exclamó con euforia, luego se reprendió a sí mismo por su reacción infantil y se concentró una vez más en encontrar señales de Himmler. Desde el cielo, él descubrió un puesto de control británico, el cual obstruía el camino del tráfico saliente, algunos carruajes sin caballos estaban siendo inspeccionados. Había miles de soldados, pero todos marchaban hacia el centro de la ciudad. Había perdido el camino y regresó al túnel colapsado para buscar pistas. ¡Eureka! Detrás de una montaña de escombros vislumbró el sombrero de una oficial con un saco haciendo juego, quien sostenía una insignia del rango más alto del país.
"Aquel nazi se libró de su uniforme", se dio cuenta, y le echó un vistazo a la zona entera. Había sobrevolado el puesto de control varias veces cuando notó a Himmler. Estaba saliendo de la barraca y lo acompañaba un comandante británico. Himmler pretendía ser un simple soldado desertor y trataba de hacer un trato. El fantasma se posó al lado de él en el pasto y lo oía mentir. El sinvergüenza estaba inventado un gran cuento y susurraba algo de una gran recompensa. Al comandante británico parecía gustarle la idea y miró alrededor para asegurarse de que sus camaradas no lo atraparan. Pero el caos reinaba y tanto los soldados británicos como los estadounidenses sólo tenían ojos para los últimos de la resistencia. Este era el momento justo para tratos ocultos y se fueron tras un árbol para tramar sus intrigas.
- Trato hecho -el británico finalmente aceptó y cerraron el acuerdo justo cuando algunas nubes negras por encima se abrieron. El sol pasó por la abertura y brilló exactamente sobre el oscuro suceso. Himmler fue iluminado; y también Nostradamus, quien inesperadamente se hizo visible.
- ¿Eres aquel que pasará el Juicio Final? -preguntó el inescrupuloso alemán, cuando lo vio. El supuesto juez le dio una mirada silenciosa pero significativa.
- Te escupo -le respondió Himmler sin una pizca de remordimiento. Luego una flecha misteriosa voló del cielo, a través de las nubes y perforó su corazón. Esto indudablemente marcó el fin del Tercer Reich.
"¿Mi presencia influye o no en realidad?" Michel se preguntó.


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