home
ebook gratis home
 

El mayor pecador de todos los tiempos


Capítulo 1/7

traductor ingles español: Silvana Mellino



Capítulo 8



La flecha del cielo hace su viaje;
La muerte habla; una gran ejecución
La piedra en el árbol; una raza orgullosa humillada
Monstruo humano; limpieza y castigo.



La puerta del estudio fue forzada para abrirla y Anne entró con las rodillas temblando, con temor de encontrar a su marido muerto dentro. Después de que había llegado a casa, la empleada doméstica le había informado que el erudito había urgentemente solicitado que no se lo molestara bajo ningún motivo. Estaba conduciendo un experimento importante. Pero ahora pensaba que ya había llevado mucho tiempo. No había salido de su estudio por días y al parecer sus preocupaciones fueron justificadas. Encontró a su marido tirado en el piso.

- ¡Está muerto! –gritó.

- ¿Por qué no golpeaste? –Michel preguntó. Estaba sorprendentemente lúcido. Por un momento, ella enmudeció, pero luego se enfureció mucho.

- ¡Te encerraste durante tres días enteros! Te llamamos tantas veces, golpeamos la puerta, gritamos y no abrías la puerta. ¡No aguanté un minuto más!

- Estoy bien –le aseguró calmadamente.

- Pudiste haber muerto –continuó ella, aún muy agitada –. No tenía elección más que actuar. Y, por cierto, la reina quiere verte. Pensé que probablemente querrías saberlo.

- ¡Buena noticia, en verdad! Empacaré enseguida –, y comenzó a levantarse para prepararse.

- No seas idiota; primero pasarás unos días recuperando tu fuerza. Te ves horrible –le gritó y su marido le prometió que se calmaría por unos días.


- ¿A dónde fue papá? –preguntó Pauline de tres años al día siguiente.

- Papá está haciendo cargo del más allá –contestó César.

- Pásame el pan, por favor –le pidió el padre. Su hijo se lo pasó.

- Creo que estaba haciendo bromas nuevamente –dijo Paul con osadía.

- Tu padre está perdiendo el cabello, pero no las travesuras –Anne acordó. Su marido bebió un poco de jugo de fruta y las bromas le causaron mucha gracia.

- Tu padre irá a visitar a la reina pronto –la madre les informó a todos.

- ¡Paul, suelta a César!– Paul tenía flor de carácter y era inquieto a menudo.

- Espero que la reina no sea demasiado hermosa. Porque entonces nunca más veríamos a papá –comentó Madeleine.

- Yo sólo quiero a tu madre –le aseguró–. Y a fin de cuentas la reina ya está casada con el rey.

- Bueno, he oído que ese matrimonio es sólo una farsa –Anne mencionó–. Y hay muchas doncellas en la corte.

- ¿Qué son doncellas, mamá? –preguntó Pauline.

- Son mujeres que no están casadas con un hombre, pero que lo desean de todos modos –trató de explicar simplemente.

- Pues alrededor de esta mesa hay muchas doncellas –bromeó César. Sus padres se rieron y luego comenzaron a limpiar la mesa.

- Te quedas con André un minuto –le pidió Anne. Su marido, quien estaba volviendo a la normalidad, vigilo al bebé mientras ella fue a sacudir el mantel afuera en el jardín.


La primera parte de Las Profecías había tenido gran éxito en la corte del rey y la Reina Catalina de Medici solicitó al astrólogo inmensamente popular que viniera a su palacio para una consulta. Ante semejante honor recibido, Nostradamus no pudo negarse y le concedió su deseo. Puesto que París está muy lejos, tendría que estar fuera de su hogar durante un mes aproximadamente. Se despidió acongojado de su familia.

- Aquí, muchachos, no me olviden–, pero los niños ya estaban afuera corriendo, pues estaban ocupados en otras cosas. El padre los amaba a todos, sin importar lo que hiciesen, pero se sentía más conectado a César, un muchacho inteligente, a quién, algún día, podría pasarle su conocimiento.

- Ten cuidado. Siempre hay mucho odio y envidia en la corte –Anne le insistió a su marido.

- Estaré fuera de todo eso –le prometió y después de un gran beso, recogió su maleta y subió al carruaje que estaba esperando. El huésped de la familia real tendría la oportunidad de visitar a su editor, Chomarat, en Lyon también. Llegó dos días más tarde. Su editor decía que no con un gesto de incredulidad cuando vio al famoso escritor entrar en su oficina, sin anunciar su llegada.

- Pediré que preparen la habitación de huéspedes –tartamudeó.

- Genial, gracias. Aunque sólo me quedaré un día, porque voy camino a París.

-Entonces le mostraré la oficina enseguida –y dieron un paseo por la Maison Thomassin. Los topógrafos también se sorprendieron con su visita y con movimientos torpes hicieron lugar para su encumbrado huésped. En la imprenta, su jefe comenzó a hablar nerviosamente.

- Su éxito en parte se debe a este invento –expresó Chomarat, sosteniendo el aparato revolucionario con ternura, como si fuera su propio hijo. Pidió a uno de los obreros que pusiera tinta sobre la plantilla para la portada de La Profecías. Hizo lo que le ordenaron.

- Ahora le mostraré cómo funciona –Chomarat comenzó y ubicó el molde con tinta por encima de la placa de abajo–. Y luego colocamos un papel por encima y haga usted su propia impresión… Nostradamus comenzó a dar vuelta la placa con un torno.

- Ojalá estar bajo presión fuera así de fácil –dijo a modo de broma, pero antes de que alguien tuviera la oportunidad de comenzar a reír, el editor gritó de dolor. Su dedo quedó atascado y el invitado retiró la placa rápidamente.

- Permítame ver eso –le solicitó. Quejándose, Chomarat le mostró su pulgar herido.

- ¿Tiene vendas?

- Con su rostro retorcido de dolor, señaló su oficina. Fueron allí y después de buscar un poco, encontró un pequeño pedazo de vendaje.

- Por un tiempo, no podrá escribir con la mano –le explicó Michel mientras le vendaba el pulgar.

- Soy tipógrafo, no soy escritor –refunfuñó Chomarat. Ya se había recuperado del shock y los hombres volvieron a su lugar de trabajo. Una vez allí, Nostradamus nuevamente bajó la placa, para que se presionara firmemente contra el pedazo de papel y luego lo volvió atrás otra vez.

- El trabajo de chapucería ahora debe ser una cosa del pasado –se rió entre dientes y luego miró la impresión húmeda.

- ¡Maravilloso! Pero ¿qué está haciendo ese pequeño demonio allí en el último renglón? Chomarat se sorprendió, se acercó y se paró al lado de él y también vio la irregularidad.

- ¿Qué granuja hizo este cambio? –preguntó muy enojado. Pero parecía que nadie del personal lo ha hecho. Su jefe se dirigió corriendo a la provisión de libros de su cliente. Por un minuto tuvo visiones de miles de demonios reproducidos, pero gracias a Dios, todas las portadas estaban bien. Corrigieron la platilla de impresión y después de toda la conmoción, la prueba de fuego se aprobó. El autor estaba muy feliz y miró su propio trabajo nuevamente, el cual estaba siendo editado aquí en varios idiomas. Toda Europa recibía sus libros con mucho entusiasmo. Después, él y el editor fueron a un restorán y conversaron un poco más sobre las mejoras de la versión actual.


Al día siguiente, el viaje a París se reanudó. Todo salió bien y tres días después pasó por Fontainebleau. No falta mucho ahora. De repente, un grupo de jinetes a caballo rodearon el carruaje y lo forzaron a detenerse.

- ¡Bandidos! –el asustado cochero gritó, pero resultó ser que eran oficiales de policía y se aseguraron de que siguiera sus direcciones. Enseguida un oficial le explicó al pasajero lo que estaba sucediendo.

- Su ruta ha sido cambiada; será escoltado hacia el palacio de Saint Germain en Laye.

- ¿Por qué el cambio? –Nostradamus quería saber.

- La familia real cambia de residencia de vez en cuando.

- Entonces, aún tenemos una distancia que recorrer.

- Mis disculpas por las molestias –. El oficial Morency se sentó al lado de él y continuaron.

- Sí que viajan mucho las personas hoy en día –el oficial comenzaba a insistir con el tema mientras se quitaba las botas de equitación. El mundo está floreciendo después de esa era oscura y ahora está haciendo un rápido progreso.

- ¿Ve a esas aves migratorias allí arriba, volando hacia el norte? –Michel interrumpió.

- Sí, ¿por qué?

- Pueden hacerlo diez veces más rápido que nosotros.

- ¿Entonces qué trata de decir?

- Que nací en la época equivocada…

- Aún no lo entiendo –insistió Morency.

- Oh, no se preocupe por mí; me siento un poco rezongón. Probablemente cansado –el erudito se disculpó.

- Lo dejaré solo, Doctor. Supongo que todos lo molestan todo el tiempo.

- Bien, ahora que lo mencionó, debo decir, la impertinencia se está tornando peor cada día. En mi pueblo, ya ni siquiera puedo salir en público. Pero, continúan y persisten con la charla, puesto que los momentos agradables pasan volando –. Morency hablaba sobre su carrera y su pronto retiro.

- Será arrestado y encarcelado antes de que su carrera termine –el clarividente dijo de repente. El oficial lo miró, alicaído.

- ¿Qué está diciendo? ¿Justo antes de mi retiro?

- Mantenga su mentón arriba. Un tratado de paz le devolverá la libertad.

- No sé qué entender de todo eso, pero lo tendré en mente. ¡Es asombroso que pueda ver esas cosas!

- Bueno, los sucesos sólo están como suspendidos en el aire y yo los observo, de la manera en que un ave presiente la llegada de una tormenta. A excepción de los humanos, que, a diferencia de los animales, generalmente causan sus propias miserias.

- Increíble. ¿También ve su propio futuro? –inquirió el oficial, impresionado.

- Los asuntos personales, por desgracia, nublan mi visión.

- Bueno, agradezco el aviso. ¿Es usted Católico?

- Sí, ¿por qué?

- Aquí hay batalla política entre la Casa de Guisa Católica y la Casa de Coligny Calvinista. La reina ha optado estar del lado de Guisa. Por lo tanto, usted se encuentra en el lugar correcto. Pero cuídese de las cortes parisinas, porque son fanáticas y buscan la más mínima excusa para condenar a cualquiera. Y estoy pensando particularmente en sus publicaciones. Una lluvia, que apenas estaba comenzando, comenzó a dar golpecitos en el techo del carruaje y los hombres conversaron hasta el final del viaje.


Allí estaba, finalmente: Saint Germain en Laye. El pueblo que los reyes tanto disfrutaban por su clima agradable y por los enormes bosques a su alrededor. En el momento en que el carruaje salió del follaje, el tiempo se aclaró. Luego daban tumbos a lo largo de los interminables jardines de la realeza aparentemente en construcción.

- Los jardines tendrán terrazas con vista al Sena –Morency comentó.

- Parece que llevará un día entero caminar por el –Michel respondió.

- Sí, así es y luego hay aproximadamente cinco mil hectáreas de bosque. Enrique II es un ferviente cazador. El carruaje ahora pasaba por el nuevo palacio, el cual estaba aún rodeado de andamios. Carretadas de materiales iban y venían de un lado a otro y grupos de obreros trabajaban en la construcción. El huésped, sin embargo, fue llevado al viejo castillo, ubicado justo detrás.

- ¿Me pregunto cuántas habitaciones tiene este lugar? –preguntó cuando vislumbró el colosal palacio.

- Más de cuatrocientas. El nuevo tendrá aún más –su compañero respondió. Los oficiales de policía a caballo se salieron del camino y el carruaje se detuvo en la entrada. Los hombres se bajaron y caminaron hacia las puertas imponentes de la entrada, las cuales fueron abiertas por dos valet. Ingresaron al hall de entrada magistral, en donde dos escaleras de caracol se entrelazaron elegantemente.

- Mi trabajo está hecho. ¡Buena suerte! –el oficial se expresó sinceramente. El erudito se despidió y se sentó en un sofá dorado y examinó el interior mientras esperaba. Donde sea que miraba, cada lugar fue decorado con sumo cuidado. Incluso el techo estaba decorado. Y pensar que el nuevo castillo se iba a convertir en un verdadero modelo en su género.

El valet principal le pidió que lo siguiera hacia el salón del trono, lugar donde, por lo general, se recibían a los invitados. La pareja real estaba esperándolo en sus tronos de oro. Entre ellos había colgada una magnífica pintura de una mujer con una sonrisa misteriosa.*

- Nostradamus, estoy tan contenta de tenerlo aquí –Catalina de Medici habló con firmeza y su invitado hizo una reverencia profunda, tal como lo exigía la costumbre.

- Enrique, este es aquel famoso astrólogo de Provenza, quien ha estado causando tanta conmoción –informó a su marido–. Solía trabajar como médico y salvó de la plaga a mucha de nuestra gente. El rey miró de reojo al ilustre compatriota. Su blanco semblante contrastaba nítidamente con el amplio borde negro de su sombrero con pluma marrón.

- Encantado de conocerlo –saludó, por una cuestión de formalidad. “Otro de aquellos intelectuales, bien, él es tu visita Catalina, tú misma te encargas de él” pensó. Michel interpretó sus pretensiones; lo que el rey realmente quería hacer era ir a cazar.

- Tengo curiosidad por sus talentos –comenzó la reina, quien tenía puesto una capa de cuero–, y me gustaría que viniera a mis dependencias privadas mañana por la mañana a las ocho en punto para hablar de eso más en detalle.

- Por supuesto, Su Majestad. Michel pensó que ella era mucho más inteligente que su marido.

- El lunes de la próxima semana, habrá un fiesta –ella continuó–, en honor al matrimonio del Duque de Joyeux y Lady De Vaudemont, y esta noche hay un banquete. Queda invitado para las dos ocasiones. El corazón de Michel dio un vuelco al oír el apellido de su primera esposa.

De Vaudemont; increíble. La novia debe ser una hermana o sobrina de Yolande. Mis antiguos parientes no estarán felices cuando me aparezca allí”, pensó. Una confrontación inevitable estaba pendiente en el aire. El rey eliminó los gases y se retorcía con incomodidad en su asiento de oro.

- Muchas gracias por la invitación, Su Majestad. Seguro que asistiré.

- Se espera que nuestros invitados participen del baile de la corte, después de la representación. ¿Conoce estos bailes? –Catalina preguntó.

- En absoluto, Su Majestad.

- Entonces nuestro maestro de ballet le enseñará los pasos necesarios, en algún momento dentro de los próximos días. Pero esta noche nos veremos en el banquete –, y ella ordenó a su valet que acompañara al astrólogo hacia la puerta del salón del trono. El maestro de baile convocado prometió comenzar con las lecciones ese mismo día, pero primero el invitado aprovecharía la oportunidad para tomar un descanso.


Un tanto recuperado del pesado viaje, Nostradamus se dirigió hacia el estudio de ballet, en donde Baltasar lo estaba esperando.

- ¿Aún agotado del viaje, Señor?

- Un poco, pero algo de movimiento no me hará daño.

- También le enseñaré algunas técnicas distinguidas, ya que están inextricablemente conectadas a la danza. Su invitado pensó que estaba bien y comenzó por quitarse la levita.

- Para el baile de la corte, el atuendo en realidad debe estar impecable –el joven maestro de ballet se rió tontamente–, pero en cualquier caso, parece que está ansioso por su primera lección de baile –y se puso otra vez la levita.

- ¿Conoce algo sobre el baile?

- El baile es la caza femenina y la cacería es el baile masculino –respondió el erudito.

- Bien, colgaré ese proverbio por encima de mi cama –Baltasar volvió a reírse tontamente. Era fácil de llevarse bien con él.

Escurridizo como una anguila”, Michel pensó, ante una inspección más de cerca.

- Bien, será mejor que comencemos porque los De Vaudemont estarán aquí en dos horas; son mis próximos estudiantes.

- ¿Conoce usted bien a los De Vaudemont?

- No, sólo sé que pertenecen a la nobleza. Nuestra reina aprovecha cada oportunidad para organizar una fiesta –Baltasar comentó sin inmutarse y comenzó la lección.

- Un cortesano debe tener educación general, pero, por encima de todo, se espera que él se mueva con elegancia. Todo lo que se haga en la corte debe realizarse con gracia y donaire. Los movimientos duros o aquellos en do de el esfuerzo se deja ver son considerados pecaminosos. Los caballeros se mueven hacia la pista de baile.

- En el baile, la danza seguirá patrones establecidos. Por ejemplo, así –y mientras el maestro de baile marcaba los tiempos, le demostraba algunos pasos.

- Al mismo tiempo, debe seguir las reglas sociales. Sígame, por favor –y Michel copió el Pas De Bourré.

- Este es bastante desafiante –dijo cuando sus piernas se enredaron todas.

- Le daré una serie de ejercicios en un papel, el cual lo ayudará a controlar sus funciones motoras –el instructor sugirió.

- Bien, eso me dará algo para hacer. ¿Supongo que el ballet es la actividad favorita de Catalina de Medici?

- Tiene razón. La nobleza puede reconocerse a través de la postura de una persona, de acuerdo con su reina. Desafortunadamente, el marido no está de acuerdo con ella y fue ella quien trajo los modos refinados la corte francesa. Trajo una variada compañía de cocineros, artistas y músicos con ella desde Florencia, después de la boda. Tendrá la oportunidad de conocerlos –y continuó danzando. Justo cuando Michel pensaba que le había tomado la mano, todo se le confundió otra vez y el afectuoso maestro de ballet lo tomó de la mano. Al finalizar, practicaron una danza geométrica, después de eso, la primera lección finalizó. Mañana continuarían.


Se terminaba la tarde y Michel caminaba afuera para respirar algo de aire fresco. Caminó por un parque, en donde varios jardineros estaban plantando arbustos. Al pasar, miró el desarrollo del nuevo castillo adelante. Detrás de un cantero de flores, había un cortesano, quien de pronto comenzó a saludarlo como un desaforado.

-Vaya, vaya, si es el marqués De Florenville. Mi pasado me persigue una vez más.

Era por supuesto el castillo del señor quien había tratado de engañarlo en el pasado y el marqués con entusiasmo corrió hacia él para saludarlo.

Creo que se ha reformado ahora que soy famoso”, el astrólogo pensó con desdén.

- Es un privilegio volverlo a ver – el sangre azul lo saludó.

- Sí, ha pasado mucho tiempo.

- Sí, por supuesto que sí, y no nos hemos puesto más jóvenes, ¿verdad?

- ¿Aún va hacia Estrasburgo? –Michel preguntó.

- Últimamente me he quedado en la corte ante todo, por asuntos políticos –De Florenville contestó, mientras el sol desaparecía detrás del horizonte. Estaba haciendo más frío ahora y el erudito indicó que quería regresar dentro.

- ¿De qué clase de asuntos políticos se ocupa? –indagó cuando entraban juntos al palacio.

- Bueno, es una larga historia…

- Tenemos una hora antes de que comience el banquete –dijo Michel y el marqués comenzó a hablar.

- Mi amigo Erasmus, a quien estoy seguro de que usted recuerda, sentía que ciertas partes de la Biblia no estaban traducidas correctamente del latín –le narraba, mientras caminaban por los corredores –. Entonces tradujo el Nuevo Testamento griego y lo hizo publicar. El reformador alemán Luther explicó con más detalle esto y su movimiento protestante escandalizó a Francia. Algunos Hugonotes de Estrasburgo me pidieron que representara a este movimiento en París y no pude negarme. Por consiguiente aquí estoy. ¿Ha oído alguna vez de los Coligny?

- Sí, supe de ellos recientemente. ¿Pero eso no lo convierte en el enemigo político de la familia real?

- Desde un punto de vista formal, sí –De Florenville acordó–, pero el rey no se ocupa de la política y Catalina piensa que los guisa son también poderosos. En realidad trata de acercarse a nosotros. Esa bruja malvada, perdón por mi expresión, puso en contra a los Guisa y a los Coligny.

- No sabía que existiera tanta inclinación hacia el protestantismo –agregó Michel.

- Bueno, está creciendo día a día, en especial al norte de Francia. Incluso hay algunos fanáticos entre la familia real. Pero dígame algo más; ¿qué hace aquí? –y el marqués lo miró con expectación.

- La reina me ha pedido una consulta –el vidente develó.

- Oh, y cuáles fueron sus conclusiones –el político preguntó, a la pesca de detalles picantes.

- No hablaré con Su Majestad sino hasta mañana, y no tengo autorización para hablar del contenido de la consulta con nadie. Confidencialidad del profesional. Lo que puedo decirle es que al rey no le interesa la astrología.

- Bueno, ¡todo el mundo lo sabe! –el marqués dijo adiós a su comentario–. Resulta ser que Enrique II no está interesado en nada absolutamente. Pero se ha corrido el rumor de que ha tomado posesión de todos los tesoros de la iglesia par construir el chateau extremadamente caro. Ve, ese es el problema con los católicos, son tan hipócritas. Excepto por unos pocos buenos, por supuesto. Robar a la Iglesia no es problema para mí; creo que es demasiado poderoso de todos modos –… El erudito se estaba informando bastante bien sobre el nido de víboras político a través del todo este chisme y sintió que había oído suficiente.

-Aún tengo que cambiarme. Lo veo en el banquete –cortó la conversación y luego subió la escalera de caracol central hacia su habitación en el tercer piso.


Un ratito después, el vidente acicalado entró al comedor, en donde el gran banquete ya había comenzado. Se armaron dos mesas largas y exorbitantes, con aproximadamente quinientos invitados sentados alrededor de ellas. Un acomodador escoltó a la celebridad hacia la mesa de la pareja real. Los dos estaban sentados a la cabecera de la mesa, para que hubiera bastante distancia entre ellos. La otra mesa era para los miembros de la nobleza más baja, que era en donde el marqués también había tomado su lugar. El astrólogo estaba sentado de frente a los De Vaudemont, sorprendentemente, y cuando vieron a su antiguo integrante de la familia, se pusieron tensos. Se codeaban el uno al otro asombrados para alertarse de la llegada del profeta del desastre. Eran los hermanos y hermanas de Yolande. Aunque había envejecido y estaban canosos, eran fácilmente reconocibles. Sus padres habían muerto probablemente. La novia resultó ser Elise, la hija de Désiree y a su lado estaba el Duque de Joyeux. Todavía odiaban a Michel y su presencia arruinó su fiesta. Se sirvieron toda clase de manjares, entretanto, y el astrólogo convocado logró disfrutarlas a pesar de los rostros avinagrados frente a él. La reina ahora propuso un brindis por el futuro de la novia y el novio y elevaron sus copas unánimemente. El único que no lo hizo fue el rey porque estaba demasiado ocupado entreteniéndose con algunas damas de honor. Michel pudo percibir de las conversaciones a su alrededor que Catalina era descendiente de una rica familia de banqueros y que la familia real francesa se fortalecería por eso. Enrique II era más inteligente de que parecía. Después de que los invitados habían comido hasta saciarse, comenzó el aburrimiento y la conversación se tornó mordaz y reprimida. El tema se dirigió hacia la política y con muchos de los Guisa Y de los Coligny en la sala, la tensión comenzó a aumentar. Durante la feroz polémica, le solicitaron a Nostradamus que predijera el futuro religioso de la casa real. Había demasiado interés; todos querían conocer lo que el explorador de los cielos diría sobre eso.

- En ochenta años –hablaba con elocuencia–, veo nacer a un Rey Sol en este palacio.

- ¿Pero será protestante? –presionó Coligny, el líder del grupo con el mismo nombre.

- De todos modos, será cristiano –el vidente respondió cautelosamente. No obstante, las cosas se descontrolaron después de eso y a continuación una discusión desvergonzada tuvo lugar. Michel decidió que ya estaba harto, después del postre, mientras la reina miraba con desánimo.


A la mañana siguiente, visitó a Catalina de Medici en su dependencia privada. Era evidente que ella había decorado la sala de acuerdo con su gusto personal, porque estaba lleno de pinturas de ricos ancestros que posaban delante de sus residencias en Florencia.

- Venga y siéntese a mi lado –ordenó la reina y Michel se sentó en el sofá.

- ¿Desea un dulce? –preguntó mientras sostenía un tazón de caramelos frutales delante de él.

- Gracias, Su majestad –y tomó uno de los exquisitos caramelos.

- ¿Está disfrutando su estancia aquí, hasta ahora, aparte de la discusión de anoche?

- Bueno, por supuesto estoy impresionado con toda la grandeza y la magnificencia.

- Esa es la idea. Mucho dinero gastado en asuntos aparentemente inútiles, tales como fiestas, triunfos y palacios, pero así es cómo intentamos impresionar a embajadores extranjeros para lograr mejores negociaciones. Y con el dinero ganado, podemos fortalecer nuestro ejército.

Es una mujer astuta”, se dio cuenta. “Estoy seguro de que dirige al país entre bastidores”.

- Le he solicitado que viniera aquí –comenzó–, porque me gustaría que me redacte un horóscopo para mí. Todos hablan de usted y tengo mucha curiosidad por averiguar lo que las estrellas tienen que decir sobre mi vida. ¿Puede hacer eso para mí?

- Por supuesto que sí, pero necesitaré la fecha exacta de su nacimiento. Catalina inmediatamente ordenó al valet que fuera a buscar los documentos de nacimiento de ella.

- ¿Cuántas horas le llevará? –preguntó.

- Desafortunadamente, esto lleva varias semanas; no tengo el equipo necesario conmigo y puedo sólo trabajar apropiadamente en casa.

- Bueno, este es un malentendido de mi parte entonces, pero está bien, tendré que ser paciente. ¿Hay algo que pueda decirme en este momento?

- Primero tendré que concentrarme, Su Majestad.

- Adelante –y Nostradamus cerró sus ojos. Pronto entró en otros mundos y comenzó a mover la cabeza.

- Veo…, veo que el ballet de la corte experimentará un enorme desarrollo debido a sus esfuerzos. Se fundarán academias especiales de danzas.

- Esa es una buena noticia. Adoro el ballet. ¿Ve que algo suceda durante mi vida también?

- Algo sobre Roma está por llegar…

- Eso es bastante posible. El difunto Papa Leo X, quien estaba establecido en Roma, era mi primo segundo, Giovanni di Lorenzo de Medici. La reina ahora estaba sentada al borde de su silla.

- Este, gobernar está en su sangre –farfulló.

- ¿Quiere decir que gobernaré al país?

-Sí, eso está por venir.

- Pero, ¿eso significa que mi marido ya no vivirá? –preguntó asustada. Michel asintió con la cabeza con compasión.

- Enrique y yo tenemos un matrimonio de conveniencia, pero sinceramente espero que eso no se haga realidad.

- Nada está escrito, Su Majestad; todo está sujeto a cambio. Pero las ideas divinas se develan ante mí y cada una de ellas es verdadera. Es sólo una cuestión de cómo y cuándo. Si la semilla de un árbol recibe poca agua o luz, posiblemente jamás aparecerá, pero jamás será un roble.

- ¿Podría decirme lo que sucederá con mi marido? Tal vez podamos hacer algo para prevenirlo.

- No está claro en mi mente y también no quiero desprestigiar innecesariamente a su marido. Pero si su marido desea que yo se lo devele, podría investigarlo más profundamente.

- No mucha oportunidad de eso –dijo y luego, de pronto, cambió de tema; Catalina se paró repentinamente y dejó caer su vestido a sus pies. Completamente desnuda, lo miró de manera seductora.

- ¿Y usted cree que soy atractiva?

- Bueno… comenzó con evasivas, cautelosamente.

- Sí, ya no soy más una doncella esbelta.

- Para el jefe verdadero de Francia, usted se ve muy bien –y se inclinó ante ella.

- Um, usted huele agradable –expresó mientras presionaba su nariz sobre la cintura de ella.

- Ventilo mi cuerpo todos los días –explicó.

- Ojalá todos fueran tan sabios. Alternar baños calientes y fríos es muy bueno, también –y acarició su trasero. Catalina coquetamente disfrutó su toque.

- Bueno, su salud es excelente –dijo entonces el doctor–. Puede vestirse.

- Caramba, es casi tan astuto como yo –y, divertida, se puso su vestido. El valet regresó con los documentos de nacimiento.

- Nuestro deseo es una Francia fuerte y estable y el mantenimiento del poder de la casa real de Valois –comenzó la reina, con una mirada seria en su rostro–. ¿Puede aconsejarnos cómo mi marido y yo deberíamos manejar las diferencias políticamente religiosas con el fin de lograr esto?

- Primero prepararé un horóscopo para usted, Su Majestad. Después de eso, llegará a conocer sus puntos fuertes y débiles, luego, usted misma tendrá que poner en práctica el conocimiento. Vea, no se me permite conducir la vida de otro, sin importar cuánto yo desee satisfacer sus deseos.

- Bon, valoro su integridad. Entonces lo dejaremos solo por ahora. Nos veremos el próximo lunes en el baile –y ella finalizó la conversación.


Eran las once en punto de la mañana, hora en que iba a comenzar el espectáculo teatral en honor de la boda del Duque de Joyeux y Elise de Vaudemont. Usando sus pantalones bombachos simples, Michel se dirigió al salón de baile gigantesco y desfiló entre los invitados extremadamente emperifollados, algunos de los cuales él ya había conocido en los palacios. Todas las damas parecían obras de arte: vestidos muy amplios con tocados extravagantes. Los caballeros, también, tenían puesto fabulosos sombreros o pelucas caras, y los dos sexos andaban por la sala con movimientos formales exagerados. Alguien puso en la mano de Michel un programa.

- Veamos qué dice –farfulló y lo abrió. Ya habían visto al famoso astrólogo, por supuesto, y las tres entusiastas damas de honor corrieron hacia él.

- Señor Nostradamus, qué agradable es tenerlo aquí –llamaron–, ¿le gusta el ballet?

- Bueno, en realidad no puedo decir que soy un aficionado, pero, desde luego, tengo curiosidad de ver la actuación de mi instructor de baile en la obra Ballet Comique de la Reine –admitió.

- Pero el Ballet Comique de la Reine es el nombre de la compañía –Angelique , la dama del sombrero azul lo corrigió.

- ¿Qué representarán entonces?

- Circe de Homero.

- Oh, una de las piezas mejores conocidas de la Odisea –el erudito lo conocía.

- De Beaujoyeux también hizo la coreografía –Collete, la dama del sombrero rosa interrumpió.

- No tengo conocimiento de ese –agregó Michel.

- Está en el programa –continuó.

- No he tenido la oportunidad de verlo todavía, damas –y nuevamente intentaba mirar el papel cuando se impuso la tercera dama.

- Habrá cantantes, bailarines, músicos, animales artistas de circo y más –le informó. La sala, entretanto, se había llenado al máximo con miles de cortesanos e invitados de todo el país.

- ¿Imagino que es la primera vez que asiste a una fiesta De Medici? –preguntó Collette.

- Sí, en realidad, es la primera vez –admitió.

- Será mejor que se prepare entonces –advirtió Angelique –. Sólo el ballet lleva cuatro horas.

- ¿Cuatro horas?

- No se preocupe; durante todas las actuaciones puede entrar y salir libremente –le aseguro Collette.

- Probablemente debería ayudarlo a familiarizarse con la corte –ofreció Angelique.

- Yo conozco el lugar mucho mejor que ella –agregó Collette, no permitiendo que su amiga se mofe de ella.

- Creo que su señoría preferiría practicar discriminación –la tercera dama de honor superó la competencia. De pronto las damas ya no se toleraban más.

- Estoy felizmente casado y tengo hermosos niños –el astrólogo reafirmó.

- ¡Buen día, damas! –Levantó su sombrero y siguió su camino. La audiencia se encontraba en tres lados de la zona de la actuación. Parte en las galerías, en donde el rey y la reina y la pareja de casados estaban ubicados y parte debajo, donde Michel se unió a la multitud. La actuación comenzó un escenario impresionante se trasladaba mecánicamente al lugar. Un coro de baile recitó un poema de amor para los recién casados y representó algo alegórico de amor conyugal. Después del modesto homenaje, la atmósfera se tornó exuberante y actores con trajes coloridos se desplazaban de un lado al otro. Después de un rato, un grito de placer se adentró en la sala a medida que un elefante de verdad salía de los bastidores. Se hizo uso de todos los recursos posibles. Varios animales exóticos pasaban trotando, seguidos de una multitud de soldados que marchaban, emulando una batalla. La audiencia observaba el espectáculo lleno de admiración y al ver sus fuerzas armadas le levantó el ánimo del rey. Enrique II incluso se levantó de su silla por un minuto cuando el capitán de su guardia personal se batía a duelo con un escocés.

- Mira antes de dar un salto –Montgomery gritó a su enemigo con afectación. Los dos hombres de la milicia se pararon y se enfrentaron en el escenario con arsenal completo. El escocés comenzó el ataque y empuñó su espada al capitán, pero habilidosamente él la desvió con su escudo. Fue una representación electrizante y el capitán se preparó para un contraataque. En todo el entusiasmo, el rey olvidó que solo era una obra y alentó a Montgomery desde el balcón.

- Atrápalo, Capitán –gritó a través de la sala. La audiencia decidió elegirlo a él como su favorito y fuertemente lo alentó.

Maldición, ahora sé lo que matará al rey: una práctica de duelo”, Michel se dio cuenta de pronto. “La audiencia desenfrenada distrajo a Montgomery; el escocés inteligentemente se aprovechó de la confusión. Trató de atravesar brutalmente con su espada al capitán, pero rebotó en el casco.

- ¡Le fallaste! –los espectadores gritaron con alegría.

- Creo que voy a tener que conducir a mi propia guardia –el rey refunfuñó a su esposa. Pero Montgomery ahora llevaba la delantera y después de una colisión entre dos guerreros, el escocés cayó al suelo, después de eso, el capitán empuñó su espada por encima de la cabeza de su víctima en señal de victoria. Un telón rojo cayó delante del escenario y el posible golpe de muerte quedó a la imaginación de la audiencia. Mientras rápidamente cambiaban el escenario, todos tenían la oportunidad de comer y beber algo. Los juegos políticos aún continuaban. De Coligny, quien estaba parado en frente de Nostradamus, le dio una señal obvia con su mano, la cual provocó que varios miembros del partido salieran silenciosamente de la sala, algunos de los Guisa se dieron cuenta de eso.

Qué montón de idiotas”, pensó el erudito y no prestó más atención a ellos. El escenario entero volvió a abrirse espectacularmente y la escenografía del Ballet Comique de la Reine apareció. La audiencia volvió a ubicarse en sus lugares y vio al maestro del ballet aparecer primero en escena. Balthazar representaba el papel de la hechicera. Los bailarines actuaban la historia, en pantomima. El ballet llevaba mucho tiempo por cierto y los cortesanos entraban y salían de la sala regularmente. A mitad de la representación Mercurio descendió; el mensajero de los dioses fue traído con un cabrestante.

Casi parecía como si Hermes me estuviera siguiendo” el astrólogo contemplaba. Entre tanto ruido, los bailarines interrumpieron su reflexión acerca de las señales desde arriba y luego Balthazar mostró un ballet de proeza.

Ah, querido, pronto tendré que esmerarme para causar la mejor impresión”, y Michel mentalmente repasó los pasos de baile debería poner en práctica después de la representación. Cuando Circe de Homero se terminó, todos los bailarines saltaron del escenario y pedían a todos que se unieran a ellos. Los nobles entraban a la pista de baile, mientras el resto de la audiencia observaba con interés. Michel también se unió a la danza Bassa el cual incorporaba muchas reverencias y giros. Sin embargo, por los patrones geométricos y la ropa ajustada. Los participantes se parecían más a marionetas que a personas bailando. El rey y la reina habían bajado del balcón y entraron con aire ceremonioso a la pista de baile con la familia De Vaudemont siguiéndolos detrás. El vestido cónico de Catalina era tan amplio que cinco atuendos masculinos podían caber debajo. Su marido tenía puestos largos zapatos, cuyas puntas eran tan largas que mantenían a todos a una distancia. Después de la danza Bassa, la reina se puso de pie para hablar.

Estimados amigos, por favor córranse a un lado por un momento; me gustaría pedirle a la novia y al novio que pasen a la pista de baile para comenzar la danza geométrica. Elise de Vaudemont y el Duque de Joyeux se presentaron y la pareja comenzó a moverse elegantemente al compás de la distinguida música. Una pareja se sumó y los bailarines formaron largas hileras, que luego formaba círculos o triángulos. Michel siguió la danza desde los lados. El baile era un placer especialmente estético para los espectadores. La atención de los De Vaudemont estaba ahora completamente absorta en la pareja de recién casados que bailaba y perdieron el rastro de su enemigo acérrimo.

Me pregunto ¿en qué momento de la noche sucederá?” El vidente pensó, ya que podía darse cuenta de la tensión oculta.

- Danse-haute, por favor –Catalina de repente ordenó a los músicos, como si ella hubiera oído sus pensamientos. Era el baile en donde todos debían continuamente cambiar parejas tras un pequeño salto.

Ajá, esta será la confrontación: un dueto con una de las mujeres De Vaudemont”, Michel sonrió mientras se adentraba a la pista de baile. A pesar de su enorme vestido, la reina también estaba participando y después de cambiar varias pareja unas pocas veces, ella llegó a Nostradamus, delante de él.

- Siento como si nos conociéramos de años, Doctor –le dijo seductoramente. Su invitado favorito la miró con un pequeño brillo y con gracia la dio vuelta.

- ¡Felicitaciones! –exclamó luego–. Realmente le ha tomado la mano –, y saltó hacia otro bailarín. Mientras el erudito recibía a una nueva dama, vio que Elise sería la próxima pareja de baile. La novia había llegado a la misma dolorosa conclusión y estaba desesperadamente tratando con la mirada de hacer contacto con los miembros de su familia.

Una muchacha chiflada, igual que el resto de su familia”, Michel evaluó. No me va a manipular. Me pregunto si se retirará del todo. La dama atractiva del día buscaba furiosamente la manera de salirse del baile, pero finalmente, no pudo hacer nada más que dar el pequeño salto acostumbrado y terminó delante del vidente.

- ¿Me permite esta pieza? –le preguntó con una mirada penetrante en sus ojos y Elise fingió un desmayo. La gente alrededor de ellos reaccionó emocionalmente cuando vieron que la novia caía al suelo y los músicos dejaron de tocar. El Duque de Joyeux, para su desgracia, vio a su esposa que yacía en la pista de baile y corrió hacia ella. Su familia política de pronto estaba absorta en el lugar.

- Que alguien traiga al médico de la corte –gritó dejándose llevar por el pánico. La reina decidió lo contrario y resueltamente se dirigió al lugar del incidente.

- Sr. De Joyeux, ya hay un médico presente –expresó calmadamente.

- Dr. Nostradamus –continuó–, como médico seguramente puede decirnos ¿qué pasa con la novia?

-Es obvio que no veo cambio objetivo alguno, Su Majestad.

- Por favor, observe a la dama más de cerca –le solicitó y se inclinó sobre Elise y revisó el latido de su corazón, solo para mostrar.

- Me las arreglaré por ti, muchacha –le susurró y después de realizar algunos pequeños exámenes más se dirigió al novio: “Su esposa sufre de un Síncope Vasovagal”.

- Ah, ¿y qué significa eso? –el duque tartamudeó.

- Significa que se desmayó y el pronto volverá en sí. Probablemente se sentía un poco abrumada. Ahora el rey también estaba interesado en el incidente y se acercó para observar más de cerca a la novia desplomada en el suelo.

- Bueno, eso no es raro por aquí –comentó. En ese momento Elise comenzó a fingir una tos y empezó a hacer gestos intentando levantarse.

- ¿Puede alguien por favor ayudar? –su marido pidió con ansiedad. Los miembros de la familia corrieron hacia adelante y ayudaron a la afectada celebrante a levantarse de la pista de baile, en donde fue asistida en una silla. Catalina ordenó que todos continuaran la fiesta y la atmósfera festiva se restauró. Durante las suites populares, el rey inesperadamente entró en el ambiente y bailó una pieza con su esposa.

- Estás de buen humor hoy, Enrique –le expresó.

- Las chicas perdidas son buenas para mí –bromeó y giraban al ritmo de la música.

- No son perdices –contestó, cuando lo enfrentó otra vez.

- Tienes razón, mi querida esposa. Disparar a las perdices es mucho más excitante. Las suites llegaron a su fin y los De Vaudemont se fueron de la sala lanzándole una última mirada asesina al malvado mago. Después de las festividades, hubo un banquete de cierre, pero Michel también decidió que ya había sido suficiente y se retiró para poder dormir algo. Había sido un día lleno de acontecimientos.


A la mañana siguiente, el erudito se despidió de la reina antes de volver a su hogar. Un valet lo acompañó hasta la habitación de la reina.

- ¿Todo está como usted lo desea, Doctor? – preguntó Catalina, quien estaba en reunión con sus concejales.

- Sí, Su Majestad, pero estoy aquí para despedirme; partiré dentro de poco.

- Oh, lamento oír eso. Por otro lado, estará preparando mi horóscopo –y ordenó a los concejales que se retiraran de la habitación por un momento.

- Quería elogiarlo por su actuación anoche –continuó cuando se quedaron solos.

- ¿Se refiere al incidente con Elise de Vaudemont?

- Sí, por supuesto. Resolvió ese problema muy discretamente. La actuación no es su punto más fuerte. ¿Pero por qué el resentimiento? Parecía como si los De Vaudemont estuvieran listos para beber su sangre.

- Es una vieja historia, Su Majestad. Una vez estuve casado con una De Vaudemont. Lo comentó de manera tal que dejó entrever que no tenía intención de proporcionar más detalles.

- Ah, bueno, de acuerdo, le deseo un viaje de regreso placentero, Doctor. Y estoy segura de que nos volveremos a ver –y ella le entregó un pago generoso por el trabajo que aún debía terminar. Se despidió de él con un guiño seductor. Ni bien Michel se había sentado en el carruaje que de pronto sintió dolor por todo su cuerpo. Sentía como si todas sus articulaciones estuvieran en llama.

Debe de ser la gota”, se diagnosticó el mismo con preocupación. “Tendrás a un pequeño pájaro enfermo en casa, mi querida Anne.

Durante el largo viaje de regreso, las inflamaciones seguían empeorando y con gran dificultad y mucho dolor, llegó a Salon de Provenza. Sintiéndose descompuesto, descendió del carruaje y caminó hacia la puerta del frente dando pequeños pasos laboriosos.

Oh, no, no otra vez”, su esposa pensó mientras lo observaba por la ventana y vio que luchaba.

- Quiero que salgan por la puerta de atrás y vayan a jugar afuera por un rato –le dio instrucciones a los niños. Desaparecieron sin discusión.

- Me temo que no puedo darte la bienvenida con alegría –se quejaba en la entrada–. Espero que no te hayan envenenado –y agarró a su marido cuando comenzaba a caer.

- No esto es mucho peor; se está haciendo crónico –le dijo. Anne apenas pudo llevarlo arriba y acostarlo.

- Por favor quédate y recuéstate conmigo por un rato, te extrañé tanto mientras estuve fuera – le pidió y ella se deslizó bajo las cobijas con él. Michel se alivió cuando sintió la piel de ella contra la suya.

- Ah, esto ya está haciendo maravillas –y se quedó profundamente dormido.

Pasaron semanas antes de que se sintiera él mismo otra vez y luego se puso a trabajar inmediatamente. En su estudio, con cuidado comenzó a preparar la carta astrológica de la reina.

Veamos. Nació el 23 de abril de 1519. Es de Tauro con ascendencia en Escorpio”, dedujo de las tablas.

Qué mujer”, farfulló, un rato después, cuando estaba completando las doce casas con los signos astrológicos. Tranquila, fuerte, astuta, socialmente experta y con Júpiter en la cuarta casa, no va a perder sus posesiones. No es fácil enloquecerla, aunque, ¿con el Sol en séptima casa y la Luna en la décima casa? Eso será reprimido. De vez en cuando ella debe de ponerse muy celosa y cuando lo hace, no es capaz de ser indulgente. ¡Cuidad! Parece que la Casa de Valois tendrá problemas después de su muerte. Luego de haber completado la descripción de la personalidad de la reina, inmediatamente le envió el horóscopo.


El aroma a comida cociéndose se elevó por las escaleras hasta el ático. ¡Anne estaba ocupada en la cocina!

Tendré que ir y observar más de cerca eso”, pensó Michel. Guardó la pluma y descendió las escaleras con aire despreocupado.

- La nuez moscada se acabó toda –le dijo cuando entró.

- Te compraré un poco mañana en el mercado –le prometió mientras se sentaba en un banco a la mesa de la cocina.

- ¡Oye, tomates! –exclamó mientras olisqueaba a su alrededor.

- Ajá, mi señor adivina aromas también –bromeó–. Tendrás spaghetti a la boloñesa en tu plato en un minuto. Probablemente una comida más simple que aquella que comiste en el palacio de la reina, pero tendrá que ser así. Madeleine entró.

- ¿Ya está la comida, mamá? –preguntó.

- Casi. Bien podrías ir a buscar a Paul y a César ahora –y su hija salió corriendo.

- Antoine vendrá a comer con nosotros también –le informó a su marido.

- Qué agradable. Prepararé la mesa para la ocasión –expresó y se dirigió a la sala con la mantelería. Los niños entraron dando saltos un momento después, llenos de energía vigorosa y corrieron a poner la mesa.

- ¡Oigan, cálmense, niños! –el padre les advirtió y acercó más la silla alta de André. A Diane, la más pequeña, todavía la empleada doméstica le estaba dando de comer.

¿Qué es ese sonido extraño que estoy oyendo?” –Michel se preguntó en voz alta.

- Ese es André con un sonajero –contestó César–. Mamá se lo compró ayer. El padre se dirigió a la sala de estar y vio al niño pequeño que jugaba con el juguete de lata. Lo llevó al comedor y lo ubicó en la silla alta. Golpearon fuerte la puerta del frente. Ese debe de ser Antoine.

- ¡La puerta está abierta! Michel gritó y su hermano entró.

- Hola, Antoine, es maravilloso que esté aquí.

- Bien, avanzando, ¿alguna novedad del frente real?

- No, acabo de enviar el horóscopo. La señora de la casa, entretanto, ponía la fuente con spaghetti sobre la mesa y le pidió a su marido que fuera a buscar una jarra de vino del sótano.

- ¿Has estado cobrando impuestos últimamente, Antoine? –Anne acusó.

- Me promovieron a inspector –su cuñado expresó de repente con una sonrisa.

- Bueno, vaya, todos tenemos suerte, ¿no es así? Felicitaciones. ¿Y ahora estás a cargo de nuestro distrito? Porque en ese caso, tendremos una reunión privada contigo.

- En realidad no puedo favorecer a nadie –respondió seriamente.

- Estaba bromeando –explicó Anne.

No tienen exactamente el mayor sentido del humor, los Nostredame”, pensó, y ubicó las copas sobre la mesa. Su marido regresó con el vino.

- Niños, ustedes beberán limonada hoy –dijo y comenzaron a aplaudir.

- Tu hermano ha sido promovido a inspector –su esposa le informó.

- Esa es una buena noticia. ¿Estamos en tu distrito ahora? –preguntó Michel, pero Antoine no lo miró a los ojos.

- Pensé que no podías cocinar –el inspector le dijo a Anne un rato más tarde.

- Aprendí de memoria el libro de cocina de mi marido –confesó–. Su libro La Traite incluso se está publicando en Antwerp.

- ¡Preferiría “retraite”! –el invitado bostezó. Mientras tanto, los niños bebían la limonada haciendo ruido y el padre servía la pasta.

- ¿Qué es eso? –Paul preguntó mientras miraba los extraños filamentos pastosos con desconfianza.

- Es un plato italiano, hijo. Bon appétit –deseó a todos. Pauline comenzó a separar cuidadosamente los filamentos y sus hermanos siguieron su ejemplo.

- ¡Está delicioso! –Michel elogió a su princesa de la cocina. No les llevó a los niños mucho tiempo para descubrir las posibilidades de la tonta comida e hicieron un concurso para ver quién era el más veloz en succionar un fideo.

- No jueguen con la comida –el padre los reprendió y rápidamente los comieron.

- Es obvio que escuchan bien –Antoine comentó mientras bebía un trago de agua de manantial–. A propósito, ¿sabías que Bertrand está trabajando en un proyecto prestigioso?

- No, no lo sabía. ¿Y tú, Anne? –. Pero su esposa tampoco sabía nada al respecto.

- Bertrand va a estar cavando el canal del ingeniero Craponne –le contó Antoine.

- ¿En serio? –Anne expresó sorprendida.

- Sí, nuestro hermano se ha convertido en un gran contratista. Es un proyecto gigantesco que le proporcionará mucho dinero.

- Aún de pequeño, ya estaba renovando la casa –Michel recordó.

- Se supone que el canal hará que La Crau sea fértil –su hermano continuó.

- Ya han empezado a cavar en el Durance y quieren que el canal llegue con el tiempo hasta Salon, pero eso llevará años.

La empleada doméstica entró con Diana que lloraba en sus brazos.

- Madam, no puedo encontrar la tenaza por ningún lado –dijo con nervios.

- Está en el cajón de arriba de la cómoda al lado de la chimenea –Anne respondió y la empleada desapareció.

- Michel, ¿qué opinas de ir a visitar a tu hermano? –su esposa preguntó.

- Creo que es una excelente idea.

- Por casualidad ya tengo una reunión arreglada con Bertrand en Saint Rémy mañana –recalcó Antoine–. Le diré que vendrán.

- Creo que será interesante verlo trabajar en su proyecto –Michel insinuó–. ¿Qué opinas, Anne?

- Fascinante, pero son más que veinte kilómetros de distancia y parte es terreno muy escabroso.

- Podemos hacerlo –dijo su marido–. Pregúntale a Bertrand si no es molestia.

- Bien, lo haré –prometió Antoine. La fuente de spaghetti estaba vacía ahora y los niños salieron a jugar al patio trasero.

- Bien, será mejor que me marche ahora –y Antoine saludó a todos.

El padre se sentó en la terraza para hacer la digestión y observaba a sus niños de una distancia mientras jugaban con un balón.

- Maldición –Anne gritó de repente desde la cocina y salió corriendo al patio.

- ¿Quién arrojó los spaghetti al techo? –preguntó furiosa.

- Paul –todos lo niños contestaron, asustados pero el inculpado había huido de la escena.

-Va a tener problema para cuando regrese –la madre dijo a gritos.


Unos días después, Michel y Anne fueron a La Roque, a caballo. Bertrand estaba cavando allí con sus empleados. Los niños permanecieron en casa con la empleada doméstica. Luego de un viaje difícil por el norte montañoso de La Crau, de donde fluía el rio Durance, ellos encontraron que en el lugar de la excavación se estaba trabajando con toda energía. Amarraron los caballos y entraron al vagón de construcción que estaba aparcado a unos pocos metros de las actividades. Un hombre mayor estaba dentro, sentado a un escritorio y escribiendo diligentemente que no se dio cuenta de que ellos entraron hasta que Michel tosió cortésmente.

- ¡Mi famoso hermano y su esposa! –Bertrand gritó con entusiasmo.

- Veo que también te va bien en lo tuyo –Michel agregó y se dieron un abrazo.

- Siéntense –Bertrand los invitó y los trajo un banco de madera.

- ¿Cómo te está yendo con tu trabajo? –preguntó después de que se sentaran.

- Las Profecías están progresando bien –su hermano respondió, siempre reservado cuando se trata de su trabajo.

- Incomprensible. ¿De dónde sacas todo eso…

- ¿Y cuántos kilómetros estás cavando aquí? –Michel preguntó.

- Veintiséis kilómetros y ciento cincuenta metros, para ser exacto –el maestro de obras calculó para ellos. Se parecía mucho a su hermano: ojos penetrantes, mejillas rojas, pelado, barba gruesa, nariz derecha. Sus personalidades, sin embargo, eran como el día y la noche.

- Deben de estar sedientos –y sin esperar respuesta alguna, Bertrand sirvió tres jarras de cerveza.

- Ves, el canal va a estar justo aquí –hurgó en su bolsillo y sacó un mapa del proyecto planeado. Y mientras su instruido hermano se encontraba seriamente absorto en el mapa, Bertrand y Anne brindaron alegremente.

- Un brindis por el canal –ella dijo con extravagancia. Uno de los obreros entró momentos más tarde.

- Encontramos algo interesante –informó.

- Nuestro arqueólogo –Bertrand susurró y lo siguieron hacia afuera hasta una pila de escombros desenterrados.

- Miren, varios pedazos de un antiguo mosaico –el obrero explicó y les mostró un mosaico roto que tenía parte de una serpiente con una manzana en la boca.

- Debe de provenir de los tiempos romanos –Bertrand sospechó–, los Cristianos no usan este símbolo.

- Pero los Cátaros sí –Michel agregó y se acercó más a la excavación. Mientras los demás estaban admirando los fragmentos, él buscaba pistas. Encontró algo.

- En el fondo del canal, hay un rastro de un muro circular –comentó y todos se acercaron para ver.

- Probablemente solía ser u un aljibe adornado con baldosas decorativas –continuó–. ¿Sería mucha molestia si me llevara este fragmento con la serpiente a casa? –preguntó su hermano–. Me fascina.

- Por supuesto –Bertrand se encogió de hombros. Regresaron dentro.

- ¿De dónde conoces a Adam de Craponne? Vive cerca de nosotros en la ciudad, en ningún lado cerca de ti –Anne preguntó después de que se había llenado los vasos de cerveza otra vez.

- El ingeniero trabaja con todas los municipio que me han recomendado –Bertrand explicó–. En realidad, está en busca de más financiación. ¿Te interesaría?

- No sé. ¿Qué opinas? –Anne preguntó mirando a su marido, quien parecía que no comprendía nada.

- Estoy seguro de que sería una buena inversión –Bertrand agregó persuasivamente–. Además del hecho de que serías copropietario, habrá un ingreso de la venta del terreno alrededor que será fertilizado por irrigación. Y las ganancias serán divididas entre los propietarios.

- Suena realmente interesante –Michel respondió con cautela–. Lo consideraremos. Cuando la cerveza se terminó, el constructor debía regresar al trabajo y prometió visitarlos pronto en Salon de Provence con su esposa.


Al regresar a casa, ellos hablaron sobre la atractiva inversión.

- Tal vez sea algo para tener en cuenta para nuestra vejez –Anne sugirió–, momento en que no podemos hacer nada. Su marido también pensó que parecía una buena idea, y después de sopesar los pros y los contras decidieron invertir la suma considerable de doscientas coronas en el proyecto.

- Todavía tengo mucho trabajo que hacer, querida –Michel dijo después de esa gran decisión y se recluyó en su estudio, en donde agregó la baldosa rota a su colección de reliquias. Luego de eso, clasificó su material de escritura y revisó el correo. Había dos mensajes importantes. El primero era de su editor, Chomarat, en Lyon. Escribió que el rey había ordenado no menos que trescientas copias de la tercera parte de Las Profecías. Enrique II además pidió una carta de acompañamiento por eso.

Mi libro como un presente de una relación”, Michel rezongó al principio. El rey que dé un buen ejemplo no ha nacido aún. Pero en su interior se sentía honrado.

Bueno, después de todo, levantarse en la rueda de Samsara no es hazaña pequeña”, volvió en sí. El otro sobre era el que había estado esperando: la respuesta de la reina. Después de romper el sello, con mucha tensión leyó lo que ella había escrito. Parecía que Catalina estaba muy entusiasmada con el horóscopo que él le había enviado con boceto detallado de personalidad y ella le pidió que escribiera la carta astral para sus siete niños de la misma manera. Si no tenía noticias de él enviaría a alguien a recogerlos el próximo jueves.

Ni siquiera hay tiempo para una respuesta”, decidió irritado. Después de escribir un carta de acompañamiento para la parte tres, se inclinó hacia atrás en su silla para pensar.

Un fácil trabajo, pero con un difícil viaje”, suspiró. Algunos minutos más tarde, le contó a su esposa la buena noticia y su decisión: se iba a encontrar con el hijo de la Casa de Valois en París.


A la semana siguiente lo fueron a buscar y se despidió de su familia nuevamente. Todos lo saludaron desde la puerta del frente.

- Creo que la reina está enamorado de papá –sugirió Madeleine cuando el carruaje se había ido.

- Pero papá no lo está de ella –agregó César.

- Esperemos que no –dijo la madre y todos volvieron a entrar en la casa.

Los siete pequeños príncipes estaban en el Louvre un antiguo fuerte medieval que había sido construido en el siglo doce para proteger a la ciudad de los ataques exteriores, pero que había sido usado como una residencia real en los últimos años. Nostradamus permanecería en el Hotel des Tournelles, hasta el cual se puede ir a pie del Louvre. Ni bien llegó se dirigió hacia el colosal fuerte para conocer al hijo de la realeza, a quien se le estaba enseñando allí diariamente toda clase de temas. El pasaría, según el acuerdo, un día con cada uno de ellos y que significaba que partiría después de una semana. Una secretaria le dio la bienvenida al esperado astrólogo e inmediatamente se dirigió a los cuartos de los niños.

- ¿La reina no se encuentra aquí? –Michel preguntó.

- No, Señor, la pareja real muy rara vez se encuentra en París. ¿A cuál de los niños le gustaría ver primero? ¿Alguna preferencia?

- Preferiría comenzar con el mayor –dijo y entraron en la habitación de Francis II. Las barras en el frente de las ventanas indicaban que esta parte del fuerte había servido como prisión en el pasado. La habitación cerrada estaba, sin embargo, equipada con todos los servicios principescos. Francis de siete años estaba sentado en su cama esperando tranquilamente.

No es un ambiente estimulante para un niño”, pensaba el erudito mientras se dirigía hacia el muchacho.

- Salude al doctor, Su Alteza –le ordenó la secretaria severamente. Francis saludó a la visita con un apretón de manos.

Eso se parece más a un pez muerto que a una mano humana”, pensó Michel.

- ¿Podría caminar libremente por el Louvre con el príncipe?

- Este… sí, eso estaría bien –la secretaria aceptó de mala gana.

- Vámonos, Francis, vamos a caminar –Michel le ordenó al muchacho y un sirviente de la corte inmediatamente comenzó a seguirlos.

- Preferiría que pudiéramos caminar solos –el erudito le dijo. El niñero con pretensiones lo dudó por un momento y se preguntaba si debería abandonar su obligación, pero luego se fue.

- Pondré sobre aviso a los guardias –le informó.

- No cabe duda de que vives en una jaula dorada aquí –dijo Michel cuando estuvieron solos. Durante las horas siguientes, los dos deambularon por innumerables habitaciones con tesoros apasionantes y archivos de los reyes franceses de antaño. Francis se veía saludable y todo estaba allí, pero mentalmente, era débil y no tenía mucha energía. Después de la visita minuciosa, el vidente regresó a su hotel, en donde comenzó a trabajar inmediatamente en el horóscopo de Francis. A la mañana siguiente visitó al segundo hijo, Charles IX, de seis años, a pesar del ambiente aislado, era mucho más alegre. Nostradamus pidió permiso para caminar por los jardines de la corte con él, en donde estaban enjaulados pájaros tropicales y animales salvajes. Mientras pasaban por las jaulas, él estudiaba el comportamiento del niño. El muchachito arrojaba piedras a los animales y luego ponía la mano a través de los barrotes para tocarlos. Su acompañante debió retirarlo repetidamente.

Este no es muy inteligente”, pensó. No, Charles tampoco sería un buen rey. Cuando llegaron a la jaula del chimpancé, una visita inesperada de la reina los sorprendió.

- Doctor, tenía que verlo –Catalina lo aduló y sugirió que los tres tuvieran una ceremonia del té.

- Me habían informado de que usted apenas viene por aquí –Michel dijo mientras entraban.

- Tonterías, hay banquetes de estado, torneos y otros acontecimientos aquí regularmente. ¿Pero cómo va con el análisis?

- Es muy pronto para darle un informe, Su Majestad. Luego de un breve receso, la reina los dejó para ir a apoyar a su marido con la visita de estado del Príncipe Rudolph de Habsburg. En el cuarto día, el erudito estaba dando un paseo temprano por el Louvre y mirando la estructura deshilvanada del edificio, en el cual a los arquitectos, constructores y decoradores se les había permitido acometer durante siglos.

Tal vez lleve al siguiente niño afuera de los portones”, pensó, “así podrá ver un poco del mundo exterior finalmente.” Y se dirigió a la secretaria para proponer su plan.

- ¡Por supuesto que no! –La secretaria expresó con firmeza–. La seguridad de los niños es primordial.

- Pero aquí están consumiendo –explicó el médico–. Por lo menos permita que un niño le eche una mirada a la vida real. Sería muy bueno para su desarrollo.

La secretaria se comprometió y envió un mensaje a la pareja real, quienes se encontraban en alguna parte de París, y una hora más tarde, el